domingo, 12 de agosto de 2018

Ni una copita ni media

Gracias a @MyFreedom14 por echarle un ojo a este texto y corregir la parte científica.



Lo bonito que tienen los bulos es que son autovalidativos. No hace falta que haya datos para creérselos, pero cuando aparece la más mínima sombra de una evidencia favorable, ésta se esgrime como si probara algo. Por supuesto, cuando el bulo parece apoyar un comportamiento socialmente aceptado pero que en realidad no es bueno, el proceso se agudiza hasta límites insospechados.

Sucede de forma cíclica con el tema del consumo de alcohol. Ya he hablado alguna vez de que vivimos en una sociedad alcohólica (con c, no con z), y no creo que sea exageración: los fermentados y los destilados permean todos los aspectos de nuestra cultura. Sin embargo, todos sabemos que consumirlos no es bueno para nuestra salud: provocan desinhibición (que nos puede llevar a hacer cosas peligrosas o perjudiciales), a la larga causan enfermedades y de hecho cada vez está más estudiado su vínculo causal con determinados tipos de cáncer.

Así, es normal que su consumo genere cierta disonancia cognitiva. Es malo para mi salud. Pero me gusta. Pero es malo. Pero todo mi entorno lo consume. Pero es malo. Pero es una conducta normalizada y hasta exigible en ciertas circunstancias. Pero… y así hasta el infinito. Entonces aparecen noticias como la que se ha viralizado esta semana (“Las personas que no beben alcohol tienen mayor riesgo de padecer demencia”) y la disonancia cognitiva se rompe. ¡Acabáramos, lo malo no es el alcohol, sino su abuso! ¡Y las bebidas alcohólicas tienen propiedades beneficiosas, por lo que beberlas de forma moderada es mejor que no beberlas!

Por supuesto, nada de lo anterior tiene la más mínima base. Para empezar, por lo difícil que es definir el “consumo moderado”: no es tanto que cueste establecer un estándar (una copa diaria para mujeres y dos para hombres) como que la gente no se adecúa a él. Cualquier médico te podrá contar que si quiere averiguar cuánto alcohol beben sus pacientes no puede limitarse a preguntarlo, porque la respuesta va a ser invariablemente “ah, lo normal”. Te va a contestar “ah, lo normal” tanto el bebedor social como el alcohólico que se baja una botella de ginebra al día. Es algo tan establecido que la gente no lo ve.

Incluso si consiguiéramos fomentar un consumo verdaderamente moderado, las noticias sobre su supuesto efecto beneficioso no dejan de ser bulos. Así, la comparación con los abstemios tiene un problema metodológico de base: como es difícil encontrar a abstemios voluntarios (sociedad alcohólica, ¿recordáis?), los estudios se hacen con personas que no pueden beber alcohol por enfermedad, por seguir un tratamiento médico incompatible o incluso por ser exalcohólicos. En otras palabras, los abstemios que participan en los estudios científicos son personas que están mal de salud: normal que presenten mayor riesgo de mortalidad. Pero dado que este efecto desaparece cuando se controla esa variable, deberíamos dejar de decir que el consumo moderado de alcohol beneficia a la salud.

Otro caso famoso es el conocido como “paradoja francesa”: una serie de estudios que indicó que los franceses morían de infarto mucho menos de lo que cabría esperarse en personas que tienen una dieta tan rica en mantequillas, patés y quesos. La solución parecía ser el vino, cuyos componentes reducían el riesgo de enfermedad cardiovascular. La paradoja francesa es la responsable, en buena medida, de la popularidad actual de los mitos sobre los beneficios del alcohol.

Sin embargo, la “solución enológica” de la paradoja ha recibido fuertes críticas. Así, se ha señalado el factor cultural (los franceses, además de comer quesos y mantequillas, siguen una dieta mediterránea) y el de clase (si alguien puede permitirse tomar vino con asiduidad probablemente también pueda permitirse mejor comida, hacer ejercicio y tener otros hábitos saludables). También está la apreciación de que aunque el vino pueda ser saludable eso no justifica que te aprietes ocho cubatas cada viernes noche. En tercer lugar, habría que decir que ese efecto cardioprotector se ve contrarrestado por el aumento de la probabilidad de otros daños derivados del consumo de alcohol. Y por último, está el que a mí me parece el argumento definitivo: si hay componentes saludables en el vino, ¿por qué tomarlos mezclados con alcohol? ¿No sería más lógico consumirlos de forma autónoma, procedentes de otros alimentos, como por ejemplo la propia uva?

Esto nos lleva al segundo punto: demostrado ya que no es cierto que el consumo moderado sea mejor que la abstención, hay que atacar la idea de que lo malo no es el uso sino el abuso. A ver, es evidente que a mayor ingesta peores consecuencias, pero el hecho es que no hay un umbral seguro. El alcohol es un tóxico y además es adictivo: cualquier nivel de consumo es peor que no consumirlo. Esto es un hecho y no admite vuelta de hoja: incluso los análisis que hablan de presuntos efectos beneficiosos en las bebidas alcohólicas los atribuyen a los demás componentes, no al etanol.

Cuando contrastas estos hechos la gente se enfada. Aparecen las coñitas y la incomodidad. Si la gente a veces se siente agredida por la mera presencia de abstemios a su alrededor (¿nunca habéis oído el encantador “no te fíes de alguien que no bebe”?), imagínate cuando ese abstemio abre la boca y les cuestiona los beneficios de su costumbre. De lo que te llaman, aburrido es lo menos: creo que ganaremos mucho el día en que el alcohol deje de estar asociado a la diversión, la verdad.

Y por supuesto, tarde o temprano llegará la acusación de querer imponer tu modo de vida. “¡Deja que la gente haga con su cuerpo lo que quiera!”, te dicen. Y yo dejo, faltaría más. Aunque no me gustan las drogas, no soy un partidario acérrimo de su prohibición. Eso sí, si el alcohol es legal, debería haber medidas más duras en relación a su etiquetado, publicidad y tributación. Si las cajetillas de cigarrillos llevan advertencias sobre su incidencia en la salud, ¿por qué no hacer lo mismo con las botellas de alcohol? Si está prohibida la publicidad de tabaco, ¿por qué no lo está la de alcohol inferior a 20º? Si el tabaco solo se puede vender en puntos concretos, ¿por qué puedo adquirir alcohol en cualquier supermercado?

Sí, el consumidor tiene derecho a elegir, pero para elegir hay que contar con información. Tenemos muy claro que el tabaco es malo; las campañas han ido calando entre la población, que cada vez fuma menos. Con el alcohol debería hacerse lo mismo, y cuanto antes lo hagamos antes empezará el cambio social. El objetivo debería ser desterrar el bulo y que como sociedad tengamos claro que ni una copita ni media: el mejor nivel de consumo es cero.





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8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Y con eso quiere decir que...

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    2. Diría que te ha bailado un dedo. Es que en el texto pone "deshinibición" y es, obviamente,"desinhibición". Como dato imprescindible añado que yo escribo "exhorbitante" si me despisto, cuando "órbita" no lleva hache. Tenía que decirlo.

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    3. Aaaaaaaaah. Coñe, pues podría explicarlo como tú. Ahora lo cambio.

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  2. Y las mismas campañas deberían hacerse para los productos alimenticios industriales, especialmente los que llevan azúcar (la gran mayoría).

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    1. No te lo niego en absoluto, pero me parece más urgente lo otro porque no hay nadie que diga que los Donettes consumidos con moderación mejoran la salud.

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  3. Pues yo estoy a favor de legalizar (y por ende regular) las drogas. Todo tipo de drogas. Con mucha información acerca de los efectos del consumo. Y antes de que se me echen al cuello los que están en contra, enfatizo lo de "regular" su consumo: incompatibilidades, fuertes multas y cárcel por su consumo en situaciones de riesgo ajeno, etc.

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