domingo, 25 de mayo de 2014

Abstención activa

En estas elecciones parece que está cundiendo el desencanto. Todo apunta a una abstención altísima. Al margen de que las elecciones europeas no suelen despertar mucho entusiasmo (hay una idea generalizada y no del todo desacertada de que ya está todo decidido) y del estado en que está la política en España, tenemos las persistentes llamadas a la abstención activa. Se trata de un concepto de difícil precisión: por lo que he encontrado consiste en no votar a ninguno de los partidos que se presentan (bien no yendo a votar, bien votando en blanco o nulo) pero no por pasotismo o desconocimiento sino como medio de protesta. La diferencia no está en lo que se hace sino en por qué se hace. Se busca demostrar que se rechazan esas elecciones, bien por los partidos que concurren o bien por el mismo sistema que las forma.

Me apresuro a decir que eso me parece perfectamente legítimo. Yo mismo he estado a punto de abstenerme por puro hartazgo. Nunca he sido de los de “si no votas no tienes derecho a quejarte”. Tampoco voy a decir eso tan manido de “si no votas facilitas que gane la derecha” porque, aunque sea técnicamente cierto (sobre todo teniendo en cuenta el perfil del abstencionista en este país) me preocupa bastante más que haya tantos curritos votantes del PP. En definitiva: me parece perfecto que te abstengas.

Pero, por favor, no vengas a decirme que tu abstención sirve para algo.

Lo explico antes de que vengan las pedradas. Con esto no quiero decir que votar en un sentido u otro vaya a valer para cambiar las cosas. Lo que digo es que abstenerse, el hecho de no votar a ningún partido, es una acción de protesta simbólica pero inútil a nivel práctico. Estoy pensando principalmente en cierto pensamiento un tanto naif pero muy extendido que viene a decir que si hay suficiente gente que no va a votar el sistema caerá porque sus gobernantes no estarán legitimados. La idea es que “los políticos tendrán que escucharnos”, que se iniciará un “proceso destituyente”, que la “casta” se verá sin apoyos o cosas similares.

Aquí tengo que decir dos cosas. En primer lugar, que la legitimidad es un concepto volátil, que se define según conviene. Por ejemplo, desde un punto de vista jurídico, la modificación del artículo 135 CE es legítima porque se realizó siguiendo todas las previsiones legales para la reforma constitucional. Desde un punto de vista de justicia social, sin embargo, no lo es porque pone el pago de la deuda por encima del Estado social. Yo personalmente considero ilegítimo el sistema que padecemos, se abstenga o no todo el mundo.

Pero es que además, aun suponiendo que una abstención masiva (digamos un 70%) dejara al sistema sin legitimidad, no podemos olvidar que el Estado se sustenta en la fuerza. “Un pie en el cuello es el noventa por ciento de la ley”, dice con razón Terry Pratchett. Mientras el sistema tenga a su servicio a la Policía, a las Fuerzas Armadas, a la Administración, al Ministerio Fiscal y a la prensa tendrá la sartén por el mango y rápidamente se generaría un discurso que restaurara esa legitimidad perdida. Olvidar a estas instituciones es un error garrafal.

Creo que la única abstención que puede generar efectos es la del 100%, aunque no sé yo si a mí me gustarían unos efectos consistentes en unas Cortes vacías y un Estado paralizado. Pero eso no va a ocurrir nunca, por la sencilla razón de que es imposible convencer a todo el electorado de un país de que haga lo mismo. Aunque sólo votaran los propios candidatos, los miembros de sus equipos y los afiliados a sus partidos ya habría un cuerpo electoral suficiente para pretender que esas elecciones son democráticas. La única manera de lograr una abstención así sería que nadie, ningún candidato, se presentara.

Así lo demuestra por ejemplo el caso de Jamaica, país en el cual en 1983 el PNP, principal partido de la oposición, anunció que, como medio de protesta, no presentaría candidaturas. Como resultado, en 54 de los 60 distritos no se celebraron elecciones; en los otros 6, donde la única competencia eran partidos sin experiencia y candidatos independientes, los laboristas arrasaron. La participación fue del 2,7% respecto del total nacional y del 55% respecto de la población de los distritos donde realmente se votó. El Parlamento monocolor resultante gobernó hasta el final de la legislatura. Hay otros ejemplos (en este enlace podéis encontrar otros dos), que tienen algo en común: la única forma de conseguir niveles tan altos de abstención parece ser que la oposición se niegue a presentar candidaturas y por tanto sus votantes se queden en casa. El resultado es que los candidatos oficialistas ganan de calle.

Sin embargo, la idea de la abstención activa no está ligada solamente a este pensamiento tan quinceemero de “la casta política” sino también a ideologías políticas con más elaboración. En mi barrio están apareciendo carteles con simbología anarquista que llaman a la abstención activa con la siguiente frase: “no votes, lucha”. Pero el hecho es que no son dos cosas incompatibles, sino más bien complementarias: yo no concibo una ciudadanía que se limite a votar cada cuatro años sin hacer manifestaciones, huelgas, recogidas de firmas, sentadas y encierros cada vez que les tocan un derecho. Y eso no tiene nada que ver con abstenerse o no. 


En definitiva, no votar (o hacerlo en blanco o nulo) no sirve de nada a nivel práctico. Pero al margen de esa crítica, es una decisión que debe ser respetada. No quiero que se vea este texto como una muestra de superioridad intelectual o moral hacia quien, por las razones que sean (desafección, ideología anarquista, incapacidad de elegir, convencimiento de la inutilidad de votar a un minoritario, no querer sentirse cómplice del sistema…) prefiere no participar en las elecciones: entiendo la incomodidad que sienten votando porque yo mismo la he sentido. El derecho de participar implica el derecho de no participar

15 comentarios:

  1. Por fin alguien que no se caga en mis muertos por no querer votar.
    Yo al menos no digo que vaya a servir para algo, además.

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    1. Hombre, a ver, yo sigo creyendo que sería mejor que todo el mundo votara. Pero estoy muy harto de la prepotencia de IUliebers tipo Teleoperador, que parecen creer que todos los males del mundo vienen por la gente que se abstiene.

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  2. ¿Podríamos decir que a nivel práctico el voto en blanco no es equiparable al nulo o as la abstención? Estos conllevan reducción del censo y aquel no. Asumiendo aquello de que la derecha siempre vota y los de la abstención activa son mayoritariamente de izquierdas.

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    1. A nivel práctico hay diferencias, claro. De hecho, yo prefiero a un abstencionista que a un votante en blanco, especialmente si éste viene de un partido minoritario.

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  3. Me gustaría aquí desvincular la abstención del anarquismo. Tengo amigos anarquistas que votan y animan a votar, lisa y llanamente porque es una herramienta para la defensa social más útil que la abstención.

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    1. No digo que ningún anarquista vote, pero es cierto que el anarquismo es una ideología que legitima e impulsa la abstención más fácilmente que otras.

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  4. Normalmente me limito a piropearte en Twitter, pero me ha parecido que en este artículo tocas un tema con el que estoy particularmente sensibilizado, y creo que hay un aporte que si bien se trasluce en tu texto, creo que hay que poner realmente blanco sobre negro.

    La abstención activa no busca, necesariamente, servir para algo.
    No lo hace porque parte de la consideración, bastante clara, de que el voto no sirve para la lucha social. Ni votar a unos, ni a otros, ni a nadie. No tiene repercusiones reales sobre la pervivencia o estabilidad del sistema, solo sobre el modo de gestión y de forma debil. Por eso, votar o no votar no es siquiera una decisión política.
    ¿Se puede votar y luchar?? Sí. Lo que plantean los abstencionistas es que los resultados serán los mismos (a nivel sistémico) que si no votas y luchas. Porque la clave es luchar. Y si quieres votar, vota, pero no te lo creas. no te creas que votar va a cambiar nada.

    Sin embargo luego vienen los abstencionistas cools de la legitimidad y el bla bla bla que comentas en tu artículo, empiezan a mezclar las cosas, y así acaba todo. Yo creo que no hay absolutos. El voto puede, o no puede, ser una herramienta de lucha integral contra el sistema (y no de elección entre facetas de este) depende de las circunstancias, las candidaturas, el clima social,... Yo por eso creo que en cada elección hay que hacerse la pregunta, ¿voy a votar o no? ¿Por qué? ¿a quién? En ese orden, y no al revés.

    Yo hoy voy a votar. En las últimas elecciones europeas, después de estar activamente implicado en un partido, me desencanté durante la última semana y finalmente decidí que aquel partido no era la herramienta de lucha que yo había creído, y me abstuve.
    Un saludo ;)

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    1. Pues que me gusta mucho tu comentario.

      Yo he votado siempre, aunque muchas veces con la nariz tapada. Aunque se trate de una elección entre facetas del sistema que sólo vaya a influir en el modo de gestionar el sistema, creo que conviene hacerlo. Porque no se puede pensar sólo a nivel sistémico, como parece que hacen los defensores de la abstención activa. Lo dicen por ahí abajo: entre que viene o no viene la revolución, la vida diaria de muchas personas se ve condicionada por las leyes que aprueban los organismos sometidas a votación.

      Gracias por tu comentario ;)

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  5. A mí esta pasividad me resulta colaboracionista.

    Soy demasiado consciente de cómo me ha afectado que ganen unos y otros en unos sitios u otros. Y ponte tú a convencer a los móngueres de que no voten lo que votan.

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  6. A las oprimidas (cualquier persona que no sea un hombre cis hetero blanco y nativo) nos afecta que gobierne un partido conservador o uno progresista. La abstención no me convence si me tengo que esperar a que llegue la revolución y mientras me quedo embarazada y no he podido abortar en condiciones. Como decía Koolasuchus el otro día por tuiter a las personas transexuales de Madrid no les ha sido igual que la Asamblea devMadrid sea en su mayoría del PP, que si lo hubiera sido de IU o incluso del PSOE.

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    1. No lo había mirado desde el punto de vista que decís ambas, la verdad. Es evidente que quien salga elegido importa más para unas personas que para otras, y desde ese punto de vista la abstención sí que es rechazable porque puede facilitar que alcancen el poder partidos que buscan restringir derechos. Es despreocuparse de lo que pueda pasar con personas menos privilegiadas que tú.

      Aun así, no creo que haya que echarle la culpa (o, por lo menos, no la misma culpa) a quien se abstiene en vez de a quien vota para restringir los derechos de los demás. No creo que el problema sea tanto que tengamos un 28% de abstencionistas como que tenemos un 31% de votantes del PP (datos de las últimas generales).

      En cualquier caso, muchas gracias por aportar esta nueva perspectiva en la que, como digo, no había pensado.

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    1. Mi blog no es un espacio de propaganda electoral.

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  8. Pues a mi me tocan las narices los que se abstienen de votar, aunque puedo entender el desencanto que les lleva a ello. Lo que pasa es que no podemos caer en la trampa - que es lo que quieren que hagamos, por cierto – de caer en el total desencanto y pensar que nuestro voto no puede cambiar nada, que no podemos influir en cambiar las cosas(*).
    Así que nos quedamos en casa porque total, qué va a cambiar, mientras diez millones de borregos van a elegir a un partido que va a obligarme a parir aunque no quiera, que me va a marginar por no estar casada con mi pareja, o que va a promover políticas para marginarme como trabajadora. Y no, oye, no.
    Ojo, a quien culpo es a los borregos que siguen votando a un partido como quien sigue a un equipo de fútbol. Pero me siguen mosqueando los abstencionistas, porque ayudan al resultado.

    (*)Y oye, también dijo Pratchett (bueno, Lu-Tze) que los hombres cambian el universo. Una persona no puede cambiar el mundo, pero siempre puede cambiar algo. Y muchas personas sí que lo cambian.

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  9. Dicho esto, añado que la solución a largo plazo no es tanto votar como educar BIEN a las generaciones que vienen, para que ellos SÍ puedan hacer algo para cambiar el país, porque nosotros ya estamos vendidos votemos o no. Pero claro, los que gobiernan también lo saben, y por eso se están cargando la educación pública. Faltaría más.

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