lunes, 12 de enero de 2015

Erradicar los piropos

Hace unos días la presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género del CGPJ, Ángeles Carmona, reabrió un debate que cada cierto tiempo aparece en mi entorno. El piropo, o, por mejor decir, el acoso callejero: la expresión de índole sexual que se le grita a una desconocida en la calle con fines presuntamente halagadores. Carmona dijo que es una invasión a la intimidad y que debe ser erradicado.

No voy a insistir en el tema del piropo como agresión porque espero poder publicar pronto una Firma Invitada sobre ese mismo asunto. En vez de eso quiero hablar de otra cosa: de la reacción histérica acusando a Carmona de poco menos que nazi contraria a la libertad de expresión por querer, se dice, “prohibir” el piropo. Lo cual es muy divertido porque en realidad la presidenta del OVG no ha hablado de prohibir en ningún momento, sino de eliminar o erradicar, algo que no sólo se logra aplicando normas jurídicas. Pero pensemos un poco sobre eso. ¿Sería posible prohibir legalmente el piropo?

La libertad de expresión es un derecho muy amplio y que debe ser interpretado en sentido expansivo, pero no lo ampara todo. Nuestro Código Penal tipifica una amplia variedad de delitos que se cometen con el uso de la palabra: las amenazas, las calumnias, el acoso sexual, el falso testimonio o los delitos de odio son sólo algunos de ellos. Conceptuado el “piropo” como una agresión no hay nada que impida dictar una ley que lo castigue.

De hecho, pensemos en el acoso sexual. Se trata de la conducta de solicitar a una persona un favor de naturaleza sexual, provocándole con ello “una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante”. No es una mala definición de este tipo de agresión, ¿no? La única razón por la cual el piropo no se considera acoso sexual es porque este delito se restringe al ámbito laboral y docente. Así que nadie me diga que no hay base para prohibir el piropo callejero, porque sí la hay. Concretamente yo optaría por convertirla en una infracción administrativa competencia de los Ayuntamientos.

Sin embargo, no estoy yo muy convencido de que prohibir el piropo fuera una medida efectiva, si alguna vez llega a tomarse. El acoso callejero es un ataque que se caracteriza por su inmediatez y por su anonimato: se consuma en el momento en que se profiere la expresión y generalmente los agresores son desconocidos que pasan por la calle. Aun en el caso de que la víctima esté por la labor de denunciar y de que no la disuadan los policías municipales que la atiendan, ¿cómo puede identificarse al agresor, que igual ya está lejos? Entre que la víctima encuentra a un agente y le cuenta todo el asunto puede haber pasado fácil media hora

Creo que una normativa que prohibiera el acoso callejero implicaría, de facto, la impunidad de la mayoría de los piropeadores. “Bueno, estaríamos como hasta ahora pero a alguno se cogería”, podría pensarse, pero no confío mucho en eso. Introducir una norma así generaría mucho debate y mucha contestación y temo que, una vez que se constatara que no hay consecuencias de ningún tipo, se diera precisamente un repunte de esta clase de conductas. Es cierto que no es tan simple, que las normas también crean pautas culturales, pero no termino de estar convencido de la utilidad de la medida.

¿Y qué hacemos entonces contra el acoso callejero? Porque algo habrá que hacer, eso está claro. Yo no tengo la fórmula mágica, pero hay una cosa que los hombres podemos hacer con mucha facilidad, y es evitar que estas conductas se reproduzcan a nuestro alrededor. ¿Hemos visto que un amigo acaba de soltarle una burrada a una chica por la calle? Pues se le mira con cara de extrañeza y se le dice “¿pero qué coño haces?” En otras palabras: creo que podemos forzar una presión por parte del grupo de iguales.

No hay nada más conservador que un grupo de tíos hablando sobre mujeres. Se generan unas dinámicas reforzadoras muy deprimentes cuando eres consciente de ellas. Poder romperlas es un paso, y somos nosotros, los hombres, quienes tenemos acceso a esos grupos, los que tenemos que tomar la responsabilidad de hacerlo.







4 comentarios:

  1. Es cansado leer a muchas mujeres decir que a todas nos gusta un piropo. Creo que muchas veces, al pensar en esas situaciones, las idealizan recreando las más agradables, por ejemplo, cuando el piropo viene de alguien que te gusta, en un momento de flirteo o cuando se trata de algo como un "qué guapa estás hoy" de un compañero de trabajo. Pero la realidad, la mía al menos, es la de un tío que gritó en medio de una cena navideña "a la de rojo me la cojo". Todos se rieron pero fue innecesario e incómodo. Innecesario porque no formaba parte de un cortejo, e incómodo porque yo no tenía interés alguno en oír su opinión. En mi opinión la intención no era "halagarme" o hacerme saber que le gustaba (eso se puede hacer de forma más sutil) sino una especie de demostración de virilidad, un despliegue testosterónico con la finalidad afianzar su autoestima y ego, que no los míos.
    No creo que la solución esté en prohibir (si lo que te dicen es irrespetuoso puedes denunciar, no?) pero sí en "corregir" como dices en tu post la conducta de esas personas, no apoyándolas ni fomentándolas.

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    1. O sea, el piropo como acto de poder. Es que si lo defines así pues ya cuesta más defenderlo.

      Decir algo irrespetuoso no es denunciable por sí solo. Que te insulten ya puede serlo (una falta penal de injurias) pero probablemente te merezca muy poco la pena intentarlo.

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  2. Hombre prohibirlo me parece exagerado además de que seria una norma de difícil aplicación. Creo q es mas una cuestión de educacion. Y no ya hacia la mujer en cuestión sino hacia uno mismo. Si se observaran a si mismos se darian cuenta de lo pateticos y ridículos que quedan haciendo eso. A ver chicos q diciendo tonterías a las mujeres con las que te cruzas lo único q consigues es quedar como un baboso y un desesperado. Eso de piropear y no digamos ya silbar o cosas similares es de horteras y de gente con poca educación. Me hace gracia cuando se amparan en la libertad de expresión o en q la mujer en cuestión vestía de tal o cual forma. Seguro q si se cruzan con un punk de dos metros y una cresta de colores pensaran q vaya pintas tiene. Pero seguro q no ejercen su libertad de expresion , no sea q les hagan una cara nueva. Lo mismo cd una mujer va a acompañada de un hombre. Jamas dicen nada y da lo mismo como vaya vestida o lo guapa q sea. ¿porque , si el piropo es tan bonito e inocuo no lo dicen si van acompañadas de un varón? Pues pq en el fondo es una forma de acoso disfrazada de galantería. No te puedes quejar pq te llamen guapa. Pero q curioso nunca te lo llaman si vas con un tio al lado..

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    1. A mí prohibirlos no me parece exagerado pero, efectivamente, sería muy difícil hacer cumplir esa norma. Sobre lo demás, estoy de acuerdo.

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