jueves, 22 de enero de 2015

Piropos

La entrada de hoy es obra de @SuraTallulah, colaboradora habitual del blog, a la que como siempre agradezco su tiempo, su claridad de análisis y sus ganas de poner por escrito lo que le pasa por la cabeza.


La semana pasada Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género, afirmó que “el piropo ha sido siempre permitido y se ha asumido como algo normal, pero lo cierto y verdad es que supone una invasión en la intimidad de la propia mujer porque nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de la mujer”. Como es habitual, las declaraciones saltaron a las redes sociales y se abrió el debate.

¿Qué es y qué se entiende por piropo?
Si buscas en la red, la primera definición que aparece para piropo es “palabra o expresión de admiración, halago o elogio que se dirige a una persona”. Parece una definición directa y general pero ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza al escuchar la palabra piropo? A mí me vienen a la mente exabruptos, ruidos, halagos y expresiones de temática sexual que he recibido desde pequeña por parte de desconocidos y, en la mayoría de casos, en la calle. No pienso en cuando mi pareja o alguien muy cercano con quien tengo confianza me dice “guapa”. Esto también entra dentro de la definición de piropo, pero no es en lo que pienso cuando se habla del tema. Básicamente, cuando se habla de piropos, se me viene a la mente este mítico vídeo de la red:

Cortometraje Mi Señora

El piropo y la cosificación de la mujer.
Ahora comencemos por el principio: la cosificación de la mujer. A las mujeres se nos impone el deber de agradar al hombre, las mujeres debemos ser deseables, sexualmente atractivas y tenemos que cuidarnos y esforzarnos con tal fin. Una mujer no tiene valía como tal si no es guapa, si no cuida su cuerpo y su aspecto físico, si no se afana en resultar físicamente deseable. Todo esto os sonará a antiguo, muchos pensaréis que antes puede que fuera así pero que ya no. Pues sí, hoy en día sigue siendo así. Este mensaje nos llega constantemente desde la publicidad y los medios. Nos machacan a diario con la idea de que para una mujer lo más importante es la imagen y nunca es suficiente. Da igual lo que hagas: dietas, gimnasio, cirugía, maquillaje y ropa. Nunca es suficiente.

De esta cosificación de la mujer se desprende la idea de que una mujer desea o aspira ser piropeada como una validación de su cosificación. Un piropo es la confirmación de que hemos alcanzado eso que tanto perseguimos: ser atractivas, ser bonitas y deseadas. Eso que se nos pide, que se nos exige; consigue la aprobación con el piropo.

Piropo y acoso callejero.
Somos muchas las que entendemos, en la mayoría de los casos, el piropo como acoso callejero. Recibir un piropo, que en muchos casos incluye temática sexual, en un espacio público como es la calle y por parte de un desconocido nos cosifica, nos intimida y nos humilla. Cuando el piropo versa sobre lo que tú, hombre heterosexual, me harías si yo, mujer sexualmente atractiva para ti, me “dejase” es una agresión verbal. Cuando el piropo consiste en dejar constancia en  voz alta y de manera pública de lo que a ti, hombre heterosexual, te parece o te evoca mi aspecto físico se trata de una agresión verbal. A través del piropo se nos hace ver a las mujeres que nuestro cuerpo es de dominio público por lo que cualquier hombre está en su derecho de opinar sobre él cuándo y dónde quiera.

En algunas ocasiones el piropo verbaliza una agresión sexual. Cuando un hombre se siente con legitimidad para hacer conocer públicamente lo que sexualmente le apetecería hacer contigo está desarrollando un ejercicio de humillación y dominio sobre ti. Muchas somos las que hemos llegado a sentir terror y miedo por nuestra integridad física al escuchar un piropo. Porque muchas veces, aunque liviano y verbalmente bonito, esconde un trasfondo de roles en los que el hombre domina y manda y la mujer se somete.

El piropo es temido en muchos casos hasta el punto de hacerte cambiar de acera para no pasar frente a ese grupo de hombres o de hacerte cambiar de recorrido hacia tu trabajo/centro de estudios para no pasar por esa calle en la que han comenzado las obras de un edificio. Pensaréis que es una exageración o que simplemente no hay que echar cuenta de esos piropos pero lo cierto es que son muchas las niñas (sí niñas, menores de edad) y mujeres que deciden hacer cambios en su vida para evitar este tipo de situaciones porque se sienten violentadas y sienten miedo.

Reacciones.
Como he comentado al principio, a raíz de los comentarios de Ángeles Carmona se habló y mucho sobre el piropo en la red. Muchas personas interpretaron sus declaraciones como una imposición prohibitiva, otras argumentaron en su contra a base de insultos y algunas personas respondieron haciendo alusión al físico de la presidenta del Observatorio Contra la Violencia de Género reafirmando así la base de esta práctica: la cosificación de la mujer.

Imagino que muchos de los que estén leyendo este post habrán pensado que soy una exagerada y una radical. Si tenéis dudas sobre lo que aquí he escrito sólo os recomiendo una cosa: preguntad a las mujeres de vuestro entorno con las que más confianza tengáis si alguna vez han sentido miedo ante un piropo, si alguna vez han temido una agresión sexual  tras un piropo, si alguna vez han cambiado de acera para no pasar delante de un grupo de hombres, si alguna vez, en definitiva, se han sentido intimidadas o humilladas por un piropo.


9 comentarios:

  1. Es muy triste ver a un montón de gente (hombres sobre todo) defendiendo su supuesto derecho a decirle piropos a las mujeres. Suelen argumentar que hay que diferenciar entre piropo "galante" o educado y piropo-garrulada/acoso callejero.

    Pero en el fondo es lo mismo: es dar tu opinión sobre una tía que ni conoces y que va a su bolo por la calle. No sabes si a ella el piropo (por muy educado que sea) le va a parecer una agresión o si le va a incomodar. Cualquier opinión sobre el físico de los desconocidos sobra, es cuestión de educación y no meterte donde no te llaman.

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  2. Es cierto que eres radical, pero radical es bueno; hay que ir al origen de problemas para solucionarlos.
    Es perfectamente comprensible lo erróneo de piropear, y está muy claro que no está referido a algo de confianza, donde además no hay roles, en un entorno íntimo tanto hombre como mujer pueden decir lo mismo; pero en este caso se asume un rol heterosexual masculino para hacer escrutiniio de una mujer, o de la percepción obligada de; y además el tono.
    Un campo de batalla que hay que ganar.

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  3. Personalmente he cambiado mis itinerarios para evitar pasar por delante de obras o de otros sitios en los que sabía que se podían dar estas situaciones, como la puerta de algunos bares muy concurridos. Si entro en una calle y me encuentro con una situación así suelo darme la vuelta y, si es demasiado tarde, me cambio de acera.
    Una noche salía de casa y un chico me estuvo persiguiendo durante 10 minutos susurrándome "piropos" e intentando que me parara a hablar con él. En vez de seguir por donde tenía que ir me dirigí a una avenida más concurrida y tomé un taxi.

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  4. Leed el articulucho de Juan Manuel de Prada en el ultimo numero de XL Semanal sobre el tema de los piropos. Es para mear y no echar gota.....o mas bien para partirle los piños con un ladrillo. Ascopena

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  5. Yo nunca he piropeado a nadie, nunca lo he considerado necesario ni util ni me ha dado la gana hacerlo para nada, pero pensando hoy en el tema se me ha ocurrido que quizás el piropo insultante deja al descubierto algún asaltante sexual y permite a la víctima zafarse, cosa que si va callado quizás no ocurra, no se, quizás sea util para eso

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  6. Sí, bastante repugnante que te digan que tus tetitas, que tan delgadita..., uf.., asqueroso.

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  7. Yo creo que además de los piropos está el hecho de que decir piropos van de la mano de lo contrario, quiero decir que quienes se dedican a piropear yo creo que son los mismos a los que les parece bien insultar a las mujeres que no les gustan o que no les hacen caso.

    Quiero decir que a mí lo mismo me han dicho piropos que me han llamado "fea" por la calle. Completos desconocidos. Los mismos que otro día podrían decirme otra cosa.

    Y las dos cosas, para mí por lo menos, son igual de intimidantes, desagrables y humillantes.

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  8. Anda, cardo de mierda, ya quisieras tu, que cualquier persona (hombre o mujer) animal o cosa te dijera algún piropo alguna vez. El problema es que das tanto asco que ni tu madre te ha dicho algo bonito una vez. Hay que ser frígida

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  9. A mi me molesta lo mismo cuando alguien me sonrie y me dice guapa al oido, como cuando me gritan gorda dese la cera de enfrente. No soy un cuadro en la pared para que la gente opine sobre mi aspecto.

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