martes, 31 de mayo de 2011

Declaración de intenciones

Supongo que lo tradicional al abrir un blog es empezar con una descripción, o incluso con una breve historia. Y en nuestro caso, la historia comienza en Roma, en el año 63 antes de Cristo, siendo cónsules Marco Tulio Cicerón, conocido orador, y Gayo Antonio Hibrida, olvidable político. Ese año, Lucio Sergio Catilina, del partido de los populares, decide sublevarse contra la República: se gana a Hibrida y planea el asesinato de Cicerón. Por desgracia para los conjurados, Cicerón descubre su plan y lo desarticula, ejecutando a sus promotores.

La conspiración hubiera quedado como una más de las que se sucedieron en los últimos estertores de la República si no fuera porque inspiró uno de los discursos más brillantes de Cicerón: la primera catilinaria, que el cónsul le espetó al conspirador cuando se encontraron en la sesión del Senado. Es un discurso conocido por el puñetazo dialéctico con el que empieza: Quosque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? O, en castellano, "¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?" Esa fue la primera noticia que tuvo Catilina de que le habían descubierto, y dicen que los senadores fueron apartándose de él mientras el cónsul desgranaba su discurso, hasta dejarle solo en el escaño.

Hoy en día, hay muchos que abusan de nuestra paciencia. Abusan de nuestra paciencia como ciudadanos, con una clase política endogámica y con el mismo sentido de Estado que un calamar. Abusan de nuestra paciencia como consumidores, con timos y magufadas de las más variadas especies. Y abusan de nuestra paciencia como personas normales que ya bastante tenemos con sacar adelante nuestra vida diaria como para además tratar de protegerse de puñaladas, traiciones, lameculismo y mediocridad rampante.

A todos ellos, a todos los que abusan de nuestra paciencia, les digo lo siguiente: os vais a cagar. Queda inaugurado este blog.

Vale.

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