domingo, 11 de junio de 2017

La importancia (relativa) del worldbuilding

Una de las facetas menos conocidas de Isaac Asimov es la de escritor de relatos de misterio. Durante años, el buen doctor escribió sobre los Viudos Negros, un peculiar club de varones neoyorkinos de buena posición que, por azares del destino, acababan convertidos en detectives de salón. La dinámica siempre era la misma: los viudos negros se sentaban a cenar y traían a un invitado, que planteaba un problema o un misterio. Después de darle muchas vueltas y examinar el asunto desde distintas aristas tenía que ser Henry, el camarero, el que les sacara las castañas del fuego y diera con la solución.

En uno de los relatos, los viudos negros se encuentran examinando el mundo de Sherlock Holmes. El problema de su invitado es el siguiente: tiene que escribir un artículo que explique un determinado punto oscuro de la ambientación sherlockiana, pero con referencias solo a la ficción literaria. Cualquier mención a Doyle está prohibida (1). Cuando el invitado explica las reglas del juego, uno de los viudos negros responde:

Sé lo que quiere decir. Una vez conocí a un fanático de Holmes, quien me dijo que estaba ocupado en un trabajo que demostraría que ambos, Sherlock Holmes y el doctor Watson, eran fervientes católicos, y yo le dije: "¿Es que Doyle no era católico?", y lo era, por supuesto. Mi amigo me miró muy fríamente y me dijo: "¿Y eso qué tiene que ver?"

Lo que acabo de contar le sonará familiar a cualquier fanático de la fantasía y la ciencia ficción. Nos encanta especular sobre los mundos en que se ambientan nuestras historias favoritas. ¿Qué estructura política tiene la Inglaterra mágica de Harry Potter? ¿Quién es el mejor comandante militar de los Siete Reinos? ¿Cómo se cuadra la incoherencia que parece haber entre la página 281 del tomo 1 y la 124 del tomo 4? En la red hay cientos y cientos de párrafos destinados a esclarecer y debatir estos problemas, en lo que esencialmente es un juego literario de alcance global.

Y el juego tiene, como todo, sus reglas. Imaginaos un foro donde estamos discutiendo por qué, si en el mundo de Harry Potter la comida no puede conjurarse de la nada (Las reliquias de la muerte), Minerva McGonagall fue capaz de hacer aparecer un plato lleno de sándwiches en La cámara secreta. La discusión está animadísima. Si de repente viene alguien a meter a J.K. Rowling en esos razonamientos, le vamos a mirar mal. Y si encima nos cuenta que lo que estamos debatiendo no es más que un error de worldbuilding, nos lo vamos a comer vivo. ¡Ya sabemos que nuestros escritores favoritos cometen errores, capullo, pero es que el juego va por otro lado!

A los frikis nos encantan esos juegos. Y creo que, entre otras cosas, por eso causó tanta hilaridad en mi entorno una entrevistaa un flipadito llamado Emilio Bueso que venía a decir que un worldbuilding no es De Verdaz si no explica cómo orbita el mundo alrededor de su estrella y no desciende a nivel molecular para definir el ciclo del carbono. El caradura llega a afirmar que Sapkowski, Sanderson y Tolkien (¡Tolkien!) no saben construir mundos porque se limitan a coger la ambientación medieval y a mezclarla con mitología. Que hay que echarle narices para espetarle algo así a un tipo que definió la gramática de sus idiomas ficticios.

Ante semejante sarta de chorradas no pudimos más que echarnos a reír. Porque, precisamente gracias a estos juegos literarios que tanto practicamos, sabemos que el worldbuilding no es un fin en sí mismo sino una herramienta, algo que el tal Bueso no parece haber entendido. El juego literario es posible porque ningún mundo fantástico es completamente coherente, y no lo es porque no necesita serlo: una ambientación ficticia no debe ser perfecta, sino servir para enriquecer la historia que quieres contar.

¿Tú para qué escribes? Para contar una historia, ¿no? Para explicar los avatares de unos personajes a los que les pasan cosas, toman decisiones y resuelven problemas. La construcción del mundo tiene que ser funcional a ese objetivo básico. Si un elemento del worldbuilding no sirve a ese propósito, no agrega nada a la trama y ni siquiera añade color, sobra por completo. Si tu novela está plagada de cosas así, quita a los personajes, ponle un sistema de reglas y véndelo como libro de rol: como historia ya te digo yo que no va a funcionar.

Por ejemplo, el tema de la órbita en torno a la estrella. Supongamos que el mundo de Poniente, en el que se ambientan las historias de CDHYF, tiene estaciones largas e irregulares debido a esta razón (2). Ahí tendríamos un ejemplo de worldbuilding bien planteado: esos ciclos estacionales definen el mundo, son fuente de leyendas (el invierno sin fin que sobrevendrá si ganan los Otros), fijan el calendario (se habla de “el año del falso verano”), estructuran la sociedad e incluso permean el lenguaje (“oh, mi dulce niño del verano”). Ahí sí tiene sentido que me expliques la mecánica celeste, porque se trata de un dato importante para la historia. Sin embargo, si lo que quieres es contarme la enésima versión del viaje del héroe, cosa que parece que pretende hacer Bueso… pues qué quieres que te diga: para ese viaje no hacían falta estas alforjas.

No estoy diciendo que no me guste encontrarme mundos construidos de forma original. De hecho, la idea de Bueso –un planeta que no rota, por lo que hay un área permanentemente en sol, otra permanentemente en sombra y una franja intermedia– me parece interesante (3). Esto no es una reivindicación de la mediocridad y un rechazo de la imaginación. No: lo que estoy diciendo es que si te pregunto de qué va tu novela y lo que haces es soltarme una parrafada sobre tu mundo, probablemente lo que haya después no sea demasiado interesante. Y si lo metes en la novela será peor, puesto que nada aburre más que un autor intentando enseñarle al lector lo mucho que controla de política, economía o geografía mediante largas parrafadas o, peor aún, diálogos sin sentido (4).

Dame una historia interesante. Dame aventuras que me tengan en vilo. Dame unos personajes con los que me pueda identificar o a los que pueda odiar. Dame un misterio que ponga a prueba mi inteligencia. Dame acción a raudales, diálogos ingeniosos o motivos para reflexionar. Con cualquiera de esas cosas me vas a tener contento. Y dame un mundo que sirva para sostener y enriquecer todo lo anterior. No me des un mundo perfecto, escrito con tiralíneas y donde todo está minuciosamente definido, porque en realidad no me interesa. Yo leo por los personajes y por la historia, no para maravillarme de tu originalidad a la hora de construir mundos.

También quiero apuntar que soy muy consciente de que este enfoque no es original. No he inventado la sopa de ajo: muy al contrario, casi no hay guía del escritor de fantasía que no contenga el consejo “deja el worldbuilding y ponte a escribir de una vez” (5). Al fin y al cabo, todos hemos leído a Tolkien y todos pasamos por una etapa de flipar con los mundos complejos y profundos. La madurez llega cuando asumes que es mejor tener un mundo apenas esbozado pero funcional que un mundo gigantesco y vacío de personajes.

Porque aquí venimos a contar historias que diviertan, atrapen y emocionen. Y eso de verdad que lo puedes hacer sin necesidad de inventarte el ciclo del carbono.








(1) El relato es “El crimen definitivo”, disponible aquí. El invitado está intentando determinar, con los datos disponibles en la ficción, de qué trata La dinámica de un asteroide, un libro que en la ficción holmesiana fue escrito por James Moriarty.

(2) En realidad Martin ha declarado varias veces que desvelará ese misterio en algún momento y que la respuesta será de carácter mágico, pero eso no ha impedido que se especule con el tema y se invoquen argumentos más o menos serios.

(3) Cuando era adolescente teoricé un mundo con dos soles, uno iluminando el hemisferio norte y otro el hemisferio sur. El ecuador sería una interminable cordillera helada e infranqueable. Por supuesto, parte de la gracia de la historia estaba en que mi protagonista viajaba al otro hemisferio por medio de la magia.

(4) Aborrezco especialmente el truco del “como sabrás”, que consiste en que un personaje le cuente a otro algo que éste ya sabe pero empezando el diálogo con un “bueno, como ya sabrás…” para evitar que cante tanto.

(5) Incluso he leído aproximaciones tan radicales como “no construyas mundo, déjalo fluir”. Y tenían algunos argumentos interesantes, como por ejemplo: “si has determinado que para ir del punto A al punto B se necesita un mes de viaje a caballo, estarás jodido si tus personajes tienen que llegar en tres días”.





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17 comentarios:

  1. Un poco al caso de los "errores" y la "perfección" de los mundos de ficción es la verosimilitud. Me explico. He leído ya a varios autores comentar que en algunos casos, tuvieron que dejar detalles reales fuera de sus historias porque los editores o correctores o lectores de prueba les dijeron que eran inverosímiles. Ellos respondían que eran casos verídicos, cosas que habían leido en noticias, información fidedigna... y aún así no había quién se lo tragara, acababa con toda suspensión de incredulidad.
    Lo que quiero decir es que, en nuestro mundo, con toda su física, su astronomía, su ecología, su geopolítica, su sociología, su física, química y biología... pasan cosas que parecen que son sacadas totalmente de la manga y que si un escritor las pusiera en un libro diríamos: INVENT.

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    1. Muy bien explicado, en una muy recomendable página:
      "No, en serio: Si Dios trabajase diseñando tramas en una productora lo habrían despedido a los dos días. O lo habrían ascendido a director general de algo, como parece ser el caso."
      https://bloguionistas.wordpress.com/2015/11/25/ese-incomodo-asunto-de-la-magia/

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    2. Qué curioso lo que decís ambos, y qué bueno el texto del enlace. Es totalmente cierto que en el mundo real pasan cosas que jamás serían permisibles en la ficción. Muchas veces los asuntos se resuelven por un conjunto altamente improbable de carambolas.

      Por ejemplo: supongamos una pareja de chicos que trabaja en la misma empresa. Un directivo manda un email interno donde les tacha de enfermos, reconoce haber leído sus correos electrónicos y pide despedirlos. Alguien imprime el email del directivo y se deja una copia en la impresora. Uno de los dos chicos insultados, como parte de su trabajo, revisa la impresora, encuentra el mensaje y se querella contra la empresa. En la ficción arquearíamos las cejas ante algo así. En la vida real, pasó en Barcelona en 2009: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/08/17/actualidad/1250460005_850215.html

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    3. Todos los homófobos tienen amigos gays, por lo visto.

      Pd: Buen ejemplo.

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  2. Oye, me ha interesado muchísimo, y mientras leía me he puesto a pensar en varios libros que he leído y analizarlos desde esta perspectiva.

    Sobre el worldfbuilding como herramienta y no como fin... que lo que nos importa es la historia. Me apunto la lección, que aún no la había escuchado xD

    Me gustaria ompartir algo que he pensado: He encontrado un único caso en el que el mundo sí sea lo más importante , el fin del libro, y que funcione bien: La saga de sci-fi Mundo Anillo de Larry Niven. Basicamente son exploradores en un mundo artificial con forma de Anillo de Dyson. Cada uno de los libros tiene su trama y personajes pero... realmente son muy gñe, pero sirven de excusa para explorar y lo que fascina del libro es el ir descubriendo poco a poco cosas del mundo (como está cosntruido, y como ha evolucionado la vida en él). Aprender cómo podría ser un mundo así si pudiera construirse en nuestra realidad (en fantasía seguro que no cuajaría)... aunque tenga que inventarse materiales imposibles cual adamantium.
    Además descubrí que muchas cosas además las añadió gracias a discusiones como las que cuentas, pensando la solucion a problemas que encontraban los fans.

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    1. ¡El Mundo Anillo es inestable!

      Aunque he de decir que a mí no me parece que en la saga del Mundo Anillo el truco funcione bien. Quiero decir, es cierto que el primero es un tiro de libro, pero el segundo me aburrió y no sé si fue el segundo o el tercero el que dejé a la mitad. Y mira que es raro que yo deje a la mitad un libro. Pero es que aquello era soporífero. Quizás me pasó lo que a Aloe más abajo xD

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    2. Precisamente en los siguientes libros se piensa en como se habría estabilizado xDD (mecanismo que tienen que reparar o palmarla)

      Estoy de acuerdo, según avanza se vuelve soporífero, pero creo que porque se centraban más en la historia cada vez, y cada vez más quietos dejando de servir de excusa para descubrir el mundo... Osea, que precisamente pierde por tener más historia y menos msotrar mundo, la prueba de que ahí funcionaba xD

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  3. Ja, yo también estaba recordando Mundo Anillo y sus secuelas al leer la entrada. No llego a pensar que la historia es pufa, pero sí que lo que mola es saber cómo es el universo.
    También digo que yo conocí esta obra a través del videojuego del 92 "Ringworld: Revenge of the Patriarch".

    Yo he de reconocer que soy un fanático del worldbuilding. Me encanta ir construyendo poquito a poquito un entramando coherente y verosímil sobre el que se sustentes mis historias (ya sea en narrativa o en rol). Pero, eso sí, siempre que el worldbuilding esté al servicio de la historia y no al revés.

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    1. Sí, si yo también hago eso. Pero sé que el precio que voy a tener que pagar es que el lector no llegue a saber nunca cuán compleja es la sociedad en el que se mueven los personajes, salvo que quiera meterlo en un Apéndice que no va a leer nadie xD

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  4. Mundo Anillo me aburrió mucho y quizá esta sea la explicación. :)

    Mejor ejemplo de que el mundo puede ser en sí EL argumento (su exploración, sus peculiaridades, el origen del conflicto) es Mundo Río.

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    1. Pero en el Mundo del Río sí creo que el mundo está al servicio de la trama. Es decir, en Mundo Anillo la trama era ir descubriendo cómo funcionaba el mundo. En el Mundo del Río queda claro cómo funciona el mundo desde el minuto 1 y luego te dan unos personajes que reaccionan a ello.

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  5. Cuando empecé a escribir mi primer libro (La vara de serbal) dejé bastante de lado el worldbuilding, y de hecho hasta las últimas fases no me vi obligado a trabajarlo mejor. Por otra parte se desarrolla en una isla, no necesitaba a priori más creación de mundo que la propia isla. Cierto es que durante el desarrollo fui inventando un pasado, una historia y algunos mitos (En ese sentido soy un poco Tolkien), y de los cuales hay trazos en la narración, pero trazos (no poemas de esos que siempre me salto cuando leo El señor de los anillos) e intentando que además fueran útiles para la comprensión de todo lo que ocurría. Tuve que ponerme en serio cuando empecé a escribir el siguiente libro (una historia independiente) y por que me empeñé que transcurriría en el mismo mundo. Fue entonces más un trabajo de consolidación que de creación propiamente dicho, tuve que definir algunos sistemas políticos, religiones y geografía principalmente. Todo eso está en una libreta que uso de consulta para evitar errores de concordancia. Explicarle todo eso durante la narración me parece que solo sirve para espantar al lector y engordar el propio ego. Algo de lo que, por lo que he podido leer, este individuo va sobrado.

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    1. Pues sí. Golpear al lector con tu worldbuilding en la cabeza para demostrarle lo listo que eres solo sirve para espantarle.

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  6. Mi respuesta a todo esto es: Steven Universe

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    1. LAAAAAAAS GEMAS DE CRISTAAAAL
      TE AYUDAN SI ESTÁS MAAno lo he visto, lo siento.

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  7. El mundo con una zona mirando al sol continuamente sale en Asimov y también en Buck Rogers, ese tipo no ha inventado nada.

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