viernes, 23 de marzo de 2012

Ciencia, deporte y cortoplacismo

Hoy he estado hablando con una profesora. Ninguno de los dos somos científicos, sino juristas, pero ambos hemos coincidido con que la peor medida que podía haber tomado este Gobierno desde que llegó al poder es el brutal recorte en ciencia. La reforma laboral, la reforma penal anunciada por Gallardón y el resto de barbaridades que se os puedan ocurrir son consecuencia lógica de la ideología o estupidez de nuestros gobernantes, y tenemos que pechar con ello. Pero el recorte en ciencia es inexcusable: no es una cuestión de izquierdas o derechas, es una cuestión de cortedad de miras y de cortoplacismo.

Nuestros gobernantes no ven que la ciencia, aunque no dé resultados en el término de una legislatura, es lo que va a impedir que nos hundamos en la mierda cuando haya otra crisis. Y sin embargo, parece que en otras áreas sí que saben pensar a largo plazo: mi profesora me ha hablado del deporte. “Si el deporte español está tan bien ahora”, me ha dicho, “es por las ayudas y las becas ADO, que llevan funcionando desde las Olimpiadas de 1992. Si ahora se cortan esas ayudas, cuando la actual generación de deportistas pase España no volverá a destacar en deportes hasta que dentro de 40 años alguien las resucite”.

Me ha parecido curiosa la reflexión. Nunca me he parado a preguntarme (nunca me ha interesado) por qué estos años parecen acumular éxitos sin precedentes del deporte español, y no me podía imaginar que la razón fuera un programa de financiación sólido. Pero es que si uno lo piensa bien, la ciencia y el deporte son, en cierto sentido, semejantes: cuesta muchos años y mucho dinero formar tanto a un buen deportista como a un buen científico, y si personas con capacidades para llegar a ser ambas cosas no son seleccionadas, motivadas y subvencionadas a tiempo nunca podrán desarrollar su potencial. Si los deportistas españoles no tuvieran las ayudas estatales que tienen (por lo menos hasta el momento en que empiezan a ganar dinero de verdad) se irían de España en cuanto pudieran; como los científicos españoles no sólo han visto recortadas las ayudas sino también los presupuestos de sus centros de trabajo, se van de España.

El problema es que la ciencia no es deporte: del deporte de elite, los mundiales y las medallas de oro se puede prescindir; de los centros de investigación no. Sin embargo, y cuando vienen mal dadas, el político recorta en ciencia y no en deporte, y el ciudadano de a pie cuando se entera (si se entera) aplaude con las orejas o como mínimo es indiferente. ¿Por qué? ¿Acaso no entienden que la lógica es la misma, que si dejas de poner dinero luego no vale volver a inyectarlo porque hay que empezar de cero? ¿O es que a nadie le importa?

Mucho me temo que es esto último, y así nos va: en España nos vamos a quedar los abogados y los peones de la construcción.

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