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lunes, 6 de abril de 2015

Tríada de mordazas (II). La LSC: régimen general

La primera de las tres leyes-mordaza que vamos a analizar es la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana. El mismo nombre ya trae resonancias autoritarias: esta norma va a sustituir a la tristemente conocida Ley Corcuera, que habilitaba a la Policía a entrar en un domicilio sin orden judicial en determinadas circunstancias. El Tribunal Constitucional determinó que eso era inconstitucional… y esperemos que eso pase con muchos preceptos de la que entra ahora en vigor.

De la LSC se ha criticado mucho su régimen sancionador, pero en esta entrada no hablaremos de él, pues tiene materia suficiente como para llenar un artículo por sí solo. Aquí analizaremos otros aspectos, que han pasado más desapercibidos pero que nos prueban que esta ley es, íntegramente, un instrumento represivo que hace algo que debería asustar a cualquier ciudadano de bien: aumentar la parcela de poder y arbitrariedad de la Policía.

Por ejemplo, tomemos el artículo 16, que trata de la potestad que tiene la Policía en la identificación de personas. Puede hacerse en dos casos: cuando haya indicios de que han participado en un delito y cuando “se considere razonablemente necesario que acrediten su identidad para prevenir la comisión de un delito”. ¿Quién dijo redadas racistas o identificaciones arbitrarias? Esto es un empeoramiento con respecto al artículo 20 de la ley vigente, que permite a los cuerpos policiales realizar identificaciones cuando sea necesario para proteger la seguridad. Se introducen más conceptos jurídicos indeterminados y claro, ¿quién va a reclamar que le han identificado por sus pintas o por su color de piel?

Más ejemplos. El artículo 17.2 permite establecer controles para identificar y registrar personas y vehículos en determinados casos de delitos graves o que causen alarma social. Exactamente igual que el 19.2 de la ley vigente, con dos pequeñas excepciones: la nueva ley permite hacerlo también para prevenirlos, y además ya no hay que dar cuenta del resultado de la diligencia al Ministerio Fiscal. De nuevo, la letra de la ley aumenta la parcela de arbitrariedad.

Y está también el artículo 19.1, que establece que las diligencias de identificación, registro y demás no están sujetas a las mismas formalidades de la detención, aun cuando pueden incluir cacheos corporales o una privación de libertad de hasta 6 horas si hay que llevarse al interesado a comisaría para identificarle. Y uno se pregunta, ¿a qué formalidades están sujetas estas diligencias? Nadie espera que a alguien que no está acusado de nada se le provea de abogado, pero ¿y su derecho a hacer una llamada para comunicar su situación? ¿Y el acceso al médico o al intérprete? Esos derechos son razonables, pero no aparecen por ninguna parte. El Tribunal Constitucional tiene dicho que toda privación de libertad es una detención, y aunque desgraciadamente la práctica policial no suele hacer caso de esa previsión, es triste que la ley ampare vulneraciones de derechos tan evidentes.

Además, todas estas normas, y otras que no he citado, tienen algo en común: su volatilidad. Son deliberadamente vagas. Estamos hablando de reglas que permiten a la policía detener, registrar e identificar a personas, pero están llenas de conceptos jurídicos indeterminados. Por ejemplo, el artículo 20 permite practicar un cacheo “cuando existan indicios racionales para suponer que [esta medida] puede conducir al hallazgo de instrumentos, efectos u otros objetos relevantes para el ejercicio de las funciones de indagación y prevención”. O sea, cuando se le ponga al señor agente en las narices.

Vaguedad, indeterminación, arbitrariedad, impunidad. Éste es el sello de una ley enfocada a la burorrepresión, es decir, al control policial rutinario de cualquier actividad de protesta popular con fines presuntamente preventivos y precautorios. Algo de lo que tampoco se libra, como veremos en la entrada siguiente, el extenso capítulo (casi la mitad de la ley) dedicado al régimen de infracciones y sanciones.



miércoles, 1 de abril de 2015

Tríada de mordazas (I): las expulsiones en caliente

Ayer se publicaron en el BOE varias normas que, si Dios no lo remedia (y no va a hacerlo porque no existe), entrarán en vigor el próximo julio. Es lo que conjuntamente se ha acabado conociendo como Ley Mordaza, aunque en realidad consta de tres leyes:

     -       La Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, la “ley mordaza” en sentido estricto, que tipifica una amplia variedad de conductas y aumenta los poderes de la Policía.
      -       La reforma general del Código Penal, aunque casi convendría llamarla “Código Penal” a secas porque es prácticamente uno nuevo. ¿Por qué digo esto? Por innovaciones como la gran cantidad de artículos añadidos, la tipificación de muchas conductas nuevas, la desaparición de las faltas y la aparición de la cadena perpetua de iure (ya que de facto ya venía existiendo desde 2003, con condenas de hasta 40 años). Estamos ante un nuevo Código Penal, más conservador y autoritario.
      -       La reforma particular del Código Penal en materia deterrorismo: porque todo el mundo sabe que lo mejor que puedes hacer cuando la organización terrorista que ha matado a cientos de personas en tu país lleva un lustro derrotada es endurecer las leyes antiterroristas.

Habrá quien se crea de verdad que el objetivo de esta tríada de leyes es proteger la seguridad ciudadana, el orden público y la paz social. Estoy seguro de que algunas personas se han tragado de verdad la retórica autojustificativa que el Gobierno lleva esparciendo cerca de cuatro años. Pero no aquí. En mi entorno somos demasiado conscientes de lo que suponen estas normas para el activismo

Varias personas me pidieron posts sobre este tema, pero evidentemente excede la capacidad de uno solo. Voy a dedicar varios artículos a denunciar las tropelías más evidentes de este ataque sistemático a nuestros derechos. Creo que me ocuparán buena parte del mes de abril, pero no hay problema: como he mencionado, las tres leyes entran en vigor el 1 de julio, así que no hay peligro de que nos coja el toro.

Salvo en una cosa.

La LSC trae una disposición final con un regalito envenenado, que entra en vigor hoy mismo: la legalización de las llamadas expulsiones en caliente. Éstas consisten en el rechazo físico de los inmigrantes que traten de entrar por Ceuta y Melilla “mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos”, es decir, las vallas con concertinas, las líneas de agentes puestas en la playa, etc. Por supuesto estas expulsiones deberán hacerse con respeto a la normativa internacional de Derechos Humanos, bonita palabrería legal que intenta ocultar que en realidad ambas cosas son incompatibles.

Hace unos meses leí un informe jurídico rubricado por unos quince perroflautas (que de alguna manera han logrado auparse hasta ocupar plazas de catedrático y profesor titular de Derecho en diversas Universidades españolas) que demuestra que las expulsiones en caliente son contrarias al Derecho internacional y comunitario. Efectivamente, dado que son colectivas e indiscriminadas, y por tanto no permiten separar a los inmigrantes que podrían tener derecho a estar en nuestro país (solicitantes de asilo, refugiados) de los que no, atentan contra los Derechos Humanos. El legislador ha tratado de salvar esta objeción regulando que las solicitudes de protección se deben tramitar en los pasos fronterizos: como explico a continuación, esta última regla no es más que un brindis al sol.

La línea de frontera no la establece el legislador español sino los tratados internacionales: cuando un inmigrante rebasa el espigón de la playa de Ceuta o empieza a escalar la valla de Melilla ya está en territorio español, es decir, dentro de la línea. Ya se ha cruzado la frontera, la entrada ilegal ya se ha producido y no procede la expulsión en caliente. En palabras de la peligrosa banda antisistema conocida como Tribunal Supremo, es evidente “que quienes se encuentren en el interior del territorio nacional, por más que estén en ruta o en tránsito, no pretenden entrar” (STS de 20 de marzo de 2003). Así que por mucha normativa que pretenda amparar las expulsiones en caliente u obligar a los inmigrantes a que vayan a los puestos de acceso, no hay nada que hacer: una vez han puesto un pie en territorio español se les tiene que aplicar el régimen general de extranjería, que obliga a iniciar un procedimiento sancionador con las debidas garantías.

No creo que esta disposición final aguante demasiado ante el Tribunal Constitucional. No sería la primera vez que este órgano “poda” los preceptos más autoritarios de una norma de extranjería del PP. Pero ha entrado en vigor hoy, y ya conocemos los ritmos que tienen sus señorías. Si durante tres, cuatro o cinco años la Policía tiene una habilitación legal para echar a la gente del país de forma indiscriminada, pues eso que se llevan.

En realidad la tríada de mordazas es exactamente así: una masa informe de barbaridades antijurídicas que poco a poco irán cayendo. Pero el PP se prepara para otros cuatro años de gobierno con una contestación social en aumento, y tiene que dotarse de herramientas jurídicas suficientes como para reprimirla. No vaya a ser que acabe pasando algo serio y tengan que dejar de robar.



lunes, 16 de marzo de 2015

Tecnofobia

Hoy vamos a hacer un experimento: ¿qué tal quedaría publicar a la vez dos entradas, escritas por personas diferentes, abordando aristas distintas del mismo tema? Pues vamos a averiguarlo: el tema es la tecnofobia y la persona que me acompaña en esta aventura es @Srta_Angus, cuyo artículo podéis encontrar aquí.

Pero, espera un momento... ¿qué clase de brujería es ésta? ¿Es que acaso @Srta_Angus y yo nos conocemos? ¿Somos amigos de toda la vida, vecinos, compañeros de estudios, colegas del trabajo? ¿Se nos ocurrió esta idea tomando un café, matando el rato en un pasillo, charlando en un ascensor, esperando en la cola del súper? Pues me temo que no: simplemente nos hemos seguido en Twitter desde hace un tiempo, se nos ocurrió en una conversación pública y llevamos meses hablando de ella por email, medio por el cual también nos intercambiamos relatos. Otra forma de comunicación sería más bien difícil, ya que ella y yo ni siquiera vivimos en la misma Comunidad Autónoma. No sé qué edad tiene, no sé en qué trabaja, no la he visto nunca.

Según la ideología tecnofóbica imperante @Srta_Angus y yo no somos, ni podremos ser nunca, amigos. Podremos estar años hablando diariamente, compartir intimidades y secretos y escribiendo juntos, que jamás lo seremos. Porque, para este pensamiento tan extendido, todo lo que se haga desde detrás de una pantalla es menos real que lo que se haga presencialmente. Las amistades no son de verdad, el amor no puede ni surgir, el acoso es brominchi (¡hola, GamerGate!) y el activismo político es de juguete.

Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿Por qué, por ejemplo, las relaciones interpersonales hechas a través de una pantalla son mentira? No sé. Mi pareja vive en Cantabria. Una de mis mejores amigas es de Sevilla. Mi grupo de amigos de Madrid está compuesto por personas ocupadísimas. Tengo un buen montón de conocidos a los que veo ocasionalmente y con los que sin embargo hablo todos los días. Sin Internet, sin Skype y sin redes sociales no habría sido capaz de cimentar todas esas relaciones, muchas de las cuales no han empezado en la llamada “vida real”.

Lo pongo entre comillas porque Internet es parte de la vida real. Tratas con personas reales, sientes emociones reales, tienes interacciones reales. No es algo separado de tu experiencia vital: es una parte cada vez más importante de la misma. De hecho, puede ser incluso mejor que la mal llamada vida real. ¿Eres tímido? ¿Nadie de tu entorno tiene tus mismas aficiones o gustos? ¿Tu clase es para ti una jungla porque eres homosexual, tartamudo o débil? ¿No te cae bien nadie de tu trabajo? ¿Vives en un pueblo? Antes de la difusión generalizada de Internet te jodías y bailabas. Ahora no estás prisionero de tu entorno. ¿Por qué exactamente es algo bueno intentar integrarte entre personas que no te motivan y no lo es tratar de crecer con gente que comparte tus gustos e ideas, aunque vivan a medio mundo de distancia?

No voy a explicar detalladamente mi historia vital porque éste no es un blog autobiográfico, pero a mí me pasaba eso. Niño introvertido, con problemas de sociabilidad y que durante tres horribles cursos fue víctima de bullying, yo a clase iba por obligación. El descubrir que había foros en los que podía hablar de mis aficiones fue liberador: entre otras cosas me permitió soltar presión, ganar confianza en mí mismo y ser más sociable en mis relaciones presenciales. Posteriormente, Twitter me abrió un mundo de cosas interesantes, que van desde amigos, fiestas y risas hasta activismo.

Ah, sí. El activismo. El otro punto que tenía que tratar en mi entrada de hoy. Le pasa un poco lo mismo, ¿no? Todo el mundo sabe que tuitear, publicar en Facebook y escribir en blogs... pues a ver, está bien, sí, hazlo si quieres, pero tampoco es que sea De Verdad. El activismo De Verdad va a manifestaciones, huelgas, asambleas y sentadas. No es algo tan fácil como hacer un clic en tu móvil.

Esta afirmación, que se dice con la rotundidad de quien expresa una verdad absoluta y que se utiliza frecuentemente como argumento, no es más que una creencia. ¿Es que acaso está escrito en piedra, en la Biblia, en nuestro código genético? No, ¿verdad? ¿Y entonces? “Es que tuitear no es efectivo, no detiene nada”. Ya, y las manifestaciones masivas sí. Todos sabemos que después de las Marchas de la Dignidad el Gobierno paró los recortes, las reformas laborales y demás ataques a nuestra libertad. Vamos, al día siguiente.

Guste o no, el activismo online es tan válido como el presencial, aunque funcionan en ámbitos distintos y lo óptimo es que se coordinen. El activismo online vale para dos cosas. La primera es crear conciencia: los éxitos de la PAH no se habrían conseguido sin una inteligente campaña en redes para excitar la indignación moral ante el drama humanitario que suponen los desahucios. Dentro de esta creación de conciencia incluyo también el que la gente se informe de sus derechos o planee estrategias. En segundo lugar. el activismo online permite es dar voz a aquellas personas que por introversión, falta de tiempo o ausencia de formación no podrían intervenir en una asamblea que se celebrara en la plaza de su barrio. Por supuesto no es perfecto (entre otras cosas está muy abierto al trolleo y no todo el mundo tiene acceso) pero ¿qué herramienta humana lo es?

Así que sí, señores tecnófobos. Me temo que voy a seguir teniendo relaciones interpersonales por Internet, a disfrutar de ellas y a crecer gracias a ellas. Voy a seguir participando en activismos online y, cuando pueda, también en la calle. Por mucho que ustedes se empeñen en que nada de lo que hago es real yo sé que sí lo es. Y mucho.


viernes, 13 de marzo de 2015

Terry Pratchett

Mi ejemplar de Buenos presagios me mira acusador (1). Conseguí la firma de Gaiman en la última Feria del Libro. Recuerdo claramente que pensé que era maravilloso, que ya me faltaba menos para tener uno de mis libros favoritos firmado por los dos autores, a los cuales habría tenido el inmenso honor de estrechar la mano y de agradecer tantos buenos ratos. En mi cabeza no era tan difícil: un vuelo a Reino Unido y ya estaría.

Ahora ya no es posible.

Se nos ha ido sir Terence David John Pratchett, el Maestro, el Hombre del Sombrero. El hombre que me ha hecho llorar de risa en el transporte público. El hombre cuyas novelas me han consolado en momentos de amargura. El hombre cuyo sentido humano y profunda conciencia ética me eriza el vello de los brazos. Se ha ido pacíficamente, en su casa, con un gato durmiendo a sus pies, después de años de lucha tenaz contra el Alzheimer. En marzo, cuando están a punto de florecer las lilas.

Terry Pratchett apareció en mi vida cuando yo era muy pequeño. Alguien, probablemente un adulto que no me conocía mucho, me regaló por compromiso Ritos iguales cuando yo tenía igual 9 o 10 años. Me acuerdo de leerlo y de sentir que no le estaba sacando el jugo, que aquello se me escapaba. Años después, Sólo tú puedes salvar a la humanidad pasó también por delante de mis ojos sin pena ni gloria. Pero en 2º de la ESO cayeron en mis manos los tres libros de los gnomos... y todo cambió.

Cuando el mundo se hundía a mi alrededor, cuando los adultos que me rodeaban fallaban todos miserablemente en la tarea de darme cariño, apoyo y comprensión en plena adolescencia, cuando me sentía solo e incapaz de relacionarme, Pratchett fue mi refugio. Estaba el humor, claro. Pero también estaba la profunda condición ética que había detrás, las tenaces voluntades a la hora de hacer lo correcto que muestran personajes como Vimes, Yaya o la propia Muerte... a pesar de lo cual siguen siendo asombrosamente humanos, débiles y perdidos. Eso me daba esperanzas y fuerza, me mostraba que había algo más, me animaba.

A finales de 2013 murió mi padre. No le lloré: no significó ninguna pérdida en mi vida. Sucedió lo mismo cuando murieron dos de mis cuatro abuelos. Hoy he llorado a Terry Pratchett. Porque él ha hecho más por mi formación moral que cualquiera de las personas que deberían haber cumplido esa tarea. “Estamos aquí y esto es ahora”. Lo dijo Didáctilos en la biblioteca de Efebia, lo dijo Vimes en el pasado... y yo lo he usado para parar crisis de ansiedad. Tienes que centrarte en el trabajo que tienes delante.

Ha muerto Terry Pratchett, pero nos deja un mundo mejor. Quiero pensar que, después de leer una de sus novelas, todo el mundo sale un poquito más reflexivo, más empático, más sabio. Quizás es mucho pedir. En todo caso, no me lo quiero imaginar en un desierto, de la mano de la Muerte. Porque no hay un más allá, los dioses no existen. Om no va a venir a salvarnos ni detendrá in extremis ninguna batalla. No hay “otra vida” en la que podamos ser felices: tenemos que dedicar todos nuestros esfuerzos a serlo en esta.

Ya no habrá más novelas del Mundodisco. No leeremos nuevas aventuras de Vimes, Angua, Vetinari, Yaya, Zanahoria, Tata, Rincewind o Susan. Asumirlo es un duro golpe para el fan: el material que tenemos ahora es todo el que habrá. Pero no debemos llorar. No tenemos tiempo para hacerlo. Sir Terry Pratchett nos deja una tarea: sed buenos, dejad el mundo mejor de como lo encontrasteis, haced lo que debe hacerse y nunca tratéis a las personas como cosas porque ése es el primer pecado.

Podemos hacerlo.

Estamos aquí y esto es ahora.

La tortuga se mueve.







      (1) Es cierto, se supone que un libro no puede mirar, pero un baúl tampoco podía y el Equipaje se las arreglaba.

martes, 10 de marzo de 2015

Cuando no es el lechero: qué hacer si vienen a detenerte

Hoy han detenido a 19 personas, acusadas de un delito contra las instituciones del Estado por haber interrumpido, el pasado 17 de febrero, el Pleno del Ayuntamiento de Moratalaz con consignas antidesahucios. Se ha montado un operativo peliculero, con lecheras llegando a todas las casas a la vez y demás. Dejando aparte el hecho de que esta detención es puro autoritarismo (detener a alguien es una medida excepcional, que no tiene sentido si, como en este caso, se trata de personas que están perfectamente identificadas) me ha dado por pensar que en realidad hay un desconocimiento total de cómo enfrentarse ante un hecho tan anormal como es la Policía llamando a tu puerta para arrestarte.

Tu casa es tu castillo. El lugar donde tú vives está protegido por el derecho a la intimidad: eres tú quien decide, en todo momento, hasta qué punto lo abres. Entrar en casa de otra persona, aunque sea sin ningún objetivo ilícito, es por sí mismo delito de allanamiento de morada. Esto se aplica a cualquier persona, incluso al dueño de la vivienda: si estás de alquiler, tu casero no puede entrar en el piso por mucho que éste sea de su propiedad, porque lo que se protege aquí es tu intimidad. Y, por supuesto, se aplica a la fuerza pública.

La Policía sólo puede entrar en tu casa en dos supuestos: delito flagrante (es decir, que lo estés cometiendo en ese momento desde la vivienda o te hayas metido en ella mientras eras perseguido) u orden judicial. En cualquier otro caso los policías son como los vampiros: sólo pueden entrar si tú se lo permites. Y, como los vampiros, tienes que tener clara una cosa: por muchos argumentos que empleen para convencerte no son tus amigos, no buscan tu bien y no quieren ayudarte. Si están tocando a tu puerta para detenerte tienes que protegerte como sea. ¿Cómo? Pues aquí van unos consejos, pensados para un caso como el de hoy, de delito no flagrante.

      1.- Si se presentan por las buenas pidiendo entrar, no se les abre la puerta. Si estás en cualquier clase de activismo (lo cual, hoy en día, significa estar en riesgo) conviene que dediques unos minutos a hablar con las personas con las que convives. Infórmales de sus derechos y pídeles por favor que no abran la puerta. Esto es importante: aunque en principio para que un tercero pueda entrar en una morada ajena es necesario el consentimiento de todos los habitantes, si algunos consienten y otros no la casuística es amplia. El Tribunal Constitucional ha afirmado, por ejemplo, que se puede entender que hay un pacto tácito por el cual todos los moradores toleran las entradas consentidas por los demás salvo casos de contraposición de intereses. Así que mejor que todos estén de acuerdo en este punto.

      2.- Si afirman que tienen orden judicial, se les pide que la enseñen. Se les puede por ejemplo abrir sólo la puerta con la cadena, o incluso abrirla por completo dejando claro, antes de abrir, que no se les permite pasar. Si te va a dar tranquilidad, graba la escena con el móvil sin decírselo. Revisa la orden judicial, verifica que es un mandamiento de entrada y registro y que se dicta contra ti. Si todo está en regla, no te va a quedar otra que ser detenido. En otro caso, devuélveselo y ciérrales la puerta.

      3.- Si no estás en tu casa: si estás en casa ajena, habla con la persona que te aloja sobre el punto 1. No eres morador y no puedes ejercer los derechos que le corresponden a éste.

      4.- Si vives en un edificio okupado, no hay grandes cambios. La okupación es un delito (usurpación) pero si ya ha cristalizado en una situación más o menos prolongada, la Policía no puede decidir unilateralmente que eso no es un domicilio y entrar para buscar a nadie.

      5.- Si eres menor de edad: tampoco hay grandes cambios. En general un menor de edad puede ejercer los derechos fundamentales que esté naturalmente capacitado para comprender, y desde luego si eres capaz de ir a manifestaciones y formar una conciencia política eres capaz de ejercer la inviolabilidad del domicilio. Según la LO de Protección Jurídica del Menor (artículo 9) tienes derecho a ser oído en cualquier procedimiento que te afecte.

      6.- Si al final te detienen: recuerda que como detenido tienes una serie de derechos. Darían para otra entrada, pero entre ellos se cuenta el de no estar privado de libertad más tiempo del necesario (y nunca más de 72 horas), al apoyo de un abogado, a la asistencia médica... De todas formas sobre esto no voy a insistir porque la casuística de malas prácticas y torturas que se han denunciado en las comisarías de toda España es muy amplia.

      7.- En todos los casos: sé cortés. No entres en juicios valorativos sobre la actividad policial, no discutas con ellos, no les insultes. No les des pie a que consideren, por ejemplo, que has cometido un delito de amenazas o calumnias, que en ese caso sería flagrante y les facultaría para entrar. Limítate a exigir tus derechos con voz tranquila y a negarte a abrir la puerta si no hay orden. Puede que te amenacen, que te digan que te van a acusar de desobediencia o de resistencia o que te van a aplicar la Ley Mordaza: ellos saben que no pueden hacerlo, que no abrirles la puerta entra dentro de tus derechos fundamentales. Por si acaso, documenta en lo posible toda la situación, con el móvil o con testigos.

Y eso es todo, más o menos. Recuerda siempre que, si vienen a tu casa, los policías, como los vampiros, son tus enemigos. Y, como los vampiros, tienen que quedarse fuera.


[ADDENDA: ¿Y todo esto para qué? Añadido el 10/03/2015 a las 23:58]: Una cosa que se me ha olvidado decir, y que creo que puede ser objeto de una duda legítima más allá de las preguntas capciosas de los trolls, es para qué vale todo esto. Bueno, esto vale sobre todo para ganar tiempo. Unas horas durante las cuales puedes llamar a un abogado y presentarte con él en la comisaría que te convenga para que allí realicen las diligencias que tengan que realizarse. Poner en orden tus asuntos y prepararte para unas horas de privación de libertad, que lo mismo ni se producen. Que no es ni de lejos lo mismo que acabar en una celda sin terminar de desayunar.

[ADDENDA 2 (añadido el 11/03/2015 a las 17:24)] Como Menéame es un medio que me da asco sincero y como no tengo ganas de aguantar gilipolleces, los comentarios de esta entrada quedan cerrados hasta dentro de unas horas que se caiga de portada.



lunes, 9 de marzo de 2015

Mario García Montealegre

Mario García Montealegre es una joya. Toledano de bien, estudió ADE en Madrid y trabaja en la empresa de papá. Su familia le quiere y le arropa en los momentos difíciles. Tiene pasta para viajar y para mantener un nivel de vida obviamente alto. Así que, ¿qué es lo que le llevó la semana pasada a agredir sin provocación previa a una mujer que paseaba por Barcelona de noche, mientras un amigo lo filmaba entre risas, y a difundir luego la grabación? Cuando los medios de comunicación hicieron esa pregunta su padre respondió que el alcohol: agredir a una mujer es algo que podría hacer “cualquiera que se tome dos copas de más”.

El problema es que Mario García Montealegre es reincidente. Ayer se supo que en verano de 2013 hizo lo mismo en Benidorm. En la misma noticia uno de sus amigos (el que filmó la agresión de Barcelona) declara que “Mario hace habitualmente este tipo de bromas para hacer gracia y siempre lo grabamos para verlo después entre amigos”. Creo, señor padre de Mario, que la excusa de las dos copas se cae por su propio peso. Su hijo, cuando va borracho por la noche, tiene la costumbre de atacar a mujeres mediante patadas en el tobillo. A mujeres. No a porteros de discoteca. No a grupos de tíos. No a barrenderos ni basureros. No. A mujeres.

Porque lo que permite que Mario García Montealegre haga lo que hace no es el alcohol. Es la impunidad.

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer. En todo el mundo se oyó la voz de millones de mujeres pidiéndonos a los varones que, por favor, si no es mucha molestia y ya que nos ponemos, a ver si podríamos dejar de matarlas, agredirlas, silenciarlas, condenarlas a roles de cuidadora y preterirlas en general. Pidiendo, en definitiva, el fin de la impunidad y de la estructura social que la sustenta.

Y yo no puedo evitar pensar en Mario García Montealegre, en los miles de Marios que hay por el mundo que consideran un entretenimiento válido agredir a los que son más débiles que ellos (mujeres, personas LGTB+, gente que trabaja en puestos precarios y de cara al público) y no pueden defenderse. Estos Marios no son necesariamente pijos castellanomanchegos, ojo con las simplificaciones absurdas. Todos llevamos a un Mario dentro, más o menos a flor de piel según nuestras circunstancias vitales. Puede que nunca nadie nos haya dicho expresamente que es divertido pegar a mujeres (el lloroso padre de Mario seguro que no lo hizo), pero vivimos en un mundo donde las preferencias, necesidades, deseos y dignidad de éstas no importan.

Mario García Montealegre es el epítome de lo que pasa cuando dejamos que toda la mierda machista que ha sedimentado durante años en nuestros patrones de conducta guíe nuestro comportamiento. Si los hombres no nos rebelamos contra eso y no empezamos a desaprender muchas cosas cualquier día podemos encontrarnos pateando viandantes porque es gracioso. “¡Yo nunca haría eso!”, pensarás, y probablemente con razón. Pero Mario tampoco empezó atacando a mujeres. Es sólo un paso más en una escalera que tiene los peldaños tan juntos que se parece demasiado a una pendiente. Agredir a chicas porque sí es horrible e impensable, pero ¿lo es decirles un piropo baboso? Y, una vez que has aceptado eso, ¿lo es seguirlas en manada? Y así sucesivamente.

Así que, en este día post-8M, quiero hablar para otros hombres. Escuchad a las compañeras, analizad vuestros actos y vuestros pensamientos para entender qué no debería estar ahí y dejad de hacer todo lo que no proceda. Luego, si podéis, llevad este tema a los lugares donde la voz de las mujeres queda silenciada, sin apropiároslo pero defendiéndolo con firmeza. No será sencillo pero, como dijo un gran filósofo, a veces hay que elegir entre lo que es fácil y lo que es correcto.

¿Y Mario García Montealegre? Él bien, gracias. Sí, le han detenido y le van a juzgar por una falta, o como mucho por un delito cuya pena quedará suspendida. Su nombre sale en todos los diarios, pero teniendo la empresa de papá como base puede que no necesite nunca buscar trabajo. Dentro de tres años podrá decir “entonces yo era un cretino” con la seguridad de que será creído. Para él esto no va a ir más allá de un susto por la detención y una anécdota que contar en el bar. Impunidad, impunidad e impunidad.

Tenemos que acabar con ella.



viernes, 6 de marzo de 2015

No, el PP no está imputado

El juicio por el caso Gürtel sigue adelante, aproximándose ya a su final. Ruz ha terminado de instruir el caso (es decir, de investigarlo) y ha mandado abrir juicio oral contra 39 personas. ¿Qué queda ahora? Que las acusaciones (la Fiscalía Anticorrupción y las particulares que pueda haber) presenten sus escritos, que las defensas hagan lo mismo y que, por fin, se les juzgue. Parece que este año tendremos la sentencia.

En estos días va a ser muy común leer que el PP debería disolverse porque “está imputado”. Efectivamente, el juez Ruz ha mandado abrir juicio oral contra la organización (imponiéndole de paso una fianza importante), que va a tener que defenderse cuando la Fiscalía Anticorrupción se refiera a ella en su escrito de acusación. Sin embargo, y aunque no dejo de estar de acuerdo con la primera parte de la frase (el PP debería disolverse), la segunda es radicalmente falsa: el PP, como organización, no ha sido imputado. Al PP, como a Ana Mato, se le ha considerado “partícipe a título lucrativo” o “receptador civil”, dos términos que suenan mucho peores de lo que luego son.
Cuando alguien es imputado (y, posteriormente, acusado) quiere decir que hay indicios fundados de que ha cometido un delito y por tanto se decide investigarle y, si procede, juzgarle. Si el juicio termina con condena, esa persona debería cumplir su pena (responsabilidad penal) y, además, resarcir o indemnizar los daños que se hubieran producido (responsabilidad civil). En caso de delitos con dinero público, esta responsabilidad civil implica devolver todo lo que se ha robado.

La cuestión es que es posible que haya personas que sean consideradas responsables civiles de un delito sin ser responsables penales del mismo. Así, los padres pueden verse obligados a pagar la responsabilidad civil de los delitos cometidos por sus hijos, en los cuales ellos no tienen nada que ver. Pues bien: la figura de “partícipe a título lucrativo” se mueve en esta esfera. Se trata de alguien que ha recibido sin contraprestación (es decir, mediante regalos o herencia) bienes que proceden de un delito pero sin conocer dicho origen, ya que si lo conociera estaríamos ante un delito de receptación. Por eso, esta figura excluye una eventual condena penal: desde el primer momento presupone que el partícipe a título lucrativo no cometió ningún delito, sólo se lucró con los efectos de uno sin saberlo. Esto implica que no se le impone ninguna pena pero que debe devolver lo que ha recibido ilegalmente.

Ahora bien, vayamos más allá: ¿podía Ruz hacer otra cosa? Si hubiera querido, ¿podría haber imputado al PP (no a las personas que lo componen, no: a la organización)? Pues la respuesta es no. Voy a explicarlo.

Tradicionalmente las personas jurídicas (asociaciones, empresas, partidos políticos) no podían ser imputadas. Se atendía a un modelo de imputabilidad que se basaba en las características psicológicas de la persona humana: sólo un ser humano podía tener el dolo necesario para cometer un delito. Las organizaciones a través de las cuales operara este ser humano serían, en todo caso, herramientas del delito o responsables civiles de alguna clase.

En 2010 cambia la cosa. Se incorpora el artículo 31 bis al Código Penal, que permite imputar delitos (y condenarlas por ellos) a las personas jurídicas. Sin embargo, aun entonces el PP era intocable, porque la norma excluía a partidos políticos y sindicatos. Esta exclusión carecía de sentido y, por ello, tres años después fue eliminada. Desde 2013 los partidos políticos pueden ser imputados y condenados.

Pero eso no se aplica a la trama Gürtel. ¿Por qué? Muy simple: porque los hechos de la misma suceden entre 1999 y 2005, cuando las personas jurídicas eran inimputables. Y una regla básica del Derecho penal es que no se pueden aplicar normas sancionadoras retroactivamente, salvo que beneficien al interesado. O, en otras palabras, que si en 2013 el legislador decide que los partidos políticos son imputables, eso no se aplica a hechos cometidos en 2005 como tarde. Además, la imputabilidad de las personas jurídicas no está prevista para todos los delitos: sí lo está para la receptación y el blanqueo de capitales, pero no para el cohecho o el tráfico de influencias, por ejemplo.

Así que no: el PP no está imputado ni puede estarlo. Ruz le ha implicado en la trama al máximo nivel en que podía hacerlo: como responsable civil a título lucrativo. No podrá ser condenado, pero va a tener que devolver todo lo que recibió injustamente. Esperemos que eso deje su contabilidad tan temblando que no pueda continuar con sus actividades políticas, de tal forma que sus miembros entreguen las actas de diputado y se rindan.