lunes, 9 de junio de 2014

La elección de un presidente

Estamos viviendo tiempos interesantes. La abdicación de Juan Carlos I y la sucesiva entronización de su hijo Felipe parecen haber despertado la conciencia republicana de este país, que igual sólo necesitaba este catalizador. Y, por supuesto, aparecen también los viejos argumentos monárquicos sobre Aznar en la presidencia, el coste de esa institución y los pocos cambios que supondría. Así que me he propuesto hablar un poco de las tres formas en que puede articularse la presidencia de una república. Es decir, supongamos que mañana se proclama la república en España (jaja, no), y supongamos también que es una república democrática-liberal (no veo yo muy cerca la revolución socialista); ¿cómo funcionaría su jefatura de Estado?

En principio hay tres posibilidades:

     1.- Sistema parlamentario. En el sistema parlamentario el jefe de Estado, sea un rey o un presidente, es un mero representante de la nación sin poderes reales. Sus facultades son puramente simbólicas, y aun así deben ser ejercidas con el refrendo de los ministros. Cuando es un presidente, normalmente no es elegido directamente por los ciudadanos sino por el Parlamento, aunque muchas veces con formalidades especiales, como pueda ser reunir a las dos Cámaras en una sola asamblea (Italia) o traer representantes especiales de las legislaturas regionales (Alemania e Italia). La idea es buscar un nivel alto de consenso. Al fin y al cabo, si se trata de un cargo sin competencias, no tiene demasiado sentido hacer una elección directa.

      En este sistema el poder ejecutivo real recae en un jefe de Gobierno elegido por el Parlamento. Es él quien dirige la política, quien decide si se disuelve el Parlamento o se convocan elecciones, quien propone leyes y reglamentos, etc. El jefe de Estado sólo pone la firma. En general, el sistema está pensado para darle al Parlamento una primacía absoluta; lo cual, en un tiempo de partidos políticos fuertes, significa una mayoría parlamentaria sólida que sustenta a un Ejecutivo con grandes capacidades.

       Muchas monarquías usan el sistema parlamentario, entre ellas España: sin duda, la más famosa es Reino Unido. Por su parte, las dos repúblicas parlamentarias más conocidas son Italia y Alemania, pero otros Estados (como Irlanda, Austria, los del antiguo bloque soviético o los procedentes de la desintegración de Yugoslavia) utilizan también este sistema. Algunos incluso aplican la elección directa, y me gustaría saber qué prometen los candidatos a la presidencia de la República.

       2.- Sistema presidencialista. En el sistema presidencialista los cargos de  jefe de Estado y de jefe de Gobierno están reunidos en una sola persona, que ejerce todas las competencias del poder ejecutivo. En consecuencia, es elegido por los ciudadanos o, como mucho, por compromisarios nombrados ad hoc por éstos. Su legitimidad es la misma que la del Parlamento (que en estos sistemas se suele llamar Congreso), por lo que las facultades de control mutuo de ambas instituciones son menores y algo más equilibradas.

       Este sistema sólo es compatible con una república, por las competencias tan amplias que da a la cabeza del Estado. Además, al desvincular al poder legislativo del ejecutivo, nada asegura que el presidente vaya a tener una mayoría parlamentaria suficiente para desarrollar sus políticas. Es el que usan en toda América (salvo en Canadá que, recordemos, es una monarquía) pero fuera de este continente está poco extendido.

       3.- Sistema semipresidencialista. Este sistema intenta cohonestar las lógicas de los dos anteriores. Del sistema parlamentario toma un Parlamento fuerte que elige a un jefe de Gobierno que es el líder de la mayoría; del presidencialista, la idea de un jefe de Estado con competencias reales y que, por tanto, es designado en elecciones populares. Dado que ambas instituciones suelen tener mandatos de duración diferente, es posible que se produzca el fenómeno de la cohabitación: que el presidente de la República tenga que tratar con un Parlamento en el que su partido está en minoría y en el que, por tanto, se elige a un jefe de Gobierno de distinta ideología.

       Igual que el anterior, este sistema sólo es compatible con una república. Su cuna es Francia, pero muchos de los Estados que instauraron una democracia liberal en la segunda mitad del siglo XX (como Portugal o bastantes Estados de la URSS, incluyendo Rusia y Ucrania) la adoptaron entonces.


Así pues, volviendo a la pregunta inicial, a esa cuestión que planteaba: una hipotética III República española, ¿qué modelo usaría? Yo me inclino a pensar en el semipresidencial. Creo que el parlamentario queda descartado: la estructura institucional de la república se parecería demasiado a la de la actual monarquía, y nos hemos pasado demasiados años hablando de la necesidad de elegir a todos los altos cargos del Estado. El sistema presidencial, por su parte, está muy alejado de nuestra cultura jurídica y de la de nuestro entorno.

El sistema semipresidencial permite elegir directamente al jefe de Estado y permite una contraposición entre dos ramas del poder ejecutivo, beneficiosa si lo que se busca es dividir el poder. Además, tenemos un ejemplo histórico: la Constitución de la II República que, pese a establecer un sistema parlamentario, tenía un presidente más fuerte de lo habitual (sus competencias, pese a necesitar refrendo, eran relevantes) que era nombrado conjuntamente por las Cortes y por un número de compromisarios elegidos específicamente.

En fin, todo lo anterior no ha sido más que un ejercicio de política ficción, que es una manera fina de llamar a la paja mental. Por desgracia, no parece que España esté hoy más cerca de una república que hace una semana, pese a la espontánea movilización antimonárquica que hemos vivido. Sin embargo, hay algo cierto: por mucho intento de vendernos modernidad con la sucesión real, no cuela. España necesita una remodelación de abajo arriba, tanto en sus estructuras políticas como en la sociedad que las sustenta. En esta acuciante necesidad de ruptura la república es sólo una parte, pero puede servir como resumen y símbolo de todo un proyecto.




4 comentarios:

  1. Bueno, no olvidemos que el Caribe también es América ;) Jamaica, Barbados, Bahamas, Granada, Belice, Santa Lucía y alguno más que se me olvida son también monarquías con Isabel II al frente, formalmente al menos, de la jefatura de su estado.

    Por lo demás siempre me ha hecho mucha gracia el típico argumento de que Aznar (o un político que se odie) sea presidente, pues si claro, es un peligro, pero lo sería solo por cuatro años, no de por vida. Y metidos en la política ficción, yo veo más probable el parlamentarismo, no veo a los partidos políticos actuales dispuestos a compartir poder.

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    1. Vale, es cierto, no comprobé todos los países de América para ver cuántos pertenecían a la Commonwealth. Mea culpa.

      Es posible que primara la inercia y acabáramos con una república parlamentaria, pero creo que en este país sólo podrá haber república si hay un corte, una ruptura de algún tipo. Si el sistema político actual es demolido hasta los cimientos. Y creo que esa ruptura debe notarse también en la estructura constitucional de la república: en definitiva, creo que los partidos que proclamaran la república querrían alejarse todo lo posible del modelo que queda atrás.

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  2. Creo que cada vez comprendo menos el concepto de Jefe de Estado.

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