martes, 1 de abril de 2014

Autonomía corporal

Si alguna vez en mi vida soy profesor de Filosofía del Derecho (cosa complicada, porque mi principal interés es el Penal) plantearé todos los años la siguiente pregunta:

Supongamos que ha habido un atentado o cualquier otra catástrofe y los hospitales declaran que les falta sangre para salvar vidas. ¿Quién donaría sangre?

El pueblo español tiende a ser bastante generoso en esta materia, así que me espero un verdadero bosque de manos levantadas. Entonces daría el segundo escenario:

El problema es que no todo el mundo es tan consciente como quienes estamos en esta aula, así que, pese a vuestras donaciones, sigue habiendo escasez de sangre. Por ello, el Gobierno anuncia una ley por la cual se podrá sacar sangre por la fuerza a cualquier persona adulta cuando sea necesario para salvar vidas. ¿Quién apoyaría la ley?

Preveo que el bosque de manos se pode drásticamente y sólo unas pocas personas estén de acuerdo con que les obliguen a dar sangre, por mucho que la consecuencia de lo contrario sea que muera gente. En ese momento fingiría extrañeza y le preguntaría a cualquiera de los que han bajado la mano por qué ha cambiado de opinión. “Al fin y al cabo”, le diría, “antes has querido donar sangre. ¿Qué diferencia hay? La sangre acabaría donde se necesita y tú te irías a casa con un bocadillo y un refresco.”

Evidentemente, su contestación iría en la línea de la autonomía corporal. Me diría que su cuerpo es suyo, que si quiere donar sangre puede hacerlo pero que no se le debería obligar. Creo que le resultaría difícil justificarlo mucho más allá, porque parece un principio moral básico: cada quien es propietario de lo que hay de su piel para dentro. Entender lo contrario sería tratar a esa persona como un instrumento, eliminar su dignidad. Y la dignidad, como sabemos, es la base de los derechos humanos.

Mi siguiente pregunta sería para quienes han mantenido la mano levantada. ¿Por qué lo han hecho? ¿Es que no creen en el principio de autonomía corporal? Probablemente la respuesta sería algo así como que sí, pero que en este caso se sacrifica más bien poco. La sangre, igual que el esperma o la médula, se regenera con rapidez. Y el proceso de donación de sangre es rápido, seguro e indoloro, un pinchazo y listo. Así que plantearía el siguiente escenario:

Viendo que la ley es exitosa, el Gobierno pretende expandir sus supuestos. Ahora se podrá obligar a todas las personas a ceder cualquiera de sus órganos, siempre que sea necesario para salvar una vida, que la operación ofrezca garantías de éxito y, por supuesto, que el cedente pueda seguir viviendo sin el órgano. ¿Quién apoya esta reforma?

Creo que cualquiera puede imaginar el resultado de este tercer sondeo. Muy, muy pocas manos quedarían levantadas. Y es normal. Ya no es “un pinchacito” de algo que se regenera, sino una operación más seria (que puede salir mal, como todas las operaciones) para extraer un órgano cuya pérdida, aunque no te mate, puede reducir tu calidad de vida. En general el consenso de la clase sería (o debería ser) que la ley que propongo en el tercer escenario no es ética.

Me causaría cierta gracia ver al ala más derechista del alumnado defendiendo esa posición con ardor (y bajo premisas liberales), porque una vez alcanzado el consenso diría yo lo siguiente:

Me alegro de tener una clase que está tan a favor de la libertad de elección en materia de aborto.

Estupefacción en la clase. Los alumnos que hasta hace un segundo rechazaban que el Estado regulara el interior de sus cuerpos empezarían a intentar rebatirme. Sospecho que tendrían más bien pocos argumentos, ya que su afirmación preferida, que el feto es un ser humano y tiene derecho a la vida, está descartada de origen: las personas que se morirán si no se les trasplanta un órgano o transfunde sangre también son seres humanos. Y, sin embargo, no es ético violentar la dignidad de otra persona mediante la cirugía forzosa para salvarles la vida. De la misma manera, no es ético obligar a ninguna mujer a parir. En un caso se trata a la persona como una fábrica de órganos; en el otro, como una incubadora. En ambos se la instrumentaliza y se le impide decidir sobre su cuerpo.

Cualquier intento de explotar las diferencias entre las dos situaciones puede rebatirse con facilidad. Por ejemplo, podrían decirme que no es igual matar (aborto) que dejar morir (transfusión / trasplante). Sin embargo, hay casos en los que el Derecho equipara la acción a la omisión: dejar morir a alguien constituye delito de homicidio si el omitente tenía el deber de cuidar de esa persona o la había puesto en la situación de riesgo que generó la muerte.

Si dejar morir a alguien que tienes a tu cuidado es tan delito como causarle la muerte, ¿obligamos a los progenitores a donar órganos a sus hijos menores de edad, so pena de castigarlos como homicidas? Ni siquiera habría que cambiar el Código Penal: bastaría con que los tribunales pasaran a entender que donar un órgano es un sacrificio exigible si va a salvar la vida de un menor que el donante tiene a cargo. En definitiva, sólo es necesario dejar de reconocer la vinculación de la autonomía corporal con la dignidad humana.

Tomarse la autonomía corporal en serio implica reconocer el derecho de la mujer a interrumpir su embarazo. Y, en sentido contrario, pretender evitar que las mujeres aborten (sea con una prohibición completa o mediante el establecimiento de un complejo procedimiento para ello, como la ley Gallardón) es una patada en la boca a la autonomía corporal.

Por ello, yo sólo espero que el Gobierno sea coherente con su política. No tengo nada en contra de la ley Gallardón siempre que vaya acompañada de cambios normativos que adecúen el Derecho a las nuevas circunstancias. Personalmente yo sé lo que voy a hacer cuando la ley salga adelante: pedirme el riñón derecho del ministro de Justicia. Nunca se sabe cuándo el propio cuerpo va a fallar, ¿no?




6 comentarios:

  1. (ADVOCATUS DIAVOLI, o el placer de llevar la contraria).

    No subestimemos la posición del contrario.

    1. Dejas de lado el argumento de la responsabilidad por las consecuencias de los propios actos. En él se basa la exención de aborto por violación (o inseminación involuntaria). El nacimiento es un riesgo típico del coito. Imaginemos un supuesto marciano: si del coito se derivasen, por ejemplo, daños a terceros, nadie dejaría de imputárselos a los que mantienen la relación sexual,

    2. La diferencia de sacrificios. El sacrificio de la continuación de la gestación y de someterse a un parto (!) o a una operación quirúrgica (!!) es /pasajero/, pero la mutilación de un órgano es definitiva (este argumento impediría parificar el sacrificio de donar un órgano con el de una mujer obligada a gestar; pero no por ejemplo compararla con una "donación coactiva" de médula o de sangre).

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    1. No había contestado, se me pasó.

      1.- No termino de verlo, la verdad. Es cierto que quedarse embarazada es un riesgo típico del coito, pero no creo que su concreción deba privar a nadie de su autonomía corporal. Si del coito se derivan daños a terceros (por ejemplo, la pareja rompe la cama, propiedad de otra persona) evidentemente se les podrán imputar éstos, pero unos daños no dejan de ser algo que se arregla pagando. Sin embargo, no veo yo hasta qué punto se puede llevar la responsabilidad por los propios actos al interior del propio cuerpo; en línea con esto, tampoco creo que se pudiera legítimamente obligar a quien ha causado un accidente a donar un riñón a la víctima.

      En todo caso, la situación me resulta poco creíble, porque me da que los alumnos más furibundos serían los más ultras, que son del rollito "Aborto cero", por lo que no pueden sostener este argumento. Aunque esto no deja de ser una especulación, claro.

      2.- Este segundo argumento sí me resulta más interesante, la verdad. Pero creo que se minimiza el sufrimiento al que puede verse abocada una mujer que gesta a la fuerza un hijo al que no quiere tener y luego tiene que decidir (con toda la presión social a favor de que se lo quede) si darlo en adopción o no. Creo que el dolor (pasajero pero profundo) y el miedo (al estigma si lo da en adopción, por ejemplo) que causa eso hace que una gestación forzosa se aproxime más a una cesión forzosa de órganos que a una donación forzosa de sangre, pese a que la primera signifique una merma definitiva de la masa corporal y la segunda no.

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  2. 1. Igual que los accidentes de tráfico son un riesgo típico de viajar en coche, y nadie negaría asistencia sanitaria a perxonas que hayan sufrido accidentes de tráfico. Ni aunque condujeran con una tasa de alcohol superior a la permitida, ni aunque hubiesen superado los límites de velocidad, en definitiva, ni aunque fuera culpa suya.
    2. Si crees que tener un hijo es un sacrificio pasajero que se termina con el parto, es que obviamente no tienes hijos.

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  3. Alambrá:

    Lee un poco, caray. Estamos hablando de teoría de la responsabilidad en Filosofía del Derecho, de Argumentación y de los argumentos del contrario, no de la posición de cada uno.

    1. Vimes emplea argumentos en los que la situación de conflicto no ha sido generada por aquél de quien se requiere la prestación. Si la pregunta fuese: "¿Usted cree que debe exigirse A QUIEN HAYA ATROPELLADO A OTRO que le done un riñón si ello es imprescindible para salvarle la vida"?, la respuesta sería seguramente más dudosa.

    2. La posición pro-vida atiende al sacrificio INEVITABLE de la gestación y parto. Ellos consideran que la maternidad puede eludirse mediante dación en adopción, y minimizan el daño que supone para la mujer dar en adopción (pues entienden que es menor que terminar con la vida del feto).

    Por eso entiendo que la argumentación de Vimes no es "definitiva". Como ninguna en este terreno. Ese es el punto de partida que me encanta el planteamiento de Carl Sagan y Ann Druyan en este clásico artículo: http://entangledapples.blogspot.com.es/2013/12/carl-sagan-la-cuestion-del-aborto-una.html : Es decir: que NINGUNO tenemos (ni ellos ni nosotros) una posición "radicalmente coherente".

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  4. La verdad es que nunca se me había ocurrido argumentar a favor del aborto así, con lo de la donación de sangre forzosa. Que conste que soy muy poco proabortista, ya que soy de las que piensan que el remedio se pone antes y no después, y veo el aborto como algo arcaico (pese a que se presenta como algo moderno, es tan antiguo como la propia humanidad), algo que debería ser excepcional en una sociedad como la nuestra, con información de sobra y anticonceptivos más que asequibles. Sin embargo aunque mi opinión sobre quienes no toman precauciones en el acto es pésima, no quiere decir que la ley tenga que prohibirlo. Entre otras cosas porque tampoco es muy eficaz: el hecho de que abortar no esté prohibido no disminuye en absoluto en número de abortos, solo se consigue que sean más inseguros.

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    1. Yo no soy "proabortista" ni argumento "a favor del aborto", sino del derecho a decidir. Dicho esto, es evidente que necesitamos mucha más educación sexual: por desgracia, no tenemos "información de sobra", o al menos no llega donde tiene que llegar. Siguen existiendo los mismos mitos y tópicos que hace años. Entre adolescentes, hablar de sexo de forma abierta con figuras de autoridad que podrían informar (progenitores, educadores, profesionales sanitarios) sigue siendo tabú.

      Dicho esto, la visión del aborto como último recurso es algo que comparten también la propias activistas pro-choice. Se ve muy bien en el siguiente lema, que es bastante conocido:

      "Educación sexual para decidir
      anticonceptivos para no abortar
      aborto legal para no morir."

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