“La difteria –dice la Wikipedia–
es una enfermedad infecciosa aguda epidémica”, que “se caracteriza por la
aparición de falsas membranas (pseudomembranas) firmemente adheridas (…) en las
superficies mucosas de las vías respiratorias y digestivas”. No se trata de una
tontería: en la web “The history of vaccines”, creada por el Colegio de
Médicos de Filadelfia, leemos que en 1921 murieron de esta enfermedad más de
15.500 niños estadounidenses, que fue la tercera causa principal de muerte en
niños de Inglaterra y Gales en los años ’30 y que la tasa de mortalidad puede
llegar al 20% para niños muy pequeños y para adultos de más de 40 años. Es decir,
que no es un catarro.
La verdad es que, mortalidad aparte, las
imágenes de niños con “cuello de toro” son horribles. Por suerte, la difteria
posee vacuna: la DTPA, que inmuniza también contra el tétanos y la tos ferina y
que en España es gratuita. Así que, por suerte, los menores que nazcan en este
país ya no sufrirán esta enfermedad y no tendremos que ver fotos de su cuello
hinchado por las membranas.
O eso creíamos.
Hoy se ha sabido que la semana
pasada ingresó en un hospital catalán la primera víctima de difteria que hay en
este país desde 1987. 28 años dan para mucho: en este caso, para que nadie en
Europa occidental tuviera medicamentos adecuados para tratar la difteria y haya
habido que importar dosis desde Rusia. Claro, quién va a tener medicamentos
contra la difteria si ya no hay difteria porque todo el mundo está vacunado.
Al parecer, y siempre según las noticias
de la prensa, los progenitores del niño están en contra de las vacunas. Otra cosa
hubiera sido difícil de creer. El chaval tiene 6 años y el calendario vacunal catalán establece que a esa edad ya debía haber recibido cinco
dosis de vacuna. No se trata de un olvido: se trata de un objetivo buscado. Sí:
los padres de este chico han preferido dejarle sin inmunidad voluntariamente.
¿Qué hay dentro de la mente de un
antivacunas? Hace ya tiempo sostuve que puro “polizonismo” en el sentido
de la teoría de juegos: grosso modo,
y para lo que nos interesa, un free-rider o polizón es alguien que espera
conseguir los beneficios de algo (en este caso, la inmunidad de grupo) sin
pagar sus costes, como el trabajador que nunca hace huelga pero emplea los derechos
conseguidos por compañeros más combativos. La lógica es la misma, con la
diferencia de que el costo de hacer una huelga es real (los días de salario
perdidos) mientras que el de poner una vacuna, en casos normales, es inexistente
o despreciable.
La antivacunación dista mucho de ser una
moda (ha acompañado a la vacunación desde sus orígenes), pero últimamente
parece que está tomando fuerza. Cada vez más, progenitores con suficientes
recursos y formación para entender por qué la inmunización es objetivamente
buena para todo el mundo, deciden no hacerlo atendiendo a no se sabe muy bien
qué. ¿El falseado estudio de Wakefield sobre el autismo y la triple vírica? ¿La
moda de lo “natural” y la quimiofobia? ¿La más que legítima crítica a las
prácticas mafiosas de las farmacéuticas? ¿Una mezcla de todo lo anterior?
El problema es que esos argumentos no se
sostienen. Tomemos el de las farmacéuticas. Son una mafia, conforme, y
precisamente por ello les fastidia vender vacunas. Ellas preferirían vender
tratamientos, que, como es lógico, son más caros. Yo estoy seguro de que, si
por los Consejos de Administración de las farmacéuticas fuera, retiraban todas
las vacunas cuya fórmula siguiera bajo patente y se ponían a vender
tratamientos como descosidos. ¿Con los servicios de salud de todo el mundo
financiando? Al precio que haga falta, oiga.
Y así uno a uno. No voy a desmontarlos
porque la entrada no va de eso. Si la antivacunación crece, que crezca la
conciencia sobre la necesidad de vacunar. Por supuesto hay que operar desde el
incentivo positivo: no dar nada por sentado y, al contrario, hacer frecuentes
campañas, talleres y lo que haga falta para fomentar esta práctica. Contrarrestar
las mentiras y la propaganda antivacunas con información veraz y realista. Eso lo
primero.
Pero tampoco hay que tenerle miedo al
castigo. No estoy diciendo que haya que meter en la cárcel a los padres que
dejan de vacunar a su prole (probablemente sería peor el remedio que la
enfermedad), pero sí incidir en el tema económico, con multas o reducciones de
ventajas fiscales. Y, en los casos más graves, donde la conducta de riesgo de
los progenitores haya derivado en lesiones para el menor, plantearse el retirar
custodias.
No vacunar es maltrato. Lo digo así, con
todas las letras, porque considero que exponer a menores que están a tu cuidado
a enfermedades gravísimas pudiendo no hacerlo es maltratarlos. Todo el mundo
consideraría que un padre que mete a su hijo en un campo con minas antipersona lo está maltratando, aunque es posible que no llegue a pisar
ninguna. Éste es el mismo caso. Tú, padre o madre que no vacunas, no estás
jugando con tu propia salud. Estás jugando con la de tu prole y, de propina,
con la de otras personas. Tienes derecho a no vacunarte y a tratarte con
homeopatía: no tienes derecho a dejar de proporcionar el mejor tratamiento
posible a las personas que tienes a tu cuidado.
En definitiva, no tienes derecho a
maltratar.
[ADDENDA 3/6/2015, 21:00] - Con este tema estoy leyendo muchas gilipolleces sobre qué hay que hacer en estos casos. Propuestas como impedir que el menor sin vacunar sea escolarizado o que sean los padres quienes paguen el tratamiento me parecen asquerosas, puro neoliberalismo, como prueba que las estén defendiendo Arturo Villa o Luis Garicano. Vivimos en un país con una sanidad y una educación públicas, y quiero que así siga siendo.
Entiendo que, desde el cabreo, en un calentón, se diga "¡pues que pague la familia el tratamiento!", pero... ¿y qué pasa si la familia no tiene dinero? ¿Dejamos que se muera? Además, me parece empezar con una pendiente resbaladiza muy peligrosa. Ahora todos lo comprendemos porque se trata de inconscientes que han puesto en peligro a un tercero que estaba a su cuidado, pero como se asiente la idea de que si los riesgos que corres voluntariamente se concretan te pagas tú el tratamiento nos hemos cargado la sanidad pública. "No, lo siento, no le vamos a curar ese cáncer. No haber fumado". Me niego. La salud está por encima del dinero, y eso significa que la sanidad pública debe cubrir también la difteria causada por inconsciencia.
Y en cuanto a meter a los padres en la cárcel y retirarles la custodia... un poco de moderación, por favor. En el cuerpo del post digo que "sería peor el remedio que la enfermedad". ¿Qué consecuencias tiene para un menor que sus progenitores entren en la cárcel o que le arranquen de su casa y se lo lleven a un orfanato hasta que alguien le adopte? Si pensamos en él hay que ponderar un poco las cosas.
[ADDENDA 3/6/2015, 21:00] - Con este tema estoy leyendo muchas gilipolleces sobre qué hay que hacer en estos casos. Propuestas como impedir que el menor sin vacunar sea escolarizado o que sean los padres quienes paguen el tratamiento me parecen asquerosas, puro neoliberalismo, como prueba que las estén defendiendo Arturo Villa o Luis Garicano. Vivimos en un país con una sanidad y una educación públicas, y quiero que así siga siendo.
Entiendo que, desde el cabreo, en un calentón, se diga "¡pues que pague la familia el tratamiento!", pero... ¿y qué pasa si la familia no tiene dinero? ¿Dejamos que se muera? Además, me parece empezar con una pendiente resbaladiza muy peligrosa. Ahora todos lo comprendemos porque se trata de inconscientes que han puesto en peligro a un tercero que estaba a su cuidado, pero como se asiente la idea de que si los riesgos que corres voluntariamente se concretan te pagas tú el tratamiento nos hemos cargado la sanidad pública. "No, lo siento, no le vamos a curar ese cáncer. No haber fumado". Me niego. La salud está por encima del dinero, y eso significa que la sanidad pública debe cubrir también la difteria causada por inconsciencia.
Y en cuanto a meter a los padres en la cárcel y retirarles la custodia... un poco de moderación, por favor. En el cuerpo del post digo que "sería peor el remedio que la enfermedad". ¿Qué consecuencias tiene para un menor que sus progenitores entren en la cárcel o que le arranquen de su casa y se lo lleven a un orfanato hasta que alguien le adopte? Si pensamos en él hay que ponderar un poco las cosas.