viernes, 29 de junio de 2018

Qué hay que hacer con los restos de Franco


El Gobierno de Pedro Sánchez lo tiene jodido. Se basa en una extraña combinación parlamentaria que incluye partidos que están más a la izquierda que el suyo y partidos de derechas pero con aspiraciones nacionalistas o incluso independentistas. Además, cualquier reforma constitucional exige el consenso del PP, que es quien controla el Senado; ese mismo control le permite poner palos en las ruedas a cualquier legislación progresista que se quiera implementar. Por último, al menos para 2018 tiene que gobernar con unos presupuestos heredados.

Así las cosas, a Sánchez le quedan básicamente las políticas de gestos, que cuesten poco y recuerden al electorado que el PSOE se define a sí mismo como partido progresista. Si no analizo mal la situación, su mejor estrategia es pasarse los dos años que quedan de legislatura dedicándose en cuerpo y alma a la tarea de no ser el PP: derogar las partes más duras de la ley mordaza, tratar el tema catalán con diálogo y no con palos, legislar por decreto sobre temas poco costosos, etc. La idea, por supuesto, es que eso le conduzca a un resultado electoral decente en 2020 y a revalidar el cargo.

Las políticas de memoria histórica se prestan muy bien a este juego. Son baratas, cabrean a los fachas, unen a los propios y obligan a Podemos a prestar apoyo casi incondicional. El PSOE lleva tiempo moviendo este asunto y hablando de reformar la Ley de Memoria Histórica para incluir extremos que se dejaron fuera la otra vez, como la anulación de las condenas impuestas por los tribunales franquistas. Y parece que Sánchez quiere evitar que el tema se convierta en otro “hay-que-denunciar-el-concordato” (algo que siempre se promete en la oposición pero nunca se hace en el Gobierno), porque ha declarado que en menos de un mes los restos de Franco estarán fuera del Valle de los Caídos.

La exhumación del dictador se enmarca en un paquete de medidas memorialistas tales como considerar que el trabajo de localización de fosas comunes sea una tarea del Estado, ilegalizar la Fundación Francisco Franco o reformar el Valle de los Caídos para que deje de ser un símbolo de victoria. Lo que más gracia me ha hecho es que Sánchez ha declarado que la exhumación se va a hacer sin anuncio previo para evitar manifestaciones, pero que tendrá un carácter de “normalidad democrática”. Lo siento, señor presidente, pero no cuela. Si tienes que hacer el trabajo de noche y sin avisar porque si no se te llena aquello de fachas que te montan un disturbio, mucha normalidad democrática no hay.

Pero lo que más me preocupa del traslado de la mojama de Franco no es el cómo, sino el dónde: ¿se lo van a devolver a la familia, para que lo meta en el pazo de Meirás? ¿O van a hacer lo que sería lo apropiado, que es incinerarlo hasta que no queden ni los restos? Hay quien se echa las manos a la cabeza cuando propongo esto, e invoca el respeto a los muertos. Pero es que no estamos ante un muerto cualquiera, sino ante un dictador: un personaje público que sojuzgó España durante casi cuarenta años mediante un régimen del cual es heredera la democracia en la que vivimos. Si ésta quiere merecer tal nombre, tiene que desmarcarse de la figura de ese criminal, y para ello cuantos menos miramientos mejor. Nada de enterrarlo en otro sitio, porque entonces los herederos ideológicos del régimen irán a reunirse a ese otro sitio.

El poder de los símbolos es importante, y ningún símbolo es mejor que un buen monumento funerario… o su ausencia. Esto lo sabían los partisanos que enterraron a Mussolini en una fosa común, los alemanes que construyeron un aparcamiento encima del búnker donde se suicidó Hitler, los soviéticos que montaron todo un mausoleo para honrar a Lenin y los faraones egipcios que mandaban borrar de las estelas los nombres de sus antecesores. Y por supuesto lo sabía Franco cuando decidió construir el Valle y hacerse enterrar allí. Si quieres que una figura sea recordada y admirada, montas un monumento en su honor; si quieres que sea denostada y que su culto público sea mal visto, lo demueles. Sánchez tiene que decidir en qué lado está.

Hay quien me ha dicho que destruir el cuerpo del dictador (y demoler el Valle, otra idea que defiendo yo mucho) es precisamente una negación de la memoria histórica, ya que ¿acaso los alemanes han arrasado los campos de concentración nazis? No cuela, porque no es lo mismo en absoluto. Monumentos de recuerdo a las víctimas de la dictadura y centros de estudio histórico de la guerra, los que se quieran; lugares de peregrinación de los nostálgicos del franquismo, cero.

Así que sí, me reitero en lo que dije enun artículo de hace un año: que el fuego acabe con el problema. Cuando escribí esas líneas el PSOE estaba en la oposición y no podía ni siquiera soñar con que iba a tocar poder en algún momento de los siguientes siete años; podía permitirse hacer promesas sobre el tema, y de hecho las hizo. Ahora se ha girado la tortilla y mandan ellos, así que toca retratarse. Y como las condiciones lo favorecen, creo que lo van a hacer. Veremos si lo hacen hasta el final.

Góngora escribió un verso que se adecúa muy bien a la situación, y no me voy a resistir a citarlo para cerrar este artículo. Que tengo yo cuerpo de Góngora, vamos. Y es que ya es hora de que el cadáver del dictador se convierta, como dijo el poeta, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”.




6 comentarios:

  1. Y no decir en qué horno se le quemó que los fachas son capaces de peregrinar allí.

    Te echamos de menos en twitter, a ver si te quitan pronto la suspensión.

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    1. Eso es cierto. Por lo que sé, en Alemania hay nazis que peregrinan hasta el aparcamiento de hormigonazo debajo del cual está el búnker de Hitler.

      Me parece a mí que Twitter ni va a responder a la apelación y me va a tocar abrirme cuenta nueva ¬¬

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  2. Cien por cien de acuerdo con esto. Para recordar lo que Franco hizo no hace falta tener su cuerpo, basta con que en los libros de Historia se le describa tal y como fue: un dictador ultraconservador que aprobaba o, al menos, toleraba el asesinato de todas las personas no ultraconservadoras; la violación de mujeres republicanas; el latrocinio masivo contra familias progresistas y la exclusión legal, social, política y económica de toda persona que no cupiera en su estrechísima forma de ver el mundo.

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    1. Ojo, que a mí me parece bien recordar todo lo que hizo Franco. Incluso las cosas positivas. Nunca voy a decir que no al estudio de la Historia. Pero dejar sitios para que peregrinen los fascistas no, gracias.

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  3. ¿Qué cosas positivas hizo Franco? ¿Los pantanos?
    No es de coña, pregunto de verdad.

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    1. Pues hombre, gobernó 40 años, no todo pudo ser negativo xD A mí se me ocurren cosillas, como sistematizar la legislación de Seguridad Social, implantar la Selectividad, hacer ciertas obras públicas...

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