viernes, 20 de mayo de 2016

La meritocracia no existe

Existen argumentos que, como tópicos o como memes, se repiten en cualquier debate. Están ahí, rotundos y cargados de razón, hasta que los analizas un poco y ves que no son más que polvo. Uno de ellos aparece mucho cuando hablamos de acción afirmativa, es decir, de lo que se suele llamar “discriminación positiva”. Viene a ser más o menos lo que sigue: “lo óptimo es que a cada puesto llegue el mejor, sea un hombre o una mujer”. Es un correlato lógico del hecho de vivir en una meritocracia, y una afirmación de sentido común con la que cualquiera podría estar de acuerdo, ¿no?

No.

El argumento está viciado desde el principio. Se expresa siempre que se propone implantar cualquier sistema de acción afirmativa, como por ejemplo las cuotas. Pero todo argumento se basa en premisas que no son explícitas y éste no iba a ser una excepción. Lo que se deja implícito en este caso es algo como lo siguiente: “en el sistema sin cuotas el puesto se asigna según mérito, por lo que se consigue el objetivo de que acceda el mejor. Introducir cuotas es un sesgo de carácter ideológico en este sistema objetivo y neutral de selección de personal”. Y esto es mentira.

La asignación de puestos no se hace por méritos. Cualquiera que haya trabajado alguna vez en una empresa lo sabe. Los puestos se asignan muchas veces por una combinación de enchufe, amiguismo y favores debidos, donde los méritos y conocimientos juegan muchas veces un papel secundario. El mero hecho de que en una jerarquía haya muchas mujeres en la base y pocas en la cúspide es un ejemplo de esto que digo: si afirmas que actualmente los cargos directivos se asignan por mérito, lo que estás diciendo es que las mujeres son en general tontas o incapaces.

Pero hay una segunda razón, aún más poderosa, que nos impide aceptar el argumento de “que cada puesto lo ocupe el mejor”, y es la siguiente: no existe un “mejor candidato” para ningún puesto. Cada puesto de trabajo exige tal cantidad de habilidades que es imposible encontrar a un candidato que las posea todas en grado máximo. Y, dado que esas habilidades no son ponderables entre sí, la selección se convierte en una decisión muy poco racional.

Pensemos en un taller mecánico. En principio es un trabajo manual que sólo requiere conocimiento de coches y habilidad para manejar piezas. El jefe busca a un empleado y se le presentan dos candidatos: Jacinto y Manuel. Jacinto es capaz de realizar cinco operaciones mecánicas a la hora y Manuel sólo cuatro. Está claro que Jacinto es mejor para el puesto. Pero resulta que también es un gilipollas, un broncas y un cotilla que disfruta crispando a la gente a su alrededor. Manuel, sin embargo, tiene un carácter apacible y alegre, y siempre media en las discusiones. ¿Estará el jefe dispuesto a renunciar a una operación mecánica a la hora a cambio de que en su taller no estallen discusiones constantes? ¿Cuántas operaciones mecánicas “cuesta” la tranquilidad?

Compliquemos la cosa. Supongamos que también se presenta Ana, que sabe hacer seis operaciones mecánicas a la hora pero se siente incómoda con los calendarios de tetas en la pared y pide que se quiten. Esto provoca que los mecánicos más veteranos se quejen y rezonguen. Y finalmente aparece Bruno, que tiene el mismo rendimiento de trabajo que Manuel y carece de su buen carácter. Eso le descartaría para el puesto, pero es sobrino del jefe y resulta que es su padre quien, mediante préstamos a fondo perdido, está manteniendo en marcha el taller. Puedo seguir añadiendo ejemplos para que veáis que, aunque la “mejor candidata” sea Ana, diversas consideraciones de negocio harán que el puesto se lo acaben llevando Bruno o Manuel.

Y realizar operaciones mecánicas es, por lo menos, un trabajo cuantificable. Ahora pensemos en los altos cargos para los cuales se suelen exigir las cuotas. Hablamos de directivos y de ejecutivos. ¿Cómo se mide la capacidad de tomar decisiones acertadas, la habilidad negociadora, la facilidad para aprender o la competencia para motivar a los subordinados? Y, aunque lográramos medir todas esas variables, tenemos el mismo problema que en el caso anterior: ¿cómo las ponderamos? ¿A cuánta habilidad negociadora estamos dispuestos a renunciar por un aumento de un punto en la capacidad de tomar decisiones? ¿Tiene acaso sentido esta pregunta?

Al final los candidatos no se ordenan en una lista de puntuaciones de tal manera que baste con elegir al que tenga mayor nota. Al contrario, lo que hay es una masa de candidatos aptos, similares entre sí, de entre los cuales hay que elegir a uno. Esa elección siempre va a estar mediatizada por razones inconscientes y por prejuicios: la edad, la belleza física, la forma de llevar el pelo, el capital cultural (1), la presencia o ausencia de discapacidades visibles… y, sí, el género. Las medidas de acción afirmativa tratan precisamente de romper esos sesgos inconscientes.

No me gusta el término “meritocracia”, precisamente por eso: suena muy bien pero se refiere a algo irreal Es imposible encontrar al “mejor candidato” para cualquier puesto, y los sistemas de selección tienen en cuenta muchos otros factores aparte del mérito. Esos otros factores discriminan a grupos sociales enteros por razones que no tienen nada que ver con el correcto desempeño del trabajo. La acción afirmativa lo que permite es romper con esas discriminaciones. Y eso permite, por ejemplo, que una mujer apta puede acceder a un puesto por encima de un hombre no apto.

La meritocracia no existe. No existe ahora y no existirá nunca. La idea de la selección por méritos es una simplificación muy burda de lo que sucede en la realidad. Dejad de usarla como excusa para criticar los sistemas de acción afirmativa, porque ya no cuela.





(1) El capital cultural es la cultura propia de una clase, que se adquiere mediante la socialización dentro de esa clase y que vale más cuanto más alta es la clase. O, en otras palabras, que si un pijo y yo competimos por el mismo trabajo de directivo, se lo van a dar a él porque habla el mismo idioma que todos los pijos con los que va a tener que tratar en su trabajo.




31 comentarios:

  1. Qué buenos son tus artículos!

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  2. Estoy de acuerdo en que muchas veces los trabajos se consiguen por mil razones que nada tienen que ver con el mérito, pero no en que la meritocracia no exista. Que las habilidades que se ponderan a la hora de evaluar a un candidato para un puesto no sean medibles de forma totalmente exacta (esto es, matemática) no implica que la decisión final no sea racional. Y factores como la sociabilidad, la edad, el bagaje cultural... por supuesto que influyen en el desempeño del trabajo, por lo que deben tenerse en cuenta a la hora de elegir.

    El ejemplo que pones no me parece demasiado acertado. Partes de que Ana es la más eficiente de los cuatro, y en tal caso, claro que sería preferible que ella consiguiese el empleo. Pero si fuese Manuel el más eficiente, y optásemos por un sistema de cuotas, la elegida sería Ana simplemente por ser mujer, entrando en juego uno de esos factores que criticas por no tener relación con el desempeño: el sexo. En este caso, la mujer obtendría un puesto por encima de un hombre más apto para el mismo. Al final se acaba cayendo precisamente que se pretende evitar.



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    1. No creo que estés defendiendo a la meritocracia acertadamente. Al fin y al cabo, es justo lo que se supone que hace la meritocracia, ¿no? Seleccionar a las personas según sus méritos. Si esos méritos no son mensurables ni ponderables, pues ya me dirás qué estamos haciendo aquí.

      Al final, y suponiendo un proceso de selección limpio y no mediatizado por amiguismos (xD), los reclutadores seleccionan según la impresión global que le dan los candidatos, según cómo creen que van a desempeñarse en el trabajo. Y en esa impresión general entran tanto factores racionales como irracionales, por lo que la decisión final es escasamente racional.

      Un ejemplo simple: un puesto de directivo en cualquier empresa. Exige don de gentes, resolutividad, proactividad y todas estas mierdas. El reclutador los detecta en niveles similares en un hombre y en una mujer, pero en él las valora positivamente ("es un gran profesional, sabe lo que hace") y en ella negativamente ("es una mandona insufrible"). ¿A quién elegirá?

      Otro ejemplo: un puesto técnico. Se presentan dos hombres blanncos con la misma formación y que podrían desempeñarlo de forma similar. Uno de ellos vive en un barrio céntrico y el otro en una zona que tiene mala fama (como Las Tres Mil en Sevilla). El reclutador asume sin pruebas que el segundo es un chungo y un drogadicto que va a causar problemas, y descarta su candidatura.

      He puesto un ejemplo de machismo y otro de clasismo, pero podría seguir añadiendo. La acción afirmativa y otras medidas de fomento de la neutralidad en los reclutadores (currículos que eliminen factores irrelevantes, por ejemplo) busca combatir estos prejuicios. Ni más ni menos ;)

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    2. Claro, pero vuelvo a decirte, que no sean cuantificables con números no implica que no se puedan valorar racionalmente; de hecho, tú mismo lo señalas en el ejemplo del directivo. Otra cosa es que sea preferible eliminar el impacto de esos prejuicios que comentas, ahí totalmente de acuerdo, pero para eso no es necesario negar la meritocracia. De hecho, suponiendo que esas medidas lograsen sacarlos de la ecuación, ¿en qué te basarías para elegir, si no es en las propias capacidades y méritos del aspirante?

      El tema de los currículums es interesante, pero solo sirve para hacer una primera criba de candidatos, pues la elección siempre se va a supeditar a una entrevista. Así que al final, la única solución que veo realmente viable es combatir los prejuicios desde la educación. Medidas como las cuotas son meros parches, que no resuelven el problema de fondo, y pueden acabar generando situaciones como la que comentaba arriba.

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    3. Creo que has hecho incompatibles un par de cosas que no lo son:

      -Educación vs cuotas: ambas son compatibles, la primera es una solución a largo plazo, la segunda es una solución contingente, puesto que el problema ya ocurre y hay que atajarlo ahora, no dentro de 40 años.

      - Meritocracia vs cuotas: nadie dice que no intentes usar la meritocrácia en tus decisiones. Pero has de saber que la objetividad en las decisiones humanas no existe. Y por tanto hay que corregir los desvíos evidentes en la sociedad. En los dos ejemplos de Vimes, el origen de los dos candidatos blancos es más disimulable que entre un candidato hombre vs mujer. E incluso peor, entre una mujer en edad fértil y un hombre. O en un hombre negro y uno blanco. Etc. Hasta que la educación llegue (primero hay que empezarla, en España somos incapaces de ponernos de acuerdo en materia de educación), las cuotas puede resolver esta desviación evidente en las estadísticas.

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    4. Anónimo, cari, nadie dice que las cuotas sean otra cosa que un parche provisional ni que sean perfectas, pero como lo fiemos todo a la educación vamos aviados. Entre otras cosas por lo que dice Vanessa. Al final la educación siempre aparece como receta mágica contra todas las injusticias y, aunque estoy de acuerdo en abstracto, es un consejo bastante poco inútil en concreto. Las soluciones concretas (como las cuotas) nunca serán más que parches, pero ayudan a esa educación.

      Aparte de eso, Vanessa ya te ha contestado.

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    5. Vanessa, yo no he establecido ninguna de las incompatibilidades que comentas. Precisamente, frente a la negación de la meritocracia por parte del autor, sostengo que esta no es incompatible con combatir los prejuicios. Y tampoco digo que las cuotas sean incompatibles con la educación, simplemente he expresado que no me parecen una medida adecuada, principalmente por el ejemplo que he puesto en mi primer comentario.

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  3. El tema de la meritocracia... ¿Existe alguna forma de medir tu esfuerzo, el mérito de lo que haces... de forma exacta? ¿Existe una manera objetiva de precisar cuándo un esfuerzo es óptimo o cuándo está por encima o por debajo de lo esperado? ¿Y qué es lo esperado?

    Cuando te paras a pensar cinco minutos en estas cosas, te das cuenta de que la meritocracia tiene pies de barro y que es muy subjetiva. Porque yo sé que me esfuerzo, que doy el callo... pero igual que un jefe puede verlo bien, otro igual piensa que no es suficiente, o habrá quien vea mal el sobreesfuerzo.

    Hay muchos factores en la sociedad actual que influyen. Que si enchufes, que si sexo, que si color de piel, que si actitud, que si dónde vives, dónde has estudiado... Muchas cosas que no tienen nada que ver con el trabajo en sí. Hay muchos prejuicios y tratos de favor que no tienen que ver con el empeño que pongas, así que aparte de que no haya una forma objetiva de medir el esfuerzo más allá de unas metas (pero otra pregunta: ¿cómo sabe uno si esas metas realmente son el mínimo a conserguir, quién sabe si es lo correcto, y si necesita más o menos objetivos realmente?), hay tanta contaminación alrededor que imposibilita medir ese mérito.

    Y ya no hablemos del tema de que dicha meritocracia, suponiendo que exista realmente, intenta enfrentarnos entre nosotros, porque supone que unos son más capaces que otros pero no en el sentido de que quien trabaja más (¿cómo se cuenta eso, de verdad?) puede avanzar, sino en el mal sentido, en el de "los de abajo no se esfuerzan, son inútiles y tontos", no valora tanto tu desempeño como sí pisotear a los demás.

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    1. Es que es eso: el discurso de la meritocracia hace aguas por todas partes. Qué más voy a decir, si ya lo has resumido todo. Pero es muy interesante eso que dices de que distintos jefes valoran cosas distintas: en el caso más extremo, esos jefes estarán en la misma empresa y tú no sabrás ya a qué carta quedarte.

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    2. Es un problema muy gordo porque la subjetividad lo lía todo: puedes cumplir unos objetivos/resultados mínimos pero que mientras uno diga que no está mal, el otro te puede reprender por quedarte tan abajo.

      Y luego si te han visto trabajar o no, que los resultados no los puedo ver separados del esfuerzo, pero como digo, todo es subjetivo, y hay para quien el esfuerzo no es tan importante cuando solo importan los resultados.

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    3. Qué voy a contestar si no tengo nada que decir ni que matizar xD

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  4. Creo que asimilar la meritocracia a la medición del esfuerzo es un craso error. Más que nada porque a un jefe le da igual el "esfuerzo" que hagas. Lo único que le importa son los resultados, el cumplimiento de los objetivos propuestos de forma eficiente.

    Ahí está el mérito. En el resultado, no en el esfuerzo.

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    1. El problema con medir el mérito por objetivos/resultados es el mismo que medirlo por esfuerzo: ¿Cuál es el resultado óptimo? ¿Cuántos objetivos hay que alcanzar para decir que es meritorio? ¿Y qué hay de la forma en que se logran dichos resultados? ¿Es lo mismo el cas de quien se esfuerza o trabaja honradamente que el de una persona deshonesta para la que el fin justifica los medios, aunque eso suponga fastidiar a sus compañeros?

      Que no todo es el esfuerzo, sí. Que los resultados son muy importantes, también. Pero cambiar uno por otro no soluciona el problema de la meritocracia, creo que solo saca más preguntas. Realmente, si uno lo piensa, es una combinación de ambos y con todo la meritocracia sigue tambaleándose, al menos desde mi punto de vista, porque todas esas preguntas tienen una respuesta que cambia según la persona. No hay una forma objetiva de medir ni esfuerzo ni objetivos logrados cuando cada uno tiene su visión sobre el tema.

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    2. Bueno, en la entrada yo no he hablado en ningún caso del esfuerzo, sino precisamente de los resultados, o más bien de las habilidades necesarias para llegar a dichos resultados. Aparte de eso, pues estoy de acuerdo con Draug.

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  5. Un caso real que he visto estos días en el trabajo de mi mujer, una gran empresa. Es en relación a un ascdnso conb 2 candidatos para un puesto.


    Candidato A: Hombre, blanco, larga experiencia en la empresa, puesto de dirección llamemoslo X, universitario con certificación de curso importante Y muy valorado en la entidad.

    Candidato B: Hombre, blanco, larga experiencia en la empresa, puesto de dirección llamemoslo X, universitario con certificación de curso importante Y muy valorado en la entidad.

    Se verá que he hecho un corta y pega.

    El puesto se lo han dado al candidato B.

    Diferencias: El candidato A sabe más y es mejor profesional que el candidato B, pero es muy soso, no le gustan las risitas ni hacer la pelota. Es un fiel creyente del liberalismo y de la meritocracia. El candidato B en cambio es un experto vende humos que cubre sus carencias perfectamente con la palabra. El candidato B ha sabido tejer una red de contactos y amistades con influencia a la hora de seleccionar ese puesto, vamos, que se le da bien saber a quién arrimarse. En resumen: la meritocracia ha fallado entre 2 candidatos casi identicos en apariencia.

    Por otra parte, el candidato A, defensor de la meritocracia, no entiende que él, a parte de su trabajo bien hecho, ha tenido el respaldo de una familia con dinero estudiando en buenos colegios y univerisades (incluyendo EStado Unidos) y que ha podido cursar caros masters sin problemas emociales. El sólo veía el factor de su trabajo realizado, no el otro, hasta que ha dado con alguien similar curricularmente.

    Si en este caso real hay discriminación, ¿Qué pasa si uno de los candidatos es mujer? ¿Por qué a los hombres no les preguntan si tienen pareja y/o intención de tener hijos?

    Otro caso real; una clienta de mi mujer, de baja por maternidad desde hace 2 meses, acaba de recibir una llamada de la empresa en la cual trabaja desde hace 8 años para cambiarle el horario por las tardes, y si no le gusta que se vaya. No ha tenido ni la oportunidad de demostrar que la maternidad no iba a afectar a su trabajo. A un hombre no le hacen eso. Es más, en mi trabajo, cuando yo dije que iba a ser padre, todo fueron caras de felicidad porque en nuestra sociedad, sobre todo en puestos directivos, se piensa que si un hombre es padre va a sacrificarse más por la empresa y a tragar con todo, para algo tiene que mantener a la familia, mientras que una mujer va a desatender su trabajo porque tiene que cuidar a su hijo. Y eso sesgo está ahí a la hora de repartir puestos de responsabilidad.

    Y estos 2 casos son de la semana pasada.

    Por eso me hace mucha gracia cuando se habla de meritocracia como un valor a defender.

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    1. Pues mira, totalmente. De hecho, este caso, que he puesto más arriba, es real:

      "Otro ejemplo: un puesto técnico. Se presentan dos hombres blanncos con la misma formación y que podrían desempeñarlo de forma similar. Uno de ellos vive en un barrio céntrico y el otro en una zona que tiene mala fama (como Las Tres Mil en Sevilla). El reclutador asume sin pruebas que el segundo es un chungo y un drogadicto que va a causar problemas, y descarta su candidatura."

      El barrio del candidato no era Las Tres Mil, sino uno de un pueblo de Madrid conocido precisamente por ser hogar de yonquis y tirados. Y la persona que me contó esta anécdota sólo consiguió trabajo cuando se enfrentó a un encargado de Recursos Humanos que desconocía la fama del barrio. En el resto de empresas se le cerraban las puertas en cuanto decía dónde vivía.

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  6. Ana es un broncas al igual que Jacinto, de uno dices solo el que hace, de la otra dices ep porqué, pero los resultados para la tranquilidad del grupo son equivalentes, malestar.
    Que sea porque son unos machistas, creo, esta fuera de debate puesto que estamos hablando de efectos.

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    1. Iba a responderte, pero es tan obvio que eres un troll que me voy a limitar a pasar de ti.

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  7. Cuando veo a alguien hablando de la meritocracia me dan ganas de abrirle la cabeza con un bate, asi mismo te lo digo. Siempre he sido la primera de la clase con diferencia, todo sobresalientes, ¿sabes de que trabajo? Fregando escaleras. Mi padre era un borracho que no le daba la gana trabajar y mi madre empleada doméstica. Yo queria ir a la universidad, pero realmente nunca tuve la oportunidad. Y ahora con la puta crisis ni de cajera de supermercado me sale algo, para tener por lo menos seguro, vacaciones y pagas extra. Y luego salen por la tele esos tios trajeados que son hijos de otros tios trajeados diciendo que si te esfuerzas y trabajas duro bla, bla, bla.

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    1. No son situaciones comparables, pero yo soy primero de mi promoción (gracias a becas, si no ni de coña habría podido estudiar) y estoy en el paro porque ni tengo contactos ni he sabido hacerlos durante la carrera. Así que déjame otro bate a mí, plz.

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    2. La meritocracia es una mierda que se han inventado los hijitos de papi para justificar sus privilegios, sentirse bien consigo mismos y despreciar a los demás. Queda muy pro decir que todo lo han conseguido con tu esfuerzo y que los demás se esfuercen en lugar de lloriquear porque ellos han llegado a donde están por haberse esforzado a sacar buenas notas, estudiar idiomas y hacer buenas prácticas. Lo de que han sacado buenas notas y tienen 3 idiomas porque sus padres tenían pasta para pagarles academias y podían estudiar todo el día y no solo los domingos por tener que partirse el espinazo trabajando todas las putas tardes después de clase para pagar la carrera no tienen nada que ver claro. Ni que esas practicas sean de un máster de 20000€ que yo no puedo pagar ni hipotecándome y por eso dependo de beca para hacer el mas barato que haya. Luego claro yo soy un llorica perezoso de mierda que quiero que me den el puesto que ellos tienen sin esforzarme. Añadid otro bate.

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    3. ¡Bates para todo el mundo!

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  8. La gente que habla de meritocracia (y esto lo digo según mi experiencia personal, por si alguien viene a decir que estoy generalizando injustamente y pretendo sentar cátedra con mi opinión) es para defender que los hombres están discriminados por la “discriminación positiva”, ya que una mujer puede quitarles el puesto sólo por serlo estando menos preparada. Aunque no lo reconozcan está claro que este argumento tiene detrás, consciente o inconscientemente, esa idea que destacas de que las mujeres en general son tontas e incapaces.

    Si sólo se mirara la capacidad y no el género digo yo que tendrían que estar todos los puestos de trabajo reflejando más o menos la misma proporción de hombres y mujeres que hay en la sociedad. Es más, teniendo en cuenta que actualmente hay más proporción de mujeres en las universidades que de hombres es que tendrían que ser las mujeres las sobrerepresentadas al haber más mujeres preparadas que hombres. Si no es así una de dos: o no están pudiendo acceder a esos puestos porque los hombres tienen preferencia sobre ellas sólo por ser hombres o es que en general los hombres son más listos y capaces que las mujeres. Si niegan lo primero están afirmando lo segundo por mucho que digan que no. Curiosamente se suelen enfadar cuando les digo lo anterior, por mucho que sea la consecuencia lógica de su opinión en vista de la situación actual del mercado de trabajo y la educación. Pero claro, ellos no son machistas, sólo parten de la idea de que las mujeres siempre van a estar peor preparadas que un hombre y, aún así, a ella le van a regalar el puesto. Ojalá llegue de verdad el día en que se supera tanto machismo interiorizado, porque yo empiezo a estar harta de que me minusvaloren por ser mujer y encima vengan imbéciles a decirme que soy la privilegiada y la que tiene las cosas más fáciles.

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    1. Un mundillo donde se ve eso que dices es el de los jueces. Un lugar regido, se supone, por un principio de mérito estricto: oposiciones para entrar y para ascender. Pues bien:

      - Derecho es una carrera muy feminizada, aunque desde fuera no lo parezca. La mayor parte del alumnado es femenino.
      - Los jueces ya tienen una proporción 50%-50%, es decir, que ya hay un sesgo.
      - Mira lo que pasa según subimos en el escalafón. En 2014 se nombró a la primera mujer miembro de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, por ejemplo.

      Y eso en un ámbito donde se supone que se miden cosas (la constancia, el esfuerzo, etc.) que se consideran, si no femeninas, sí compatibles con la feminidad. Es de esperar que la situación se vaya corrigiendo con el tiempo, pero aun así, ¡toma ya meritocracia!

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  9. Había unos comentarios de un tal Gatólico Fanático, pero me da que no han durado XD Que me parecía un idiota modelo simple, ojo.

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    1. Cómo os gusta esa mitología que os creáis donde sois el underdog, luchando contra un sistema sesgado contra vosotros.

      Yo soy psicólogo y puedo decirte con total confianza que lo que afirmas acerca de la psicología de las mujeres es falso, y que eres idiota XD

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    2. Nah, un simple acosador que viene a las entradas sobre feminismo a intentar molestar. Le borro los comentarios sin leerlos, así que no sé ni lo que dice xD

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    3. De psicología es evidente que sabes tan poco como de mujeres, hombres y capacidades cognitivas. Sobre el tema del ajedrez, leer un poco acerca de las maestras de ajedrez que se han dado es extremadamente ilustrativo. Hasta ahora tus afirmaciones no se sostienen en más que "esto es así porque lo digo yo", que es una mierda de argumento como un perol. Y tus suposiciones sobre los psicólogos que has conocido son otra gilipollez, porque es evidente que tu estilo es suponer y argumentar sin un dato ni puta idea de lo que hablas.

      Eres un virtuoso de ser un ignorante. Eres el Wolfgang Amadeus Mozart de estar equivocado. Mientras otros niños jugaban, tú dedicabas horas y horas de práctica guiada a ser gilipollas, de modo que probablemente a los 5 años ya llevabas 10.000 horas de práctica deliberada (véase Anders Ericsson sobre la práctica deliberada en la adquisición de una habilidad), y te has convertido en el Stephne Hawking de no tener ni puta idea.

      Haces que el ordenador huela a Varón Dandy, a carajillo y a frustración impotente. Sobre todo impotente.

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  10. Una pregunta, cuando se aplican este tipo de medidas de acción afirmativa se tienen en cuenta todos los factores o solo algunos y, por ejemplo, en las cuotas de género se mete a todos los hombres en el mismo saco? Por ejemplo: Yo tengo síndrome de asperger (un tipo de autismo) y actualmente soy estudiante pero cuando me toque buscar trabajo probablemente sufriré una discriminación bastante mayor de la que sufren las mujeres ya que estamos totalmente invisibilizados y la sociedad ni nos entiende ni nos quiere entender, soy hay que ver la tasa de paro que tenemos para ver como está la situación.

    Entonces, si se aplican estas medidas, ¿se me aplicarían ante una mujer normal?, es algo que no tiene sentido ya que mi situación es peor, y, en mi caso, no tengo el % de minusvalía suficiente para obtener las (escasas) ayudas por minusvalía que tenemos y, sino me equivoco, se necesitaría para obtener cualquier otra ayuda que nos pusieran.

    Estamos hablando de un autismo leve por lo que el problema que tengo es social, no es físico ni intelectual, por lo que queda más claro en este caso la discriminación que sufrimos.

    Saludos

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    1. Pues normalmente son dos temas que se tratan por separado, sí. Piensa que son dos discriminaciones distintas, con causas diferentes.

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