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lunes, 14 de noviembre de 2022

La Ley de Memoria Democrática (III) - El deber de memoria

En artículos anteriores hemos visto los aspectos generales de la Ley de Memoria Democrática y las políticas de verdad, justicia y reparación. Decíamos que esas políticas, que se corresponden con tres de las garantías que debe proteger el Estado ante violaciones masivas de derechos humanos, eran tres de las grandes patas de la ley. La cuarta pata es el denominado deber de memoria, que se superpone con la garantía de no repetición. 

El artículo 34 de la ley lo define como «medidas destinadas a evitar que las violaciones de derechos humanos que se produjeron durante el golpe de Estado, la Guerra y la Dictadura, puedan volver a repetirse» que se toman «con el objeto de preservar en la memoria colectiva los desastres de la guerra y de toda forma de totalitarismo». Estas medidas se despliegan en una serie de áreas.

 

Símbolos, elementos y actos contrarios a la memoria democrática

En cuanto a símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática, es otra de las áreas donde se engrosa lo previsto en la Ley de Memoria Histórica de 2007. Esta norma atribuía a las Administraciones la competencia de eliminar los símbolos y monumentos públicos que exaltaran el golpe, la guerra y la dictadura, y de anular ayudas o subvenciones a los propietarios privados que no retiraran los de sus edificios. Ahora, esta escasa regulación se amplía bastante.

Aumenta el número de elementos que se consideran contrarios a la memoria democrática: ya no son solo placas o insignias, sino también edificaciones, construcciones e incluso topónimos, nombres de calles o denominaciones de centros públicos. Además, ya no solo entran en este concepto los elementos que exalten el golpe, la guerra o la dictadura, sino también sus dirigentes, las organizaciones que sustentaban la dictadura y las unidades de colaboración con las potencias del Eje (1).

Todos estos elementos deben ser retirados salvo que sean menciones de «estricto recuerdo privado, sin exaltación» o cuando haya razones artísticas o arquitectónicas que aconsejen la conservación. Esta excepción, ya prevista en la LMH, se amplía aquí para definir qué se entiende exactamente por razones artísticas o arquitectónicas, y para ordenar que en ese caso se incorpore una mención para reinterpretar el objeto de acuerdo con la memoria democrática.

Vale, retiramos elementos, pero ¿cómo?

  • Si están en edificios públicos, las instituciones titulares de los mismos los retirarán o eliminarán, y comunicarán su ubicación (siempre en lugares donde no se exhiban al público ni sean representativos de la institución) al departamento estatal encargado de la memoria democrática.
  • Si están en edificios privados pero de uso público (se menciona específicamente los templos religiosos), los titulares de estos edificios deben retirarlos o eliminarlos.

 

La Administración General del Estado debe realizar un catálogo de elementos a retirar, actualizado anualmente. Si un elemento del catálogo no se elimina, la Administración competente inicia de oficio un procedimiento para ordenar su retirada. Si aun así el interesado no elimina el símbolo, se le pueden imponer multas coercitivas hasta que lo haga o incluso ejecutar la retirada a su costa. Este proceso está pensado para el caso de símbolos situados en edificios privados.

En cuanto a actos contrarios a la memoria democrática, se consideran como tales los actos que desacrediten, menosprecien o humillen a las víctimas y exalten el golpe, la guerra o la dictadura (así como a sus dirigentes, participantes en la represión y organizaciones de apoyo). Es interesante que la terminología empleada aquí es muy similar a la del delito de enaltecimiento del terrorismo.

Estos actos en principio no se prohíben, ya que están amparados por el derecho de reunión, pero sí se puede limitar si se realizan cerca de monumentos por las víctimas, lugares de memoria democrática, etc. Además, se prohíbe que los restos mortales de los dirigentes del golpe permanezcan inhumados en lugares preeminentes de acceso público que pueda favorecer esta clase de actos de exaltación. Gracias a esta norma, esta semana se ha retirado el cuerpo de Queipo de Llano de la Macarena de Sevilla.

 

Distinciones, condecoraciones y títulos

Las Administraciones deben revisar o retirar todos los reconocimientos, honores y distinciones que resulten manifiestamente incompatibles con los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales, que supongan exaltación o enaltecimiento del golpe, la guerra o la dictadura o que hubieran sido concedidas por haber formado parte del aparato represivo. En ejercicio de esta norma, el Ministerio de Trabajo retiró la semana pasada la Medalla al Mérito en el Trabajo de Franco y otros nueve prebostes franquistas.

También se anulan una treintena de títulos nobiliarios y grandezas de España. Igualmente, declara disuelta la Orden Imperial del Yugo y las Flechas, una corporación creada por los franquistas durante la guerra y que concedía la más alta distinción del Estado español. Dejó de funcionar tras la muerte de Franco, pero formalmente seguía existiendo.

 

Conocimiento y divulgación

Todas las acciones en materia de memoria democrática deben fomentar los valores democráticos y de convivencia y tener un componente pedagógico adecuado. Además, se 

  • Educación: el sistema educativo tendrá como fin el conocimiento de la historia y de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas. Por ello se actualizarán los currículos y se formará al profesorado.
  • Investigación: las instituciones públicas de investigación fomentarán la formación, docencia e investigación en materia de memoria democrática. En especial se impulsan las investigaciones sobre el exilio y la memoria democrática de las mujeres.
  • Administración General del Estado: se incluirán contenidos de memoria democrática en la formación continua y en los procesos de selección de los funcionarios de la AGE, en especial los que se relacionen con víctimas.
  • Divulgación, reconocimiento y reparación simbólica: acciones de difusión, de restablecimiento de la dignidad de la víctima, de creación cultural, etc.

 

Lugares de memoria democrática

Por último, están los lugares de memoria democrática. Un lugar de memoria democrática es «aquel espacio, inmueble, paraje o patrimonio cultural inmaterial o intangible en el que se han desarrollado hechos de singular relevancia por su significación histórica, simbólica o por su repercusión en la memoria colectiva». Para declarar un lugar de memoria democrática se prevé un procedimiento que incluye un trámite de información pública, así como la inscripción en un inventario estatal de consulta pública y gratuita.

¿Qué significa que un lugar sea de memoria democrática? Que, al margen de otros regímenes de protección que puedan corresponderle, las Administraciones deben garantizar su perdurabilidad, identificación, explicación y señalización; si los titulares son privados, estos objetivos se consiguen por medio de acuerdo o convenio.

Estos lugares «tienen una función conmemorativa, de homenaje, didáctica y reparadora», por lo que se establecen medios de difusión e interpretación de lo acaecido en el mismo (la propia ley menciona recursos, placas, paneles, etc.). Tendrán una identidad gráfica, se promocionarán por medio de itinerarios de memoria democrática y se integrarán en circuitos internacionales de lugares similares. Los más emblemáticos estarán geolocalizados en la web del departamento competente en materia de memoria democrática.

Hay dos lugares especiales que la propia ley menciona. Uno es el Valle de los Caídos, que cambia su nombre oficial a Valle de Cuelgamuros. Se habla de su resignificación, se prohíben los actos de exaltación (algo que ya hizo la LMH, con escaso éxito) y se extingue la Fundación de la Santa Cruz «por resultar incompatibles sus fines con los principios y valores constitucionales». En el futuro, el Valle se gestionará de la forma prevista por real decreto.

Las criptas adyacentes a la basílica pasan a considerarse cementerio civil, no católico. Solo pueden yacer allí los restos de personas fallecidas a consecuencia de la guerra, como lugar de reconocimiento a las víctimas: cualquier resto mortal que ocupe un lugar preeminente en el recinto (es decir, los de José Antonio Primo de Rivera) debe ser reubicado. Por último, los familiares de las víctimas allí enterradas pueden pedir la entrega de los restos.

En cuanto al Panteón de Hombres Ilustres, pasa a llamarse Panteón de España. Tiene por objetivo «mantener el recuerdo y proyección de los representantes de la historia de la democracia española, así como de aquellas personas que hayan destacado por sus excepcionales servicios a España».

 

Hasta aquí el deber de memoria, uno de los que más espacio ocupa en la ley. En el artículo siguiente veremos lo que queda: las asociaciones memorialistas, el régimen sancionador y algunas previsiones extra, como la disolución de fundaciones.

 

 

 

 

(1) Ya no más jueces diciendo que las calles que honran a la División Azul no son contrarias a la memoria histórica porque no exaltan una unidad militar franquista sino nazi.

 

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viernes, 4 de noviembre de 2022

#LeoAutorasOct - Mis lecturas de 2022

Otro año más, otro #LeoAutorasOct más. Lo que he leído este año ha sido: 

 

1. La voz de plata (Alba Quintas, 2020)

El joven Marco llega a la corte de Kublai Khan después de haber tenido un sueño profético que le ha dado una orden: nunca debe mentir al Khan. Y obedece. Así que el Khan le propone un trato: podrá quedarse en su imperio si le concede cinco noches, cinco noches cualesquiera en las que él le llamará y charlarán bajo el signo de la sinceridad absoluta.

 

Una bonita y emotiva historia corta sobre la relación que se establece entre Marco Polo y Kublai Khan. No hay más que lo que ve: las cinco noches que el Khan le pide al viajero, y los encuentros y desencuentros que se producen entre ellos durante las mismas.

El lenguaje es poético sin ser pesado. Se nota que la autora ha leído mucho a Jordi Sierra i Fabra, por el empleo de párrafos compuestos por una sola frase corta. Siempre es un recurso efectivo.

Se lee en un suspiro y lo deja a uno calentito por dentro (aunque creo que el final se alarga demasiado, pero esa es la única pega que le puedo sacar).

 

2. Matemos al tío (Rohan O’Grady, 2014)

El niño Barnaby Gaunt se va de vacaciones a una pequeña islita canadiense casi deshabitada. Buena comida, paseos y la compañía de su tío y tutor legal. Solo hay un pequeño problema: que Barnaby está seguro de que su tío lo quiere asesinar. Se lo cuenta a Christie, otra niña veraneante, que le da la solución: tienen que asesinar a su tío.

 

Estamos ante una novela perturbadora y a la vez divertida. Voy a decir que me esperaba otra cosa. Creía que el eje de la historia iba a ser la tensión entre las afirmaciones de Barnaby y la conducta del Tío. ¿Está Barnaby mintiendo o es de verdad el Tío un asesino? Sin embargo, en cuanto aparece el Tío en la historia y leemos un par de páginas desde su perspectiva nos queda claro: el Tío es un asesino y probablemente un pederasta y quiere matar tanto a Barnaby como, de propina a Christie. Entonces la angustia de la novela se desplaza a otro lado: a Barnaby intentando que los adultos le crean y topándose siempre con un muro de condescendencia. El asesinato es la única opción.

Vale, entonces ¿cuál es la parte divertida? Pues hay mucho humor (negro, claro) en el tono con el que se cuenta todo, en la estupidez honesta del agente Coulter, en la relación que se establece entre los niños y el puma Una Oreja (al que tratan como un peluche grande), en los desvaríos espiritistas de los Brooke o en el interés que tiene la señora Nielsen en que los niños coman bien. Una historia terrible se esconde en prosa ligera y entre las anécdotas cotidianas de un pueblo donde todo el mundo se conoce, y el resultado es, como he dicho, tan perturbador como divertido.

 

3. Palos y astillas (Elena Tejedor, 2021)

Relato humorístico breve que cuenta los amores (fructíferos, por desgracia) entre un licántropo y un hada.

Si está editado de forma independiente cuenta como lectura, creo. Son apenas 1.500 palabras, pero sale un olifante que muge y eso le añade calidad a cualquier historia.

 

4. Sucedió en una taberna 1: El camafeo (Celia Corral-Vázquez, 2020)

Todo puede suceder en la taberna El noble molinillo. Incluyendo que un misterioso tipo encapuchado coacciones al camarero nuevo (que es más tonto que una piedra) para robar cierto objeto…

Primer relato de la serie del Piratreon, de Celia Corral-Vázquez. Se trata de historias de piratas en un mundo steampunk, con mucho humor. Este relato es cortito pero ambienta bien el mundo, tiene un par de personajes interesantes y saca buenas carcajadas.

 

5. Trafalgar (Angélica Gorodischer, 2022)

Rosario, Argentina, años ’70. Trafalgar Medrano es un hombre de buena familia que se ha dedicado al comercio. Pero no comercia con la Tierra, sino que agarra una nave espacial a la que llama «el cacharro» y parte a comprar y vender en los planetas más absurdos. Luego, de vuelta a nuestro mundo, le cuenta sus aventuras a su amiga Angélica Gorodischer, que le escucha entre tazas de café. Aunque lo cierto es que no hay ninguna prueba de que Trafalgar haga esos viajes, por lo que también podría ser que fuera todo fabulación…

Ya reseñé esta obra en el #LeoAutorasOctde 2016 (¡el primerito que se hizo!), pero ahora he comprado el libro en físico y lo he releído o, más bien, redevorado. No le cambio una coma a lo que dije entonces. Qué bien escribía Gorodischer, leñe.

 

6. Verde (Anna Roldós, 2022)

Adam es una mecánica de naves espaciales a la cual un día le ordenan que se haga cargo de Jaf, un extraterrestre apasionado con la especie humana.

Una novelita corta de amor entre una humana y un extraterrestre. No suelo leer romántica, pero me ha gustado; tiene todo lo que uno esperaría de un libro de este género, es entretenido y funciona. El final me pareció un poco apresurado, pensado para enlaza con la segunda parte.

 

7. 999 pedazos (Isabel Pedrero, 2022)

Encerrar al Mal en un espejo y luego romper el espejo parecía mejor idea en teoría. Ahora el Mal anda disgregado en 999 pedazos y está buscando que alguien lo recomponga. Solo Medianoche, un hombre que claramente no es el adecuado para el trabajo, se está encargando de mantenerlos seguros.

Con este libro he tenido un problema de suspensión de la incredulidad. Hay demasiados fragmentos que aparecen en lugares donde realmente no tiene mucho sentido que estén (incluyendo sitios a donde solo pueden llegar tras un proceso industrial) y que solo se activan cuando conviene a la trama. Por otro lado, el uso de notas al pie de numeración aleatoria para contar un microrrelato cada vez que aparece la palabra «pedazo» es de las cosas más interesantes que he visto en mucho tiempo.

 

8. Anacronópete HispaCón 2022 (VV.AA., 2022)

Nanoantología repartida para las compras online de la HispaCón 2022. Consta de un relato original (en este caso uno de Emilia Pardo Bazán) y una serie de retellings. En este caso son tres retellings, uno en cada idioma cooficial y uno de cada género de los tres que promueve Pórtico.

Debo decir que esta nanoantología, al contrario que la del año pasado, no me ha gustado mucho. Quizás es que el relato original no da para demasiado (es muy corto), pero los retellings me parecen hechos con pocas ganas. Aun así, es maravilloso el impulso que le está dando Pórtico a las historias clásicas de fantasía, ciencia ficción y terror.

 

9. Las escritoras de Urras, año 2 (VV.AA., 2021)

Año 2 de la antología Las escritoras de Urras.

Las escritoras de Urras es un interesante proyecto transmedia que consiste en traer al lector/oyente español a toda clase de escritoras de fantasía, ciencia ficción y terror extranjeras, sea que necesiten traducción o sea que se las pueda publicar directamente en español. Funciona en forma de podcast y las escritoras participantes son remuneradas. Sacan con regularidad un crowdfunding para financiar el año siguiente, y la principal recompensa es el libro con los relatos del año anterior.

Las escritoras de Urras, año 2 es una antología de relatos de calidad en general muy alta. Mis favoritos son:

  • El Fenghuan: la relación de dos chicas en un pabellón de enfermedades raras (raras nivel «la protagonista a veces arde y resucita»).
  • Los últimos: en un contexto que recuerda a la era vikinga, la única agua que es posible beber es la que se contiene en icebergs inteligentes, que deben ser cazados y remolcados. El cazador de icebergs del pueblo ha muerto y solo quedan dos aprendices inexpertos.
  • Más que simple acero: en un futuro en que todos los adultos han muerto, un adolescente intenta sacar adelante una colectividad compuesta por niños.
  • Las alas de mi hermana son rojas: los Imago vinieron, declararon que los humanos nos hemos atascado en la evolución y la adelantaron por la fuerza. Ahora somos una especie de pseudo-abejas, pero los más viejos aún recuerdan el mundo que había antes. Olive, una pinche de cocina cuya hermana ha salido de la crisálida con las alas rojas que la marcan como futura reina, siente unos celos terribles…

 

10. Historia de Rodrigo (Almijara Barbero Carvajal, 2022)

Rodrigo Díaz de Vivar ha matado a Sancho y debe, por ello, ser desterrado. Pero después de que Urraca, emperatriz de las Españas, pronuncie la sentencia, el futuro Cid Campeador asciende a los cielos y desaparece. Cuando vuelve a bajar, y aunque para él apenas han transcurrido unas pocas horas, descubre que en la superficie han pasado ocho años. Ocho años en los que la situación se ha deteriorado muchísimo. Por suerte, el héroe vuelve a estar disponible…

 

Segundo libro de la saga de Rodrigo, tras Las mocedades de Rodrigo. Me resulta difícil reseñar esta historia, porque creo que es la mejor novela de género escrita en 2022, pero voy a intentarlo. La autora nos lleva de la mano por el siglo XI o, más bien, por una versión del siglo XI sólidamente asentada en hechos reales pero libremente modificada para que sea más divertida y más queer que la original. Estamos en un mundo donde Jimena no se enamora de Rodrigo sino de Urraca, donde los reinos de taifas han conseguido inventar el bazooka y donde las advocaciones de María son todas seres diferentes y con sus propios objetivos.

En Historia de Rodrigo resulta que Rodrigo es el personaje menos importante. Mientras él intenta asumir que ha perdido ocho años de su vida, la narradora se lanza a contarnos lo que ha ocurrido en ese tiempo: asedios, traiciones, alianzas y divisiones entre las taifas, mensajes secretos e intrigas dentro de intrigas. Vemos, como en una moviola, cómo evolucionan los personajes durante ocho años, cómo la emir de Sevilla pasa de ser una gobernante poderosa a un manojo de nervios comida por el insomnio y la culpa, y cómo Alfonso busca a Rodrigo de forma desesperada.

El libro está escrito en un lenguaje deliberadamente arcaizante, con frases largas, cultismos y un control absoluto del estilo. Este efecto contrasta con la presencia constante, sobre todo hacia el final de la obra, de chistes tontos, juegos de palabras e incluso memes, de una forma muy parecida a como lo hace Tamsyn Muir. Pero Tamsyn Muir, con toda mi admiración hacia ella, no podría haber escrito nunca la escena del juicio entre advocaciones marianas.

Y aún no ha hablado del tanque elefante ni de la Hueste del Hacha.

 

11. Las alas del mal (Rocío Galeote, 2022)

En Beaufort desaparecen niños. Son siempre desapariciones inexplicables, sin pistas ni testigos. Pero ahora es Payton, la hija de una de las inspectoras locales de policía, quien ha desaparecido, y lo ha hecho en una calle concurrida. Ahora es personal.

 

Me ha costado ponerle nota a este libro. Al principio no me estaba gustando demasiado: personajes planos, acciones que no tienen sentido, una protagonista más bien insoportable… Se nota muchísimo que es la primera obra larga de la autora.

Sin embargo, me ha merecido la pena leerlo. Lo que intenta hacer es muy original: una historia clásica de hadas que secuestran niños, pero ambientada en el mundo moderno, por lo que enseguida se convierte en un thriller. Y, como thriller, tiene todo lo que se le puede pedir: acción a raudales, puntos de vista múltiples, jerga policial, criminales inteligentes que tienen en jaque a todo un departamento, giritos finales y todo lo demás. Me mata un poco lo fácil que se recurre a la tortura en cuanto se llega a la conclusión de que las sospechosas no son humanas, pero supongo que es cosa del género.

 

12. Historias de Xuya (Aliette de Bodard, 2022)

Dos novelas cortas ambientadas en el universo de Xuya. En La maestra del té y la detective, una nave mental que se dedica a preparar infusiones para hacer más llevaderos los viajes espaciales es reclutada como ayudante de una extraña detective. En Siete de infinitos la preceptora de una joven erudita (una mujer con pasado criminal) descubre un cadáver en la casa que comparte con su alumna; una nave mental que tampoco tiene el pasado limpio le ayudará a descubrir el asesinato. 

Ya hablé de Aliette de Bodard en el #LeoAutorasOct de 2018. Entonces leí su antología El ciclo de Xuya y su novela corta En una estación roja, a la deriva, ambas editadas por la hoy desaparecida Fata Libelli. Entonces dije que la novela corta me había gustado más que el libro de relatos. Tras leer Historias de Xuya, me reafirmo: Aliette de Bodard me gusta mucho más en las distancias medias que en las cortas.

Xuya es un universo donde fue China, y no Castilla, quien llegó a América. Sin embargo, las historias están ambientadas siglos en el futuro, en una época de hábitats espaciales, naves mentales (mentes gestadas en vientres humanos que son capaces de controlar naves) y bots. Los dirigentes de la sociedad se denominan eruditos y acceden a sus puestos por medio de exámenes, como en la China imperial. Las naves mentales, que son sujetos de derecho igual que los seres humanos, se proyectan en los diferentes hábitats por medio de hologramas y de bots.

Pus bien, en este contexto, Aliette de Bodard hace una de las cosas que más le gusta: meter investigaciones de asesinato. Y, para rizar más el rizo, ambas son reinterpretaciones de historias policíacas clásicas. La maestra del té y la detective es una historia holmesiana. Nuestro Watson es un superviviente de guerra (como el de Doyle) que prepara infusiones para ayudar a sobrellevar el viaje estelar: nuestro Holmes la contacta porque quiere mantener intacta su capacidad analítica mientras viaja.

Siete de infinitos, por su parte, es una historia de ladrones y estafadores, tipo Arsene Lupin. La protagonista es ayudada por una nave mental que es la antigua jefa de un grupo de ladrones de guante blanco. Está retirada, pero se aburre, y la aparición de un cadáver en la casa de su amiga será la excusa perfecta para volver a las andadas.

Me gustó más la segunda que la primera. Puede ser que influyera el hecho de que la primera la leí más a salto de mata, sin poder centrarme en la lectura. Además, y hubo una cosa que me sacó bastante, no está en primera persona: nuestro Watson es solo personaje, no narrador. Aun así me pareció muy buena. Y la segunda, que es la más larga, es excelente tanto en forma como en fondo.

 

13. El verde de los zombis (Covadonga Ballestero, 2022)

Violeta es una youtuber mediocre y sin amigos, Carol es una chavala de barrio con la mecha muy corta, Marina es una k-poper con problemas de alimentación y Sara (que es amiga de Carol y hermana de Marina) es una gótica ambiciosa y depresiva. Cuando vienen los zombis, las cuatro se quedan encerradas en el estudio de una radio universitaria. Y eso no es lo peor: con ellas está un señoro de marca mayor.

Compré esta novela motivado por el discurso de venta que me echó la autora en la HispaCón: vale, fuera hay zombis, pero dentro hay un señoro, y no sabemos qué es peor. Lo que me encontré cuando la abrí fue una gamberrada de novela, donde cuatro chicas jóvenes y con pocas capacidades reales tienen que gestionar un brote de algo que se parece demasiado a una plaga zombi.

Me ha gustado mucho la construcción de los personajes protagonistas: Violeta, Carol, Marina y Sara son creíbles, con voces diferenciadas y sumamente desastrosas, como corresponde a cuatro chicas jóvenes. Se pillan de tíos gilipollas, tienen adicciones diversas, chocan entre sí, superan los choques, tienen movidas con sus padres y, a pesar de su juventud, todas ellas tienen varios problemas graves de solución más bien difícil.

En contraposición, el personaje de Eugenio (doble doctor, católico hasta la médula y señoro de manual) no me ha gustado demasiado. Está tan pensado para ser odiado que no tiene ninguna profundidad ni verosimilitud. Su personalidad se basa en un topicazo y sus intervenciones aburren y fastidian más que indignan. Lo cual, sospecho, no ha sido la intención de la autora.

A pesar de ser una cosa tan macarra, se agradece el tono realista. Los zombis son en realidad víctimas de una droga (es decir, humanos vivos pero completamente enajenados), la gente no consigue armas con facilidad, recuperar el control no es tan complicado… Al final, el muerto viviente animado por un virus ya está bastante pasado, y hay que empezar a modificar el concepto. 

Por último, y en la parte negativa, se nota que es una primera novela. Las escenas grupales (sobre todo los diálogos) se embarullan demasiado, se salta de narrador con mucha frecuencia, el ritmo podría mejorarse (en el último tercio empiezan a aparecer personajes nuevos), a veces la autora se olvida de que está narrando en presente y cambia al pasado, etc. Pero el fondo compensa la forma.

 

14. No soy tu casa (Rocío Remesal, 2022)

Bea tiene que mudarse a la ciudad para estudiar, y su tía le hace una oferta irrechazable: le cederá para que viva el antiguo piso de sus abuelos, cuya reforma encima pagará. Bea acepta, por supuesto. Pero puede que el piso tenga otras ideas…

Excelente novela corta de terror, ganadora del Domingo Santos de novela de este año. Las partes de los obreros se hacen un poco repetitivas, pero lo compensa con el desarrollo de las relaciones de Bea con sus vecinos y, sobre todo, con el final de la historia. Porque, como en otras historias de terror, es probable que lo que mas miedo dé no sea precisamente el monstruo.

 

15. Las manzanas (Agatha Christie, 1969)

La escritora Ariadne Oliver asiste a una fiesta de Halloween con distintas diversiones: un cubo lleno de agua para recoger manzanas con la boca, espejos para que las chicas vean el rostro de su futuro marido, una ponchera en llamas en la que hay que meter la mano para sacar pasas y otros dulces… Durante la preparación, una joven con fama de mentirosa dice que ella una vez presenció un crimen, pero nadie la cree. Sin embargo, debe de ser verdad: apenas unas horas después, durante la fiesta, alguien la asesina sumergiéndole la cabeza en el cubo de las manzanas.

Novela de Agatha Christie protagonizada por Poirot, aunque Ariadne Oliver tiene un papel menor. La he leído porque parece ser que es la siguiente que va a elegir Kenneth Brannagh para adaptar (aunque va a sacar la acción de un tranquilo pueblo británico y se la va a llevar a Venecia), y no es la que más me ha gustado de la autora. 

La clave para resolver el misterio es muy buena, uno de estos casos de «estaba delante de tus narices todo este tiempo y no te diste cuenta», pero el libro en sí es un poco aburrido, con Poirot dándole vueltas y vueltas a las mismas pistas. Además, los motivos del criminal son poco creíbles, y el girito final no aporta nada. La traducción es horrorosa, como siempre en las historias de la autora. Sin embargo, a pesar de todas esas pegas, hay algo muy interesante en el tipo de misterio y en la forma de resolverlo.

 

16. La señora McGinty ha muerto (Agatha Christie, 1952)

Una limpiadora completamente inofensiva ha sido asesinada de manera brutal y todas las pruebas apuntan a su inquilino, que ha recibido una condena a muerte. Pero el policía que investigó el caso no cree que haya sido él, y acude a Poirot para que lo investigue.

Novela de Agatha Christie protagonizada por Poirot, aunque Ariadne Oliver tiene un papel menor. Es anterior a Las manzanas, en la cual hay referencias a esta. Me ha gustado también mucho más. La intriga es más sólida y la novela es más entretenida. Es de las novelas postbélicas y se aplica el mismo recurso dramático que la autora empleó en otras de la misma época (como Pleamares de la vida o Se anuncia un asesinato): en la guerra ha habido tanta movilidad y se han destruido tantos documentos que ya nadie conoce a sus vecinos y cualquiera puede inventarse una vida y un pasado.

 

 

 

 

Y hasta aquí mi #LeoAutorasOct de este año. Será por los entornos en los que me muevo, pero en 2022 (siete años después de la primera edición) he visto mucho menos movimiento en redes en torno a esta iniciativa. Creo que eso es bueno, porque significa que leemos a más mujeres en general.

 

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jueves, 27 de octubre de 2022

La Ley de Memoria Democrática (II) - Verdad, justicia y reparación

Las políticas de memoria democrática son el verdadero núcleo de la nueva ley, de la cual ocupan más de la mitad del texto. Al contrario que la antigua LMH; que tenía como objetivo principal reconocer y apoyar a las víctimas del franquismo, esta quiere impulsar la memoria democrática, es decir, ese «conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España» que veíamos en el artículo anterior. 

La memoria democrática será tarea de la Administración General del Estado, que deberá tener un departamento dedicado a este asunto. Las actuaciones de la AGE en esta materia se articulan en un Plan cuatrienal aprobado por el Gobierno. En cuanto a las actuaciones de las Administraciones autonómicas, la ley no las regula al detalle, pero sí crea un Consejo para coordinarlas entre sí y con las del Estado.

En cuanto a las políticas de memoria, se articulan por medio de la tríada «verdad, justicia y reparación». Estas tres exigencias se aplican en casos de violaciones masivas de derechos humanos, como fueron en España el golpe, la guerra y la posterior dictadura. Además, hay un cuarto eje, el deber de memoria, que veremos en el artículo siguiente, y que es donde están cuestiones como la retirada de símbolos o la anulación de títulos.

 

Verdad

El derecho a la verdad es aquel que tienen tanto las víctimas como sus familiares y la sociedad en general a conocer todos los hechos que rodean las violaciones de derechos humanos de la dictadura, incluyendo la suerte que corrió la víctima y el paradero actual de su cuerpo. Para ello, la Administración General del Estado impulsará la investigación histórica.

Aquí la ley hace algo interesante: cita el artículo 44.2 de la Constitución (obligación de los poderes públicos de impulsar la investigación en beneficio del interés general) para ordenar que se tenga en cuenta «el papel esencial que desempeña el debate histórico para la formación de una conciencia histórica adecuada a la dignidad de los ciudadanos de una sociedad libre y democrática». Pero esto en ningún caso constituye el establecimiento de una verdad oficial que no pueda ser cuestionada, pues también se reconoce la «incertidumbre consustancial» al debate histórico, que permite formular distintas hipótesis o conjeturas.

En la práctica, el derecho a la verdad se despliega en dos clases de actuaciones. Por un lado, está el tema de la localización de personas desaparecidas. El asunto de las fosas comunes es de lo que más gente mueve en estas materias, porque muchas personas quieren saber qué fue de sus familiares. Con la LMH, la iniciativa era de las asociaciones de víctimas y el Estado prestaba ayuda. Ahora es al contrario: la búsqueda de personas desaparecidas durante la guerra y la dictadura corresponde a la Administración General del Estado (1). La importancia que tiene esto a nivel de memoria democrática es tremenda.

La búsqueda debe hacerse de forma gradual, y el departamento competente en materia de memoria democrática debe publicar los datos de exhumación anual. La herramienta más importante es un mapa integrado de localización de personas desaparecidas, elaborado por la Administración. Las zonas incluida en dicho mapa tendrán protección, para que no se construya en lugares donde puede haber restos.

La ley regula también el procedimiento administrativo por el que se conceden autorizaciones para exhumar e identificar a personas, que en la LMH quedaba mucho más en el aire. Pueden iniciarlo tanto los familiares de las víctimas como las asociaciones memorialistas, a las que esta ley intenta en todo momento amparar y proteger. Una vez concedida la autorización, está el problema de qué hacer si los restos se encuentran en un terreno privado cuyo dueño no permite la entrada. Aquí la ley no innova y casi copia la solución de la LMH: se entiende que la localización, exhumación e identificación de los restos es un fin de utilidad pública, lo que permite a la Administración ocupar temporalmente el terreno (dando a cambio una indemnización).

Si la intervención tiene éxito (es decir, si se hallan restos humanos), esta circunstancia se pone en conocimiento de las autoridades competentes. Es necesaria autorización administrativa para trasladar los restos. Las Administraciones tienen también competencias relevantes: realizar estudios forenses y genéticos, inhumar en el cementerio los restos no reclamados, promover inscripciones de fallecimiento, restituir restos a sus familiares, etc.

Por último, se crea el Banco Estatal de ADN de Víctimas de la Guerra y la Dictadura, para almacenar los perfiles genéticos de las víctimas (incluyendo bebés robados) y sus familiares, con el fin de poder realizar tareas de comparación genética. La aportación de muestras biológicas al Banco será gratuita y voluntaria.

El derecho a la verdad también se ejerce por medio de la investigación, que se articula en torno al Centro Documental de la Memoria Histórica, una entidad creada en 2007 por la LMH. Este centro debe custodiar, mantener y difundir los fondos y otros bienes muebles incluidos en el Archivo General de la Guerra Civil, y también reunir los documentos, testimonios orales y otros bienes relativos al franquismo. Sus fondos se integran en la Red de Bibliotecas de los Archivos Estatales y en la Red Digital de Colecciones de Museos de España, dependiendo de si son bibliográficos o museísticos.

La ley regula también la adquisición y digitalización de documentos referidos al golpe, la guerra y la dictadura y el derecho de acceso y consulta a dichos documentos (que es libre, gratuito y universal).

 

Justicia

La pata de la justicia es la más débil de las tres, porque todos los responsables están muertos. El artículo 2 de la ley declara como imprescriptibles y no amnistiables los crímenes de guerra, de lesa humanidad, genocidio y tortura, pero aun así hay toda clase de problemas prácticos y jurídicos para perseguirlos.

Así que en este apartado lo que se limita a hacer la ley es garantizar el derecho a la investigación de las violaciones de derechos humanos entre 1936 y 1978. Para ello se crea un Fiscal de Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática, con competencia para investigar violaciones de derechos humanos (incluyendo las franquistas) y para impulsar las búsquedas de víctimas.

Además, y esto es lo más interesante, se recupera la figura del expediente de perpetua memoria, que era un procedimiento de jurisdicción voluntaria que permitía documentar declaraciones testificales con el fin de usarlas en un proceso posterior (prueba preconstituida) o solo para dejar constancia de las mismas. Este proceso se eliminó en 2015, pero se vuelve a poner en vigor ahora, denominado declaración judicial sobre hechos pasados. Se aplica cuando el interesado quiera obtener una declaración judicial sobre «la realidad y las circunstancias de hechos pasados determinados».

 

Reparación

Las medidas de reparación son la razón por la que la memoria democrática suscita una oposición tan virulenta. La verdad y la justicia están muy bien, pero cuando nos vamos a la parte económica, resulta que tras la guerra hubo mucha gente que se enriqueció a costa de los numerosos empresarios, propietarios y profesionales que apoyaban a la república. Los hijos y nietos de estos ladrones, como es natural, no están muy por la labor de que se investigue el origen de la fortuna familiar ni de que se les fuerce a restituir lo robado.

Esta ley hace un intento tímido en este sentido. Reconoce el derecho a la reparación integral por parte del Estado. Más en concreto, se habla de tres casos:

  • Bienes incautados y sanciones económicas producidas por razones políticas. El Estado debe investigar estos casos y hacer, en el plazo de un año una auditoría de bienes expoliados y de sanciones impuestas. Una vez hecho eso, se implementarán vías de reconocimiento a los afectados.
  • Trabajos forzados: el Estado impulsará medidas para reconocer y reparar a quienes sufrieron trabajos forzados y se señalizarán los lugares relacionados con los mismos.
  • Brigadas Internacionales: los voluntarios de las mismas pueden adquirir la nacionalidad española sin renunciar a la propia. También se reconoce a los descendientes de los brigadistas que acrediten una labor continuada de difusión de la memoria de sus ascendientes y la defensa de la democracia en España.

 

Como vemos, se trata de medidas muy poco concretas y que en ningún caso permiten demandar a los responsables del expolio.

 

 

Hasta aquí tres de las cuatro grandes áreas de medidas de la LMD. Como vemos, todo está aún en un estadio muy provisional: hacer registros, censos, archivos y bases de datos, para ver cómo trabajamos a partir de ahí. Es un comienzo, pero es un comienzo que debería llevar 30 años hecho. En el artículo siguiente analizaremos el cuarto bloque de medidas y diremos unas palabras sobre las asociaciones memorialistas y el régimen sancionador.

 

 

 


(1) Aunque, por supuesto, los particulares pueden seguir buscando y cuentan con el apoyo del Estado.


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viernes, 21 de octubre de 2022

La Ley de Memoria Democrática (I) - Planteamiento

Se ha publicado la Ley de Memoria Democrática (LMD), que entrará en vigor esta misma semana. Igual que hicimos el mes pasado con la Ley de Libertad Sexual, vamos a dedicar una serie de artículos a analizarla.

En España, la dictadura impuso una política oficial de silencio sobre los muertos y atrocidades de la guerra civil y la inmediata posguerra. Los actos cometidos por las fuerzas republicanas sí fueron investigados y enjuiciados, pero los realizados a manos de las tropas rebeldes quedaron en la más absoluta impunidad. Hubo que esperar a 2007 para que el Gobierno de Zapatero promulgase la llamada «ley de memoria histórica», aunque su título real mostraba más cuál era la pretensión real de la norma: «ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura».

La orientación de la LMH, como deja claro su título, era esencialmente privada. Sí, tenía avances como declarar la «ilegitimidad» de ciertos tribunales y condenas franquistas (artículo 3), pero lo hacía como un instrumento para la finalidad básica de la ley, proteger «el derecho de todos los ciudadanos a la reparación moral y a la recuperación de su memoria personal y familiar» (artículo 2). En consonancia con este objetivo, la primera medida de esta ley de 2007 es reconocer a las víctimas de estas actuaciones franquistas el derecho a obtener una declaración de reparación y reconocimiento personal, por parte del Ministerio de Justicia, que no tiene efectos económicos (artículo 4).

Los siguientes artículos de la LMH se dedicaban a prestaciones económicas y no era hasta el artículo 11 que se empezaba a hablar de exhumación de fosas comunes. En estas, el Estado quedaba en una posición secundaria, de colaboración con los familiares de las víctimas, que son quienes deben asumir la iniciativa. A partir de ahí venían una serie de medidas (retirada de monumentos franquistas, prohibición de actos de exaltación de la dictadura en el Valle de los Caídos, concesión de la nacionalidad a ciertos colectivos, acceso a documentos públicos) que difícilmente se puede decir que formen un cuerpo coherente de protección de la memoria histórica. De hecho, la expresión «memoria histórica» solo aparece en uno de los artículos de la ley, el 20, que regula la creación de un Centro Documental de la Memoria Histórica.

Esta ley ya era insuficiente cuando se aprobó, pero era un avance. Ahora se ha aprobado una nueva ley que, aunque también tiene fallos, sigue posiblemente la línea de lo que debería llevar treinta años en vigor. Vamos a ver de qué va.

 

Principios generales

El objetivo de la ley ya es muy distinto que la vieja Ley de Memoria Histórica. La ley tiene dos finalidades: por un lado «la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades» y por otra «el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual» entre el golpe de Estado de 1936 y la entrada en vigor de la Constitución. Vaya, que ya el objetivo no es solo la protección de las víctimas (aunque se sigue mencionando el derecho de estas a la reparación moral y a la recuperación de la memoria), sino también la promoción de la memoria democrática.

El propio artículo 1 realiza una declaración que es importante, tanto a nivel simbólico como porque es fundamento de todo lo que viene luego. Va más allá de esa tibia declaración de ilegitimidad que realizaba la LMH y dice lo siguiente:


«Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar (…)».

 

Las víctimas

Para estar tan centrada en las víctimas, la Ley de Memoria Histórica no definía de manera precisa quién era una víctima. Esta sí lo hace: cualquier persona que haya sufrido daño (físico, moral, psicológico, patrimonial o menoscabo de sus derechos fundamentales) como consecuencia de acciones que violen las normas internacionales de derechos humanos, con independencia de que se sepa o no quién es el autor de los hechos.

Después de esta declaración general se reconocen hasta 13 categorías de víctimas: muertos y desaparecidos, presos y torturados, internados en campos de concentración (incluyendo los deportados a campos nazis), exiliados, represaliados económicos, represaliados por razón de identidad de género u orientación sexual, depurados de la Administración, niños robados, maquis, masones, miembros de la UMD, represaliados por usar su idioma, etc. También se amplía la categoría a los familiares de estas personas.

Asimismo, se reconocen ciertas víctimas colectivas (partidos, sindicatos, instituciones de autogobierno, asociaciones feministas, instituciones educativas), e incluso se incluye en el concepto a «las comunidades, las lenguas y las culturas vasca, catalana y gallega en sus ámbitos territoriales lingüísticos, cuyos hablantes fueron perseguidos por hacer uso de estas».

Una vez definidas las víctimas, se toman ciertas medidas concretas:

  • Reconocimiento de la ilegalidad y nulidad de todas las condenas y sanciones producidas por razones políticas o ideológicas durante la guerra y la dictadura: se incluye la pertenencia a partidos, sindicatos, organizaciones, movimiento feminista o logias masónicas y el ejercicio de conductas relacionadas con opciones lingüísticas, de género o de orientación sexual. Esta norma es muy importante, porque no se limita a declarar una ilegitimidad sin contenido: se declara la nulidad de estas sanciones. Nulidad es un término jurídico preciso, que significa inexistencia. De forma sobrevenida, esta clase de condenas y sanciones nunca han existido ni han desplegado efecto lícito alguno.
  • Reconocimiento de la injusticia del exilio y otras formas de violencia personal.
  • Reconocimiento de la política de persecución y represión contra otras lenguas españolas (incluyendo la occitana y la asturiana).
  • Ilegalidad de los órganos franquistas dedicados a la represión política y nulidad de sus condenas y sanciones. Este artículo está casi copiado del homólogo de la LMH, pero, de nuevo, donde esta norma se limitaba a hablar de ilegitimidad, la LMD declara ilegalidades y nulidades.
  • Declaración de reconocimiento y reparación personal. Este mecanismo, previsto en la LMH, se mantiene en la LMD, pero concretando su regulación. No cambia tampoco el hecho de que se trata de un reconocimiento simbólico: no sirve de base para reclamar la responsabilidad patrimonial del Estado o de particulares ni da lugar a indemnización.
  • Se declaran el día de homenaje a las víctimas del golpe, la guerra y la dictadura (31 de octubre) y el de homenaje a las víctimas del exilio (8 de mayo).
  • Habrá un registro de víctimas, que recabará datos de oficio. A partir de este registro, se elaborará un censo de las víctimas de la guerra y la dictadura, que solo podrá incluir personas vivas cuando estas consientan.

 

Hemos estudiado los principios básicos de la Ley de Memoria Democrática y la regulación de las víctimas. En el artículo siguiente analizaremos el Título II, que regula las políticas de memoria democrática y que es el verdadero núcleo de la ley: cuenta con 45 de los 66 artículos de esta ley.

 

 

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sábado, 15 de octubre de 2022

Organizar HispaCones sigue siendo importante

Parece mentira, pero ya ha pasado casi un año. ¿Desde qué? Desde que publiqué (solo para mecenas) un artículo denominado «La importancia de organizar HispaCones». En ese momento acababa de terminar la HispaCón 2021, la segunda que se celebró online, y yo había sido parte de la misma. En el artículo me lamentaba de algunas cosas que salieron mal, me enorgullecía de otras que salieron bien, hablaba de lo que estaba aprendiendo a coordinar eventos y decía:


El año que viene la HispaCón es en Galicia. Se supone que, de una vez, lo organiza el grupo local de allí, pero, como es lógico, acabarán tirando del voluntariado, que para eso está.  (…)

Creo que tengo ganas.

 

Cuatro días después de publicar ese artículo, me estaban liando para organizar la HispaCón 2022. O, más bien, yo me estaba dejando liar, que aquí nada de presentarse como una víctima inocente: yo soy colaborador entusiasta de mi propio masoquismo. Y así me he pasado once meses: reuniones quincenales, decisiones, discusiones importantes (y absurdas) y un equipo que no dejaba de crecer para atender a una convención que se iba volviendo inabarcable. Y, sin embargo, al final pudimos con ella.

La HispaCón 2022 se ha celebrado en Ferrol, del 7 al 9 de octubre de 2022. Había tres sedes: el Centro Torrente Ballester (sede principal), el Antiguo Hospicio (sección lúdica e HispaKids) y el Teatro Jofre (en el que se produjo la grabación con público de un episodio del podcast Misterios y Cubatas). Además, una colaboración con los bares de la ciudad permitió ofrecer el AtraCón: una tarjeta que podías sellar con cada consumición y que te permitía entrar en un sorteo.

Más de 300 asistentes llenaron todos esos espacios durante los tres días de la convención. Este número parece pequeño, pero yo estoy orgulloso de él. La HispaCón, en los últimos años, era una convención pequeña y con poca sangre nueva, en la que las charlas giraban en torno a los mismos temas de siempre y que traía a pocos autores de renombre. Observando el histórico, se ve que desde 2006 venían pocos invitados de honor potentes, tanto nacionales como, sobre todo, extranjeros (1). Este año, sin embargo, el plantel de invitados de honor contaba con nombres muy interesantes: Claire North, H.M. Zubieta, Jo Walton, Jesús Cañadas, Ada Palmer…

Además, se han ofrecido una serie de actividades innovadoras, que espero que se mantengan en ediciones sucesivas. En primer lugar, la HispaKids, toda una HispaCón paralela ofrecida para asistentes de 4 a 12 años, que permite a sus progenitores conciliar. Que uno pueda asistir a los actos «para adultos» (feria editorial, charlas) con la seguridad de que su prole estará bien atendida por profesionales es algo que no ha habido nunca en la HispaCón y que merece la pena conservar para el futuro.

También se ha dado carta de naturaleza a los juegos de rol y mesa, que siempre han cabido en la HispaCón pero que ahora tenían un espacio propio. Se han realizado charlas de formato «raro» (una jam session, una pelea de gallos, un concurso de microrrelatos in situ). Se ha presentado la exposición «Brontë, Shakespeare y otros frikis», que explica que muchas grandes obras de la literatura son de género fantástico. Se ha abierto concurso público para que la gente pudiera proponer sus propias charlas (2). Se ha organizado un punto violeta. Se ha mantenido la feria virtual, en la que participaron aquellas editoriales que no pudieron o quisieron venir físicamente a Ferrol. Y así sucesivamente.

Creo que esta HispaCón, la primera enteramente presencial tras dos años de pandemia, va a suponer un punto de inflexión. Lo creo y lo espero. Por desgracia no puedo estar seguro, porque la principal ventaja de la HispaCón es también su principal debilidad: es rotatoria. Cada año se organiza en un sitio distinto y, lo más importante, la organiza un grupo de personas distinto. La responsable nominal es Pórtico, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, pero materialmente es un grupo local quien la monta. Eso quiere decir que cada HispaCón es un poco de su padre y de su madre: las hay mejor y peor organizadas, las hay más o menos interesadas en ciertos temas, etc.

Esta variabilidad le da encanto y permite que cada HispaCón tenga un sabor único, pero, a la vez, dificulta tener expectativas. Que una HispaCón haya ido muy bien (o muy mal) no permite suponer que la siguiente vaya a ir muy bien (o muy mal). Además, impide una de las cosas que a mi parecer son más importantes de estos eventos: conectar con la ciudad donde se hacen, aprenderse sus alojamientos, bares, restaurantes y hoteles. Saber dónde se cena bien, qué pensión evitar y en qué bares está la fiesta nocturna. Este trasfondo compartido no existe en la HispaCón, y es una pena.

Sin embargo, la razón por la que creo que Ferrol’22 va a ser un punto de inflexión es porque parece que Pórtico ha asumido por fin que la HispaCón es su buque insignia. La HispaCón es autónoma, pero no puede quedar desconectada de la Junta de Pórtico. Así, en la convocatoria que se hizo este año para la HispaCón 2024, por primera vez se redactó un pliego de condiciones que hace obligatorio invitar a un autor de renombre internacional o reservar cierto número de horas para charlas propuestas por la comunidad. El objetivo es encontrar un punto medio entre la autonomía del grupo local y la recognoscibilidad del evento. Cada edición anual tiene que tener su sabor, sí, pero también tiene que ser reconocible como una HispaCón. Esto, no cabe duda, es dificilísimo.

Esta transición está directamente relacionada con el crecimiento del evento. Por eso me parece tan importante que a esta HispaCón hayan asistido más de 300 personas o que las entradas de la cena de gala de los Ignotus se agotaran tan rápido (otros años parece que no fue así). Porque mucha gente nueva significa, con toda probabilidad, mucha gente joven nueva. Es raro que alguien de más de 40 años se incorpore al fandom y empiece a asistir a convenciones: no lo es que lo haga alguien que este en sus ’20 o, incluso, en su adolescencia. Y creedme, queremos gente joven en las HispaCones.

Esto ya no va solo del manido debate millennials contra boomers (noticias frescas, chicos: los millennials más jóvenes están en torno a los 30 años y les duele ya la espalda), aunque algo de eso hay. Queremos captar gente joven porque es ella la que encarna las nuevas tendencias en la literatura de género. La literatura infantil y juvenil es la droga de entrada a la fantasía, la ciencia ficción y el terror, y las nuevas generaciones vienen muy sólidamente alimentadas con todo eso. La consumen y también la producen. Queremos eso en nuestras convenciones, para que no vuelvan a ser un reducto de veteranos hablando de los temas de siempre.

Pero es que, aparte de eso, hay dos cosas que se necesitan con urgencia en la organización de convenciones y que resulta que la gente joven tiene en abundancia: tiempo y ganas. Según vas cumpliendo años, organizar eventos de estos empieza a ser cada vez más difícil: tu trabajo o negocio es más exigente, tienes relaciones estables, te reproduces, adquieres otras aficiones… El tiempo desaparece y la ilusión se te gasta. Y creedme cuando os digo que, sin tiempo y sin ganas, las actividades no salen adelante.

¿Queréis una prueba? El voluntariado de Ferrol’22. Un conjunto de 29 personas que son quienes han hecho posible la HispaCón. Han estado en recepción, aguantando el tirón cuando los organizadores estábamos apagando fuegos en otros lados. Se han comido horas de charlas, asegurándose de que todo funcionaba correctamente. Han montado y desmontado, y supervisado la sección lúdica, y vendido libros de Pórtico y resuelto dudas y se han ayudado entre ellas para que el evento saliera mejor. Todo ello gratis, por puro amor al arte.

Y ¿sabéis cuál era el perfil del voluntario? Se trataba de mujeres (en un abrumador 86%) en su veintena o en los primeros años de la treintena. Las había locales -las cuales, por cierto, ya están formando grupos para hacer cosas en Galicia, oiréis hablar de ellas- pero también residentes en otras partes del Estado. Muchas de ellas eran entusiastas y más implicadas de lo que se les pedía. Ellas han sido la cara visible de la HispaCón y, aunque no estaban en el equipo de organización, son quienes la han sacado adelante una vez allí.

Así pues, creo que la conclusión solo puede ser una: es necesario promover el relevo generacional en el fandom. Necesitamos equipos mixtos de gente joven que aporte ganas y tiempo y de gente mayor que aporte experiencia (para que los primeros no tengan que reinventar la rueda en cada evento). Para ello, hay que hacer actividades abiertas, inclusivas, que presten atención a la literatura infantil y juvenil y que tengan propuestas diferentes a las clásicas charlas y mesas de editoriales.

Si lo hacemos así, tenemos asegurado el éxito.

 

 

 

(1) Exceptuando 2016 (en que la HispaCón coincidió con la Eurocon) y las ediciones virtuales de 2020 y 2021 (donde era mucho más fácil contar con extranjeros).

(2) Esta es una de las mejores ideas. Las grandes charlas con grandes nombres están bien y son las que atraen gente, pero que venga una persona extremadamente motivada a hablarte con pasión del tema hiperespecífico que le apasiona es lo que le da sabor.


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miércoles, 5 de octubre de 2022

Las palabras de la ministra

El tema de las palabras de la ministra sigue coleando, a pesar de que los hechos sucedieron hace casi dos semanas. El bulo de que la ministra de Igualdad justificó en público la pederastia es demasiado bueno como para dejarlo ir así como así. Ayer supimos que el Parlamento europeo había rechazado una moción del partido nazi español (apoyada por PP y Ciudadanos, cómo no) para debatir sobre este tema. Como es lógico. Las mentiras estas no suelen tener las patas muy largas fuera de las fronteras del país donde se pronuncian.

Las palabras de Montero, según transcripción de Newtral (pero podéis consultar el vídeo original si lo preferís), fueron las siguientes:

«Todos los niños, las niñas, les niñes de este país tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento. Y esos son derechos que tienen reconocidos, y que a ustedes no les gustan».

Por supuesto, alguien que sea lo suficientemente memo puede sacar de aquí una justificación de la pederastia. Puede sacarla, en realidad, de cualquier parte. Si interpretas las palabras de la gente de forma lo bastante creativa y con la suficiente mala fe, cualquier cosa puede significar cualquier cosa, y un «Buenos días» se transforma en un «Voy a arrancarte el corazón».

Vamos a este caso concreto. La frase de la discordia es la que dice que los niños tienen derecho a que ningún adulto toque su cuerpo si ellos no quieren. Lo que hacen aquí los ofendiditos de derechas es coger esas palabras e interpretarlas a contrario. «Si Irene Montero dice que los niños tienen derecho a que ningún adulto los toque salvo que consientan, ¡es que los adultos pueden tocar a los niños si estos consienten! ¡Pero la ley dice que los niños no pueden consentir al sexo con adultos, así que este consentimiento en realidad es pederastia!» Y sobre esta bobada nos hemos tirado dos semanas discutiendo.

Gente, lógica básica. Tenemos una frase condicional que es «Si un adulto toca el cuerpo de un menor sin consentimiento, eso es violencia». Deducir de ahí que «Si un adulto toca el cuerpo de un menor con consentimiento, eso no es violencia» (y, por tanto, suponer que quien dice la frase está promoviendo comportamientos pederastas) es una falacia que se llama negación del antecedente. Que A implique B no nos permite deducir que ¬A implique ¬B. En serio, que esto se estudia en Bachillerato.

Los que sostienen esta interpretación enloquecida dicen que son palabras textuales de la ministra. Eso es mentira. Las palabras literales son las que he transcrito más arriba. Darles la vuelta es una decisión interesada y de mala fe, y leerlas fuera de todo contexto también. Porque esa es otra, que las palabras tienen un contexto. Fueron pronunciadas en un debate parlamentario, para contestar a una diputada que se estaba oponiendo a la educación sexual, en un país donde la mayoría de edad sexual está fijada en los 16 años (volveremos sobre eso más adelante), no en la barra de un bar ni en un foro de Internet de pedófilos.

Vamos a poner un ejemplo. Si Irene Montero hubiera dicho algo como «Los niños tienen derecho a ser astronautas sin que ningún adulto elija su profesión por ellos», ¿estaríamos teniendo este debate? ¿Habría alguien diciendo que la ministra quiere mandar a nuestros hijos al espacio? Bueno, puede que alguien lo dijera, pero ¿habría alguien escuchando? Lo dudo mucho, la verdad.

El problema es que a mucha gente le pone muy nerviosa que se hable de niños y de sexualidad en la misma frase. Tienen la cabeza tan podrida que las únicas interacciones que creen posibles de esos dos conceptos son sucias, pervertidas y dañinas, pero el hecho es que no es así. Primero, porque los niños no son lo que ellos creen que son y, segundo, porque los niños tienen una sexualidad que deberían poder explorar de forma segura y sin interferencias de los adultos.

Empecemos con lo de los niños. Cuando decimos «niño» nos viene a la cabeza una criatura inocente de dos a ocho años, probablemente rubia y de ojos azules. Pero el hecho es que, según los instrumentos internacionales de protección a la infancia (la misma Convención Internacional de los Derechos del Niño, por ejemplo), un niño es toda persona menor de 18 años salvo que sea mayor de edad debido a las leyes que le sean aplicable. Tan «niño» es el bebé de teta como el bigardo de 17 años más alto que yo.

Es cierto que es una expresión equívoca. Yo prefiero el término «menor de edad», que tiene menos connotaciones. La legislación española, tanto en la Ley Rhodes del año pasado como en la Ley solo sí es sí de este, prefiere el concepto más alambicado de «niños, niñas y adolescentes». Pero lo que uno tiene que entender es que, cuando se habla de niños en el contexto de educación sexual, el término abarca a toda persona que no haya cumplido los 18 años. Y más si se trata de un debate verbal en el que uno no tiene todo el tiempo que querría para pensar exactamente las palabras que va a decir, sus posibles significados y sus probables malinterpretaciones.

Una persona de 16 o 17 años sigue siendo un niño a efectos de educación sexual y protección a la infancia, aunque, según nuestro Código Penal, pueda consentir para tener relaciones sexuales de cualquier clase, incluyendo relaciones con adultos. Más aún, las personas de 15 años o menos siguen pudiendo consentir las relaciones sexuales que se realicen con personas próximas al menor por edad y desarrollo. Hay jueces que han considerado amparadas en esta norma relaciones de personas de 14 o 15 años con personas de 18 o 19. Y, por último, si hablamos de niños menores de 13 años, que claramente no pueden consentir a tener relaciones con adultos, aun así sigue siendo pertinente la referencia a estos, porque funciona con valor de futuro: su consentimiento ahora no es relevante pero lo será en pocos años y deben aprender que es central. Sobre todo porque la mayoría de las agresiones sexuales a niños las cometen adultos, no otros niños.

Y ahora, lo de la sexualidad. Si entendemos sexo como algo más amplio que «polal en xoxo» (y creo que ya vamos teniendo una edad como para no restringirlo tanto), está claro que los niños tienen sexualidad. De verdad, por mucho que se quiera forzar la realidad, los niños no son cestos ajenos a la realidad hasta que de un día para otro se transforman en personas con opiniones y deseos. Es función del sistema educativo que esos impulsos sexuales se conviertan en una vida sexual sana, basada en el consentimiento y, a ser posible, sin interferencia adulta.

Pero claro, por mucho que tanto la ley como la práctica docente establezcan que la educación sexual se adaptará a cada nivel educativo, hay algo con lo que no se puede luchar: ese lugar común derechista de que toda forma de educación sexual es pederastia encubierta. Es esta idea la que hay detrás de la polémica con las palabras de la ministra. Por eso creo que no hay que fustigarse demasiado con si sus palabras fueron adecuadas o si podría haber sido más precisa: habría saltado antes o después.

La relación de la derecha con los niños da para estudio. Los consideran, a la vez, unos seres de pureza inmaculada que hay que proteger a toda costa y una propiedad de sus padres. La defensa a ultranza del derecho a elegir la formación moral de sus hijos, el «yo decido qué les enseño a los niños, en la escuela que aprendan matemáticas», el pin parental, el «mientras no tenga 18 años yo mando» y las imágenes de padres amorosos escudando a sus hijos de rayos LGTB forman parte de la misma ensalada mental. Una derecha que, viéndose perdida en la batalla cultural, se repliega hacia las últimas posiciones que cree que puede defender: su familia y la educación de sus hijos.

En esas condiciones, no es raro que denominen pederastia a toda interferencia en esa sagrada relación de propiedad. Y así vienen bulos como los de la supuesta pizzería de los pederastas en Washington D.C., o como este de Irene Montero. Cualquiera que intente enseñarles a los niños que hay formas distintas de hacer las cosas y de que su familia no tiene la verdad absoluta (hablamos de educación sexual, pero también de temas LGTBI y últimamente lo he visto hasta con la educación nutricional) tiene que ser, necesariamente, un abusador de menores. Es decir, un pederasta.

Una última cosa: por supuesto, las terfas se han lanzado detrás del bulo sobre Montero como si este fuera el último vaso de agua del desierto. Como siempre, no esperaba nada de ellas y aun así estoy decepcionado. Que personas que aseguran ser de izquierdas compren y repitan una mentira enraizada profundamente en los postulados ideológicos de la extrema derecha, solo porque eso les sirve para cargar contra una ministra que les cae mal por razones no relacionadas, es la cumbre de la desvergüenza. Pero bueno, como digo, era lo esperable.

Nos vamos a pasar años con la matraca de que Irene Montero promueve la pederastia, pero ni la han hecho caer ni parece que el bulo haya calado tanto como ellos querían. Ya lo siento, amigos fachas: os vais a tener que buscar otro.

 

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