El mundillo de los cursillos de seducción siempre me ha espantado. Van dirigidos a hombres que no ligan y su finalidad es, bueno, que liguen. Para ello se valen de un montón de tópicos, “herramientas” y privilegios que jamás asumirán tener. Se publicitan como simples apoyos, personas que ayudan a hombres a recuperar la confianza en sí mismos, pero eso no es así: en realidad se dedican a enseñar juegos mentales, manipulación y métodos para insistir. La vinculación de estas “academias” con la cultura de la violación es obvia: para ellos el consentimiento de las mujeres es, en el mejor de los casos, un obstáculo. Si no fuera así no manipularían para obtenerlo.
Quizás uno de los más repulsivos PUA (pick-up artists) que pueblan la red sea Álvaro Reyes, nombre de guerra de un tipejo que se ha hecho famoso por el dudoso honor de que eldiario.es le dedique un artículo en el cual se destapa su horrible negocio. El artículo, que ha provocado que Reyes retire un vídeo de “humor” en el cual dice que la mejor forma de terminar con una relación es mediante una paliza, sólo destapa una realidad. Álvaro: eres un machista, un aprovechado, un formador de agresores y un ser humano de una catadura despreciable.
¿Qué no es así? Bueno, veamos algunos ejemplos. Como este vídeo, en el cual Reyes se dedica a besar por sorpresa y tapando los ojos a mujeres que van tranquilamente por la calle. ¿Se puede imaginar mayor desvalorización del consentimiento de sus víctimas? Y sí, digo víctimas, porque lo que hay en el vídeo son agresiones sexuales: emplea la violencia (bien que en una cantidad escasa, derivada del propio contexto social) para obtener de sus presas una recompensa inequívocamente sexual, vulnerando por completo su libertad. La única razón por la que podría salir absuelto si una víctima le sienta delante de un juez es que éste considere que, siendo agresiones tan relativamente leves ("sólo" da besos), no está justificada la imposición de una pena, no porque sus actos no integren el tipo penal.
Reyes se vanagloria de este truquito. Así se puede ver, por ejemplo, aquí: se trata de la copia en caché (la página principal ha desaparecido, qué curioso) de un “campamento de verano” que Reyes y algún otro de sus amigos ha montado para sacarle dinero a desesperados. En la sección “Algunas cosas que aprenderás” se menciona (dos veces, como si fuera increíble) “el ABRIDOR del beso de Álvaro Reyes”. Es decir, iniciar la interacción con un beso. ¡Ídolo, machote!
La página del campamento de verano es muy ilustrativa. Los incautos que paguen tendrán “acceso completo y sin restricciones a todo el alijo de abridores, trucos, rutinas, temas de conversación, técnicas de escalada, y absolutamente todo lo que utilizamos para conseguir resultados increíbles”. Se trata de trucos, nada más. La otra persona se convierte en una cosa, un punto en un marcador, un objeto de deseo que puede obtenerse si se emplean las estrategias adecuadas. Y, como se trata de una cosa, no importa lo que tenga que hacerse para lograrla.
El lenguaje de todas las páginas de Reyes y sus amigos es creepy a más no poder. Así, por ejemplo, en el programa de otro de sus talleres se enseña a manipular desde el principio (“Entra con mucha más energía que ella”), a aislarla de sus amigos (“Frases para aislarla del grupo”) o a dar pasos hacia una relación sexual que puede que ella no quiera (las llamadas “técnicas de escalada”). Este artículo, escrito por uno de sus discípulos y publicado en su web, revela también mucho: se trata de trucos para salir por la tangente en una conversación, aplastando todo lo que tenga que decir la chica bajo la propia verborrea para dejarla trastocada (palabra suya, no mía), ya que así “tienes gran parte de la interacción ganada”. Porque es una competición. O un adiestramiento, como dice este otro alumno contento: “la premiaba con un abrazo cuando decía algo bueno de mi (sic.), y la castigaba sin abrazo cuando no…manteniéndola en un estado emocional optimo” (1).
No voy a insistir más en esto. Cualquier artículo que encuentres escrito por Reyes, sus cómplices o sus discípulos tiene las mismas características: un lenguaje de depredador sexual (aislar, trastocar, ganar la interacción) que asusta, machismo supurante, trucos para dominar y controlar la conversación, el ligoteo visto como un proceso de asedio, las mujeres entendidas como cualquier cosa más que como personas. En sus cursos no se menciona ni una sola vez el consentimiento. ¿Y por qué iba a ser así? No les importa que las mujeres consientan: les importa ganar dinero enseñando a hombres inseguros cómo agredirlas sexualmente, porque todos sabemos que cuando dicen que no en realidad es que sí.
Bueno, quizás sea todo muy exagerado, ¿no? Igual me estoy pasando, no es para tanto… ¿no?
Bueno, quizás sea todo muy exagerado, ¿no? Igual me estoy pasando, no es para tanto… ¿no?
"No, para" mientras la beso. "No, para" mientras entra a casa. "No, para" mientras le quito la ropa. "No, para" mientras follamos.” (Álvaro Reyes, @alvarodaygame, 27 de febrero de 2014, captura de pantalla)
No hay más preguntas, señoría.
(1) Unas líneas más abajo tiene la cara dura de decir que “Me sentí un poco mal al utilizar a mis amigos” para manipular a la chica a la que quería llevarse a la cama. Hay que echarle cuajo.
ACTUALIZACIÓN 15/05/2014, 15:58. Borraré todos los comentarios que contengan publicidad. Considero publicidad cualquier enlace a páginas de Jeremías Pérez (a.k.a. Álvaro Reyes) o de cualquier otro coach de seducción, sea en español o en otro idioma. También considero publicidad los comentarios escritos en tono "la seducción científica me ha cambiado la vida". Y, por supuesto, esto no debe interpretarse como que no borraré comentarios que no tengan publicidad.
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