lunes, 17 de febrero de 2014

Cuántas balas necesita Froilán

Vivir en un régimen monárquico tiene sus ventajas. Una de ellas es que, por azares del destino, puede acabar siendo jefe de Estado un adolescente de quince años, descerebrado y con las hormonas revueltas. Hablo, claro, de su excelencia Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. Esta especie de bala perdida (humor aquí) dentro de la Familia Real nos ha hecho escapar a muchos una media sonrisa. “Qué grande”, ha pensado más de uno al ver las barrabasadas del niño.

Y lo cierto es que no va errado: Froilán es un grande. Efectivamente, como hijo de infanta, tiene la consideración de grande de España. Lo cual, en realidad, me parece un poco triste. Que tus borracheras, jaraneos, noviazgos y accidentes sean carne de prensa sólo por ser vos quien sois, porque el abuelo tenga una empresa familiar de índole hereditaria, no debe ser plato de gusto. No me da pena, pero entiendo que tiene que ser un coñazo exasperante.

Por eso no me extraña que su excelencia quiera ocupar el trono. Ya que va a ser carne de portada igual, qué menos que tener inviolabilidad penal. Sí, para ello necesita matar a unas cuantas personas, pero si lo hace lo bastante rápido, y teniendo en cuenta que la monarquía es más rápida que la luz, será intocable antes de que nadie se dé cuenta. Además, la tendencia al fratricidio y la querencia por las armas de fuego no es nueva en su familia (su abuelo logró conjugar ambas con notable acierto) y Froilán ha sabido responder a esa educación, como demostró cuando el verano pasado atacó a su primo Pablo con un tenedor.

El problema es que Froilán erró en su objetivo: Pablo no es una amenaza para él porque está por detrás en la línea de sucesión. Debería concentrar sus esfuerzos en quienes sí le suponen un problema. Por eso, en línea con la vocación de servicio público que distingue a este blog, le voy a explicar a su excelencia (y a todos los demás lectores) el sistema hereditario de la Corona española.

El artículo constitucional que se refiere a ese tema es el 57.1, cuyo tenor literal dice:

La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.

Es un precepto muy interesante. La primera frase menciona directamente a don Juan Carlos de Borbón (cortando así de raíz toda reclamación que pudiera venir de otros pretendientes, como el carlista) e incluso le da una legitimación histórica: el cazador de elefantes es rey no porque lo diga la Constitución, sino porque es el “legítimo heredero de la dinastía histórica”. Que para eso hicimos renunciar a don Juan, hostias.

El orden de sucesión es el de primogenitura y representación. Primogenitura significa que los hijos heredan por orden de nacimiento, aunque con el matiz que veremos en materia de sexo. Representación, por su parte, quiere decir que los hijos representan a sus padres: si muere Felipe las siguientes en la línea de sucesión son sus hijas porque le representan a él, no sus hermanas.

Dentro de ese orden, la propia Constitución establece una escala de prelación:

·        Se prefiere la línea anterior a las posteriores: una “línea” es el conjunto de personas que descienden del mismo antecesor. Esta preferencia implica que se prefiere la línea que desciende del rey sobre la línea que desciende de sus padres: sólo si todos los hijos y nietos del rey murieran habría que empezar a buscar entre las hermanas del rey. Aquí Froilán está a salvo.
·        Dentro de la misma línea, se prefiere el grado más próximo sobre el más remoto. Cada generación es un grado: el primer grado son los hijos, el segundo grado los nietos, etc (1). Esta preferencia implica que se prefiere a los hijos sobre los nietos salvo que juegue el susodicho principio de representación: si Froilán mata a su madre ocuparía la posición de ésta en la línea.
·        Dentro del mismo grado, se prefiere al varón sobre la mujer. Ésta es la mal llamada “ley Sálica”, que matiza el principio de primogenitura. Y digo mal llamada porque la ley Sálica nunca ha regido realmente en España (2), y desde luego no rige actualmente. La ley Sálica lo que dice es que ninguna mujer puede reinar en ningún caso, y en España no sucede eso. A Froilán en realidad le vendría muy mal que estuviera en vigor la ley Sálica, pues con ese sistema la mujer no sólo no puede reinar, sino tampoco transmitir la Corona para sus hijos varones: al ser hijo de infanta, Froilán quedaría apartado de la sucesión.
Ha habido intentos de reformar este punto, pero a Froilán no le perjudicarían: siempre se ha dado por hecho que cualquier modificación debería salvaguardar la posición institucional de Felipe como heredero (3). Sólo si eso no pasara, si simplemente se aboliera la referencia a la discriminación por razón de sexo, Froilán pasaría, sin comerlo ni beberlo, a ocupar el segundo puesto en la línea de sucesión, por debajo de su madre.
·        Dentro del mismo sexo se prefiere la persona de más edad a la de menos. Froilán tiene una hermana pequeña, por lo que heredaría antes que ella aunque se aboliera la discriminación por razón de sexo.

Así pues, ¿en qué posición se encuentra Felipe Juan Froilán de todos los Santos si quiere heredar? Antes que él está, por supuesto, Felipe: grado más próximo y privilegiado por sexo, es el primero en la línea de sucesión. Sus hijas, Leonor y Sofía, son la segunda y la tercera en virtud del principio de representación: como son del mismo sexo, Leonor prima sobre Sofía porque es la mayor.

Una vez muertos estos tres, la siguiente es Elena: grado más próximo y mayor que Cristina. Y por fin, quinto en la línea de sucesión, Froilán. Por tanto, necesita cinco balas: una para el rey y otras cuatro para quienes están por encima de él. No son muchas para un tirador tan magnífico.

Nota final: si Froilán accede al trono, dado que es menor de edad, habría que constituir una regencia. Esa regencia debe recaer, necesariamente, en el padre o madre del rey. Si asumimos que Elena está muerta, ello implica que el regente sería Marichalar. Pedazo de monarquía acabaríamos teniendo.




       (1) Los artículos 915 a 919 CC explican de una forma bastante llana el funcionamiento de los grados, que es importante para toda clase de herencias: la proximidad de parentesco y el derecho de representación no rigen sólo para reyes.

       (2) Se suele decir que la ley Sálica entró en España con Felipe V, pero su sistema hereditario no excluía totalmente a la mujer de la herencia. Lo que hacía era saltarse a todas las mujeres, fueran del grado y la línea que fueran, siempre que hubiera un varón que descendiera de Felipe V en línea recta de varones (hijo, hijo de hijo, hijo de hijo de hijo…). Sólo si este último varón reinante muriera se podría buscar una reina entre sus descendientes, y volver al sistema con los hijos varones de ésta. Es parecido, pero no es exactamente lo mismo.

       (3) Recordemos que Felipe es el hijo pequeño, por lo que sólo es príncipe de Asturias en virtud de esta discriminación. Si no la hubiera, la princesa de Asturias sería Elena.



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