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viernes, 31 de octubre de 2025

#LeoAutorasOct - Mis lecturas de 2025

Dudaba de si hacer este año #LeoAutorasOct. Tengo la sensación de que la iniciativa ha muerto un poco de éxito, porque todos los que inicialmente participamos en la misma leemos ya a más autoras de forma ordinaria. Pero este año he descubierto que tiene un atractivo especial: fomenta leer esos libros que tenías descargados, o en la pila de pendientes, o en el listado de sacar en la biblioteca, y que siempre dejabas por opciones más atractivas. Este año me ha pasado con Caballero Jack y con Ciudades hambrientas. Ahora falta que haya un mes de leer solo señoros, para poder hacer lo mismo con los libros que no entraban en octubre.

 

1. Anacronópete HispaCón Sabadell (VV.AA., 2025)

Libro exclusivo para mecenas de la HispaCón 2025. Consta de tres relatos de género fantástico: un retelling de El conde de Montecristo, un retelling de Lazarillo de Tormes (más en concreto de su tratado cuarto) y un relato inspirado en Mujercitas. Los tres están bien, aunque sin duda el que más me ha gustado es el que se basa en el Lazarillo, por el esfuerzo que hace en adoptar el lenguaje del siglo XVI y por contextualizar la historia como un capítulo perdido de la obra original.

 

2. Esquirlas de jade (Fonda Lee, 2025)

Antes de convertirse en los protagonistas (y la antagonista) de la saga del jade, los hermanos Kaul y Ayt Mada tuvieron vidas e historias. Esta antología recoge una escena de cada uno de ellos.
 

Pequeña antología con cuatro escenas del pasado de Ayt Mada (su primera amiga), de Kaul Lan (el momento en que convenció a su abuelo de adoptar a Anden), de Kaul Hilo (su relación con Wen) y de Kaul Shae (su entrada como espía en el ejército espenio). Da otra visión de algunos puntos interesantes del pasado de los personajes. No es tan brillante como otros libros de la saga, pero le doy las cinco estrellas porque este último vistazo a los Kaul bien lo merece. 

 

3. Los viajes de la Islandia (Darkor_LF, 2025)

La Vieja Islandia es una nave militar, que, después de un pequeño lío burocrático (nada importante, ni siquiera hubo muertos), decide pasarse al sector privado. A partir de ahí, vivirán aventuras que las llevarán a los rincones más recónditos del espacio, incluidos aquellos que no controlan las Corporaciones.

No puedo ser neutral hacia este fix-up, porque la autora es amiga y ya había leído con fruición los cuatro relatos que habían sido publicados por separado. Pero creo que la publicación conjunta le da muchísimo valor al conjunto: se disfruta mucho más de leerlos seguidos y ver cómo la autora va construyendo el mundo y las relaciones entre personajes. La obsesiva capitana Gulagdótirr, la pragmática y leal teniente Cafrune, la pobre alférez Ping (comemarrones profesional), la cocinera Yolihada y su obsesión por el queso, la obsesión por los fics de la tripulante Bonachera... Se las conoce mucho mejor cuando te los puedes beber todos de un trago

Los dos relatos nuevos completan el conjunto y le dan unidad. Y nos presentan a una villana implacable cuyas intervenciones revuelven realmente el estómago.

Destaco también la ambientación. Un mundo casi exclusivamente femenino (no hay un solo personaje varón con nombre), de personas que viven en el espacio y no pisan los planetas. Estamos ante una especie de steampunk espacial, porque las naves y estaciones espaciales se basan en la tecnología de tarjetas perforadas, sin novedades como chips. Y, al fondo, aunque cada vez más presente, unas Corporaciones que controlan hasta el último extremo de la vida de los habitantes de las estaciones.

Se nota que la autora es física, especialmente en los relatos ambientados en estaciones espaciales. No es que sea cifi dura, sino que es algo más sutil: las referencias a rotaciones, fuerzas y gravedad forman parte del contexto y de los diálogos de los personajes. Son algo que se tiene en cuenta. Le añade mucho saborcito al mundo, mucha verosimilitud.

Sin embargo, el punto fuerte son los personajes y las relaciones entre ellos. Al final, la Islandia son los amigos que hicimos por el camino, ¿no?

 

4. Inferia (Olivia Rain, 2025)

Levander lleva una vida triste, vendiendo redes de pesca y estafando a sus vecinos al manipular las predicciones que le dan las cartas. Hasta que un día el Gran Master, el mago que habita en la ciudad-espectáculo de Inferia, la elige para incorporarse al elenco. Magia, autómatas, ingenios y cinco gobernantes inmortales que enseguida reconocen el potencial de Levander. Porque Inferia, que se alza encima de una bestia dormida y cuya autonomía apenas es tolerada por el rey, tiene enfrente amenazas que podrían destruirla.

Este libro es una primera novela, y se nota para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es, principalmente, el entusiasmo. La autora tiene muchas ganas de contarnos su mundo, articulado en torno a una ciudad / parque de atracciones donde la magia y la tecnología steampunk se dan la mano para producir maravillas para los visitantes. Una ambientación con una obvia influencia de Ghibli, en la que se mueven personajes inmortales y malditos. Se nota que ha pensado mucho en Inferia antes de ponerse a escribir, y ha conseguido algo fresco. Los personajes principales también están muy pensados: la relación entre la Empiressa y el Gran Master, un amor maduro que aun así mantiene la chispa, me ha parecido muy bien escrita.

En la parte negativa, pues las achacables a todas las primeras obras. El ritmo no anda muy allá, hay intercambios importantes (que deberían ser diálogos largos) resueltos en un par de párrafos de narración, hay diálogos que deberían ser narración, los personajes toman decisiones poco justificadas, hacia el final pierde fuelle... Nada realmente grave, pero va sumando.

En todo caso, una novela entretenida de una autora que promete.

 

5. Ciudades hambrientas: cómo el alimento moldea nuestras vidas (Carolyn Steel, 2020)

Ensayo sobre la relación entre vida urbana y alimentación, que recorre todo el ciclo: el capítulo 1 trata de la agricultura, el 2 de la distribución, el 3 de la venta al cliente (cómo los supermercados se han cargado a los mercados), el 4 del cocinado, el 5 del propio consumo y el 6 de la gestión de los residuos. El 7 es una conclusión en el que pasa revista a diversos proyectos utópicos, su relación con el alimento y cómo podemos actuar para evitar el desastre: acuña aquí el término «sitosfera», del griego «sitos» (alimento), para explicar hasta qué punto la comida moldea nuestra vida.

Me ha gustado mucho. Está muy centrado en el caso británico, así que, aunque no sea directamente aplicable, por lo menos permite entender la relación tan esquizofrénica que tiene ese país con su comida y por qué han perdido su cultura gastronómica. A veces pierde un poco el hilo y es más amplio que concreto, pero los capítulos 5 y, sobre todo, 4, son excelentes.

 

6. III Premio Ripley: relatos de ciencia ficción y terror (VV.AA., 2018)

Tiene delito que esté leyendo el III Premio Ripley en pleno 2025, pero cada cual se gestiona su pila como puede.

No puntué esta antología en Goodreads por una razón simple: debido sin duda a algún error por parte de la editorial, me faltan la mitad de los relatos y el prólogo. De los que he leído, el cuento ganador no me ha dado más, pero me han parecido excelentes «Volver a Dakar» (durísimo), «Ruth 6» (inteligente y bien planteado) y «Anulada» (algo manido a estas alturas, pero bien ejecutado). A ver si consigo la edición completa y puedo ampliar la reseña.

 

7. Asesinato para principiantes (Holly Jackson, 2019)

Hace cinco años, la joven Andie Bell desapareció. Aunque nunca encontraron su cuerpo, su novio, Sal Singh, confesó el crimen antes de suicidarse. Desde entonces los familiares de los Singh son unos apestados. Pero Pippa no cree que Sal lo hiciera, y ha decidido usar un proyecto escolar como tapadera para volver a investigar el caso. Aunque eso tiene un problema: si Sal no fue, quien lo hiciera ha vivido muy tranquilo durante cinco años.

Relectura. Lo leí en pandemia y recuerdo que me dejó muy buen sabor de boca, tanto que he querido releerlo antes de sacar de la biblioteca el siguiente libro de la saga. Y puede ser que me lo haya terminado en 24 horas, desatendiendo otros compromisos. Así que solo diré que me ha parecido una novela de detectives excepcionalmente bien escrita, creíble (incluso en las coincidencias un poco absurdas que son tan comunes en el género) y muy humana. Da gusto leer un libro con un ritmo tan bien llevado y con un personaje principal tan interesante. 

 

8. Caballero Jack: Los diarios de Anne Lister (Anne Lister, 2019)

Extracto de los diarios de Anne Lister, denominada «la primera lesbiana moderna». Vestía como un caballero, siempre de negro, y mantenía relaciones semipúblicas con otras damas de la alta sociedad. Este libro extracta su diario entre 1816 y 1824, uno de los periodos más interesantes de su actividad.

Digámoslo claro: uno viene a este libro por el salseo lésbico. Y salseo lésbico hay. Es la época en la que Anne Lister estaba liada con Marianne Lawton (apocopada como M en los diarios), lo cual no le impide acostarse con su amiga Isabella Norcliffe ni cortejar o hablar con otras jóvenes damas que la ocasión le pone al alcance, para así alardear de su capacidad seductora.

Hay temas muy interesantes. La obsesión de Lister con el dinero y el estatus, como mecanismos que le permitirán tener una vida lésbica verdaderamente libre (y no solamente sospechada y tolerada). Los circunloquios y rodeos que usa para hablar del tema con otras mujeres interesantes. Los propios vaivenes de su relación con dichas mujeres. La forma en la que habla de contagiarse venéreas unas a otras, o de usar penes para penetrarse, o de que si tal o cual novia es «excelente» en la cama… Todo eso está ahí, sí.

El problema es que un diario es un tipo de libro que está destinado a que nunca lo lean terceros. Las partes interesantes están mezcladas con visitas a casa de vecinos, insinuaciones para las que me falta contexto, disputas domésticas, valoraciones sobre si los criados de tal sitio son buenos o si en tal posada sirven buena comida, menciones de cuánto le cuesta cada cosa y cuánto ahorra… Y venga nombres de vecinos, de amigos, de conocidos, ninguno de los cuales tiene mayor interés ni profundidad. Además, no ayuda que el estilo sea árido, que la traducción sea mediocre (con frases hechas traducidas literalmente) y que los cortes hechos para resumir las entradas demasiado largas parezcan caprichosos. Si lo he leído tan rápido es porque buena parte del libro ha sido una lectura en diagonal.

La propia Anne Lister da muestras de ser bastante insoportable. Es tornadiza, egocéntrica, tirana, orgullosa constantemente juzga a los demás (en general negativamente, «vulgar» debe ser el adjetivo más repetido del libro), etc. De hecho, uno no puede dejar de pensar que es una parásita moviéndose entre parásitos que no tienen otra cosa que hacer que visitarse unos a otros y chismorrear.

Por supuesto, es positivo que este libro esté publicado en español. Pero habría preferido una biografía que extractara las partes importantes.

 

9. El testigo mudo (Agatha Christie, 1937)

Hércules Poirot recibe una carta de la señorita Emily Arundell, en el que le pide que investigue al autor de un supuesto accidente que casi la mata. Pero la carta llega dos meses tarde, cuando la señorita ya ha muerto por una enfermedad. Claro que ¿ha sido una enfermedad?

Estoy haciendo un poco de trampa con esta reseña, porque la escribo cuando aún llevo el libro al 40%. Además, aunque no lo recordaba en absoluto, he comprobado que lo leí hace años, porque venía mencionado en la excelente Guía de venenos mortíferos de Agatha Christie, y sé positivamente que leí todos los libros que salían allí. La cosa es que no recuerdo el libro en cuanto a historia, pero sí su giro final y la forma en que se cometió el asesinato, así que parece que lo que iba a ser una lectura es otra relectura.

 

 

 

Y hasta aquí llegamos. Un #LeoAutorasOct con muchas novedades, un par de libros que llevaban tiempo en el Kindle, una relectura a la que tenía ganas y otra improvisada.

 

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jueves, 31 de octubre de 2024

#LeoAutorasOct - Mis lecturas de 2024

Definitivamente, para mí el transporte público es un elemento que impacta en la lectura. En 2022 y 2023, que tenía dos y tres viajes a la semana al otro extremo de Madrid, leí 16 y 12 libros respectivamente. Este año, que hago trayectos mucho más cortos, han sido 7 y parte del octavo.

En cuanto a temáticas, hay más realismo que otros años: dos de los libros y los dos tebeos son de esta temática.

¡Allá va la lista!

 

1. P de Peligro (Sue Grafton, 2001)

Hace nueve semanas, el doctor Down Purcell, un reputado geriatra que pasa sus últimos años dirigiendo una clínica, salió del trabajo, se subió en su coche y no se le volvió a ver. También han desaparecido su pasaporte y treinta mil dólares. Detrás queda Crystal, su esposa, mucho más joven que él. Pero es Fiona, su ex mujer, quien contrata a Kinsey. Al parecer, Down estaba metido en varios problemas (unas relaciones familiares complejas, una sospecha de fraude en su trabajo) y era precisamente de Crystal de quien tenía que huir.

 

Los misterios de Kinsey Millhone no necesitan mucho para gustarme. Dame un rato entretenido y me tienes. Aquí, Kinsey ataca un caso de persona desaparecida que tiene muy mala pinta, porque en nueve semanas ya se tendría que haber sabido algo. Y a la vez decide cambiar de oficina, pero sus caseros no son lo que ella espera.

Eso sí, una cosa es que tengo que decir del estilo de escritura de Grafton es que es seco como él solo. A mí me gusta, pero todo tiene un límite. En otros libros de la saga termina con un epílogo o algo que explique las consecuencias y baje el caso a tierra. Aquí ni eso. Es el primer libro que veo que termina in medias res. Kinsey resuelve el caso y hala, punto final. Vámonos yendo que me cierran el banco. No sé, Sue Grafton, un poquito de gracia al asunto, ¿no?

 

2. Rotunda (Candela Sierra, 2023)

Brisa es una joven graduada en Bellas Artes que, desesperada por curro, accede a trabajar en Rotunda, una empresa que hace rotondas. Al principio todo parece genial: el dueño, Delfín, es un tipo muy simpático y hay camaradería entre los compañeros. Pero claro, eso es al principio.

 

Interesante tebeo sobre la cultura del pelotazo, simbolizada aquí en una empresa que hace esculturas para rotondas (muy propio, la verdad) y que está en manos de Delfín, un nepobaby que no tiene ni idea de dirigir un equipo y cuyo padre, que es quien le consigue los contratos, presiona para que haga lo que se desea. Es muy interesante que el dibujo de Delfín es mucho más tosco y menos detallado que el del resto de personajes. Los demás son personas reales, él es un muñeco de palo con camiseta que intenta quedar bien con todo el mundo y cuyos cambios de humor sufren los demás.

Me gusta que, con la distancia que da el tiempo, vayan saliendo obras de ficción sobre la época del ladrillazo. Es todo un tema de la historia reciente de este país.

 

3. La glándula de Ícaro (Anne Starobinets, 2013)

Antología de relatos de ciencia ficción, aunque varios de ellos (especialmente El Lazarillo y La frontera) son más terror que otra cosa. Ninguno me ha disgustado activamente, pero muchos me han parecido un poco flojos, en especial el último, que es el más largo y que trata sobre lo malas y alienantes que son las pantallas. Creo que mis preferidos son los que tienen un enfoque más clasicote: La Frontera (sobre un tren que viaja en el tiempo) y Delicados pastos (sobre transferencia de consciencia a otros cuerpos).

Es interesante leer ciencia ficción desde una perspectiva no occidental, eso sí. Aunque el libro en conjunto me ha dejado un poco frío, quizás busque algo más de la autora.

 

4. Un paraíso en el infierno: las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre (Rebecca Solnit, 2009)

Interesante libro que estudia el funcionamiento de la gente en las catástrofes. Sigue el hilo de cinco grandes desastres (el terremoto de San Francisco de 1906, la explosión de Halifax de 1917, el terremoto de Ciudad de México de 1985, el 11 de septiembre y el Katrina), aunque menciona bastantes más de manera secundaria, como el terremoto de Managua de 1972 o el de Loma Prieta de 1989.

El libro argumenta que, ante un desastre, las elites entran en pánico y empiezan a concebir a la gente como enemigos. Estas elites creen en una humanidad hobbesiana, que está siempre lista para lanzarse a una orgía de saqueos, disturbios y violencia. Estas ideas, que han sido reforzadas por básicamente toda nuestra cultura popular (en la cual la respuesta a los desastres cae en manos de un héroe de acción masculino mientras la masa cae en pánico), dificultan la respuesta de estas elites al desastre y, de hecho, lo agravan. Ayuda que llega tarde, víctimas tratadas como delincuentes, burocracia lenta, etc.

Y, sin embargo, no es eso lo que ocurre en los desastres. A partir de los estudios de los sociólogos del desastre y de una importante investigación periodística que ha recabado decenas de testimonios, la autora construye la tesis opuesta: en las catástrofes, la gente tiende a organizarse de forma espontánea, creando breves utopías que funcionan razonablemente bien durante un tiempo y que a veces logran cambios permanentes. Estas comunidades y redes permiten que la gente obtenga incluso sentimientos positivos (satisfacción, alegría, vínculos personales) cuando trabaja por los demás miembros de su comunidad.

Dos de las ideas que más relevantes me han parecido son:

  • El "equivalente moral de la guerra": la guerra es horrible, pero saca a la luz virtudes como valentía o unidad. ¿Podría haber un equivalente, que permitiera exteriorizar las mismas virtudes sin que nos estemos matando entre nosotros? Quizás los desastres puedan tener ese sentido.
  • Los vínculos entre desastres, carnavales, revoluciones y activismo. Solnit habla de cómo la vida diaria es tan complicada de llevar y tan llena de compromisos que no queremos, que a veces concebimos los momento de ruptura como formas de liberación. Estos momentos de ruptura son efímeros por naturaleza, porque enseguida se recupera la normalidad o se construye otra nueva, pero son importantes.

 

Leyendo el libro he estado pensando en los propios desastres que yo he vivido, como el 11-M, el COVID o Filomena. Y es cierto que yo tenía en la cabeza la idea de desastre como pistoletazo de salida para la violencia, mientras comprobaba en mis carnes que no era así: la gente donando sangre tras el atentado, mis vecinos fundando una red de apoyo para las personas que no podían salir a hacer la compra durante la enfermedad o quitando nieve de las calles después de la nevada... Y mientras tanto, las instituciones a por uvas. Da bastante que pensar.

En la parte negativa, el hilo está escrito por una señora yanqui de mediana edad, y entonces está lleno de bobadas sobre redención, salvación, sentido, comunidad o incluso el propio paraíso que aparece en el subtítulo. A veces agota tanta referencia a la alegría y tanta sospechosa mención a lo bien que se sintieron los voluntarios que fueron a ayudar. Pero, si estás dispuesto a no tenérselo muy en cuenta, estamos ante un buen libro

 

5. La súbita aparición de Hope (Claire North, 2016)

Desde que tiene 16 años, Hope es olvidada. Puede pasar horas con alguien, pero si desaparece de su vista, a los pocos minutos la otra persona ha olvidado todos los detalles. Eso impide a Hope tener cosas tan básicas como amistades, parejas, trabajo, educación formal o asistencia médica, pero le facilita muchísimo cometer delitos. Un día, entristecida por el suicidio de una mujer que parecía tenerlo todo, Hope actúa de manera impulsiva y se cruza en el camino de un conglomerado empresarial que aspira nada más y nada menos que a convertir en perfectos a todos los seres humanos. O al menos a quienes puedan pagarlo.

 

En una primera capa, esto es un tecno-thriller de ciencia ficción sobre cómo una mujer que no deja impronta en las personas se enfrenta a una empresa que vende una perfección imposible. Y como tal funciona. Pero, como toda la buena ciencia ficción, es algo más: es una novela sobre la identidad, sobre qué nos hace ser como somos. Alguien que no es definido por la relación con los demás ¿puede tener identidad? ¿Puede ser libre? ¿O puede, incluso, ser la única persona libre?

Estamos ante un libro soberbio (quizás un poco menos hacia la mitad, pero soberbio en general) que recomiendo empezar con tiempo por delante, porque se beneficia mucho de poder dedicarle ratos largos a empaparte de lo que propone la autora. Yo no pude hacerlo y lo noté.

 

6. Los enanos (Concha Alós, 1963)

En una pensión barcelonesa en la década de los '60, varios personajes desenvuelven su miseria. Mujeres y hombres aplastados por la pobreza, la suciedad, la nostalgia y la muerte. Pero una de las mujeres, la señorita María, escribe un diario.

 

Durísima novela realista con protagonismo coral. Está la historia de una ex artista de variedades, ahora casada con un vendedor ambulante, que recuerda los tiempos de prosperidad. La de la propia dueña de la pensión, que podría (o no) tener un amante. La del boxeador marroquí que pierde todas las peleas. La de la joven que solo se acuesta con un hombre para sacarle algo, con un poco de suerte un matrimonio. Y solo una contada en primera persona, la de la señorita María, que es testigo de todas las demás, porque la suya ya terminó.

En algunos puntos me ha parecido una novela extremadamente innovadora para su época, sobre todo en lo que hace al tratamiento del deseo y la sexualidad femeninos. En general es una novela protagonizada por mujeres, y todas tienen una personalidad tan marcada que casi parece que uno está ahí, en esa desoladora pensión llena de ratas.

 

7. Telefónica (Ilsa Barea-Kulcsar, 1949)

En los primeros días de guerra en Madrid, la alemana Anita Adam llega para encargarse de la censura de prensa. En un momento en el que todo el mundo tiene claro que la ciudad va a caer, nadie puede permitirse ni un error, y Anita, con sus modos extranjeros, su mal español y su abierto criterio de cómo llevar la censura, se encontrará pronto metida en un embrollo más grande del que puede gestionar.

 

Me ha costado entrar en este libro, y al principio me ha hecho sentir hasta incómodo. Es una biografía apenas novelada: la autora, igual que la protagonista, vino a España a echar una mano a la república y acabó encargada de la censura en el edificio Telefónica. Allí, se enamoró de un oficial superior, igual que le pasa a la protagonista.

Con este trasfondo, el hecho de que todos los personajes respondan a estereotipos (los españoles fanfarrones y valientes, las españolas pasionales y celosas) me hace recordar esos cuadernos de viaje que escribían los intelectuales franceses en el siglo XIX sobre lo pintoresco que era un asalto bandolero español, olé. El hecho de que la primera mitad de la novela sea un montón de personajes planos pensando en follar no ha ayudado, la verdad.

Aun así, la segunda mitad mejora. Los personajes siguen siendo estereotipos, pero son más variados, cambian incluso un poco y la trama es más entretenida.

La traducción es excelente. La biografía de 40 páginas de la autora que hay al final me sobró bastante, la verdad. 

 

8. El cuerpo de Cristo (Bea Lama, 2023)

La madre de Vero siempre ha estado mal. A veces no quiere salir de la cama. A veces dice que un demonio la acosa. A veces bebe demasiado. A veces cree que su marido la engaña o que su hijo se droga. ¿Cómo se sobrevive en esta situación?

 

Durísimo cómic (en algunos puntos más novela ilustrada que cómic), con fuerte elemento autobiográfico, sobre la complicada relación de una joven con su madre. Ha ganado el Premio Nacional del Cómic, y la verdad es que es merecidísimo. Por un lado, por la técnica: algunas de las páginas están bordadas en vez de dibujadas, y la autora alterna entre técnicas para relatar el momento actual o flashbacks de diferentes momentos.

Y luego, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Me he sentido muy identificado en algunas partes, por desgracia. En otras no, pero la forma de contar la historia de su madre es durísima y muy humana.

 

9. Superluminal (Vonda N. McIntyre, 2023)

Laenea acaba de transformarse en ciborg: con un corazón artificial, que garantiza un bombeo constante, está en condiciones de pilotar las naves espaciales que se mueven a velocidad superior a la de la luz. En ese momento, se encuentra con a Radu, un simple tripulante, que viene de un planeta lejano en el que Laenea estuvo ayudando un tiempo atrás. Radu y Laenea se enamoran, y descubren enseguida que la separación entre pilotos y el resto de la humanidad no obedece a un capricho.

 

La edición española de esta novela me fastidia bastante. No me gusta que las novelas no tengan sinopsis visibles. Esta tiene un fragmento del prólogo de Lola Robles y otro del Manifiesto Ciborg en los que hablan de sus temas, pero nada que me indique de qué va, que es lo que me interesa cuando estoy eligiendo libros. Si la saqué de la biblioteca fue exclusivamente porque conozco a la autora y había oído hablar bien del libro.

Y entonces lo abro y me encuentro con una traducción que podría mejorarse mucho y con una maquetación fea como pocas. Cada vez que se pasa de narración a diálogo hay un interlineado doble, y cuando se vuelve a narración el siguiente párrafo empieza sin sangría. Esto dificulta bastante entender cuándo hay cambios de escena, y dificulta la lectura de escenas con mucho diálogo, hasta el punto de hacerse incómodo.

Me costó empezar con este libro, la verdad: la primera parte es muy lenta, pero luego coge carrerilla y plantea una trama muy interesante, que, para mi desgracia, al final se deshilacha un poco. El saldo es positivo, y la parte central me ha parecido muy buena, pero ni el principio ni el final me han fascinado. Y, desde luego, si tenéis oportunidad, leedlo en inglés.

 

 

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miércoles, 8 de noviembre de 2023

#LeoAutorasOct - Mis lecturas de 2023

Mi #LeoAutorasOct de este año ha estado marcado por la HispaCón de Zaragoza: la mitad de los libros los adquirí allí y fueron a engrosar mi pila. Otro lo tenía pendiente desde el Celsius y otro más lo compré en el HUL durante el propio octubre. Además, hay un cómic, un relato y un libro que no compré en festivales pero que también han salido este año.

Eso explica que haya tanto 2023 en los títulos. Para esta lista uso el año de la edición que he leído (1) y, aunque algunas de estas son reediciones (definitivamente, Por no mencionar al perro no es un libro de 2023), la mayoría son novedades. Es interesante remarcarlo, porque #LeoAutorasOct es una iniciativa que nació en 2016 para, entre otras cosas, denunciar el maltrato editorial al que estaban sometidas las mujeres. Y aunque la situación dista mucho de ser perfecta, sobre todo en lo relativo a las reediciones, hemos mejorado mucho.

Sin más dilación, por tanto, aquí va la lista:

 

1. Mediojuego (Seanan McGuire, 2023)

Roger y Dodger son constructos. Los ha creado Reed, un alquimista, para encarnar la Doctrina Inmortal: ella es matemáticas, él es lenguaje y el plan es que crezcan separados hasta que puedan manifestar la Doctrina bajo el control de Reed. Pero de niños descubren cómo comunicarse mentalmente y eso lo cambiará todo.

 

Tengo la sensación de que no he estado a la altura de este libro. Es una historia que exige que te metas dentro y sigas a la autora por la pendiente resbaladiza de acontecimientos encadenados que va planteando, pero, debido a mis circunstancias vitales, lo he leído a saltos. Creo que la pequeña decepción que me he llevado al final se debe a que no iba con la suficiente inercia.

En todo caso, hasta llegar al final lo que tenemos es una novela absorbente, que narra el crecimiento y evolución de dos hermanos condenados a encontrarse y desencontrarse al tiempo que van comprendiendo el terrible poder que encarnan. Muy bien traducida (salvo por la repetida confusión entre "pábulo" y "pabilo", pero bueno) y con un lenguaje rico y plástico.

 

2. Con la boquita partía (Irene B. Trenas, 2023)

Garrique es un pueblo de lo más normal. Tiene, incluso, una curiosa leyenda local, la del Mellao, un habitante violento y racista a quien un día se llevaron sin que se supiera más de él. Ahora, un joven que lleva un podcast de misterios y crímenes ha aparecido en el pueblo preguntando por el Mellao, y eso va a forzar a los habitantes de Garrique a enfrentarse con algo que creían olvidado.

 

Curiosa novela de terror costumbrista con protagonista coral: aunque el eje de la historia pivota sobre Carmela y Dolo, una pareja de ancianas, muchos otros garriqueños son protagonistas de sus respectivos capítulos. Tiene imágenes muy potentes y emocionantes, y un muy buen empleo del lenguaje. Es de remarcar el uso del andaluz en los diálogos, lo que permite identificar de inmediato a los personajes que vienen de fuera o que deciden no emplearlo.

El final me ha parecido un poco anticlimático, pero he disfrutado mucho de todo lo demás.

 

3. Crímenes reales (Samantha Kolesnik, 2023)

Suzy es una adolescente que ha vivido toda su existencia bajo la violencia (física, psicológica y sexual) de su madre. Un día, ante una vejación más, la mata a golpes y huye junto con su hermano.

 

Durísima novela de terror sin elemento sobrenatural. Es una exploración sobre la maldad humana, sobre lo que le hace a las víctimas y sobre cómo estas se desocializan y se convierten a su vez en victimarias. Hay mucho gore y mucha violencia sexual sórdida, pero es funcional a lo que quiere contar.

 

4. Como alma que lleva el diablo (Mireia de No Honrubia, 2020)

Jess ha perdido su empleo de abogada y decide meterse en la compraventa de almas. Comprará almas baratas y se las venderá caras a pirados que las quieran. Al principio la cosa tira un poco floja, pero enseguida le contacta Sam, el becario del Diablo, que le ofrece convertirse en su único cliente. Por medio está Lía, una periodista sin escrúpulos que se encuentra con esta historia y no se detendrá ante nada para descubrirla.

 

Me encantaría poder decir que me ha gustado, pero me ha parecido un despropósito de principio a fin.

La historia tiene muchísimo potencial, pero me ha fallado todo. En primer lugar, los personajes: son todos tontísimos, incluso los que, como Jess o el propio Diablo, deberían ser muy listos. Una parte central de la historia es el juego de engaños entre estos dos, que uno espera que sean sutiles y complicados, pero que resultan ser auténticas bobadas. También está el hecho de que Jess es abogada como podría ser tornera fresadora: en ningún momento demuestra esos conocimientos jurídicos que, según la trama, no solo tiene sino que son vitales para su desarrollo como personaje.

En cuanto a la forma, la cosa no mejora. El libro necesita una corrección. Aparte, está trufado de notas al pie mal empleadas: se usan para hacer aclaraciones innecesarias, para meter acotaciones que deberían ir en el texto principal e incluso para introducir valoraciones morales. Y por último, aunque la situación da pie a mucho humor (quiere ser un libro que no te saca carcajadas pero sí te tiene todo el rato con una sonrisa), todo va demasiado rápido y las situaciones son demasiado inverosímiles como para que cuaje la comedia.

 

5. Intermnemosis (Celia Corral-Vázquez, 2023)

Las siderales son la única especie inteligente que hemos encontrado, y ahora han desaparecido. Un grupo ecologista ha secuestrado a la última sideral que queda y está dispuesta a practicar con ella un arriesgado procedimiento quirúrgico: la intermnemosis, por la cual sus recuerdos se implantarán en una huésped humana. Confían en averiguar qué ha pasado con esta especie, para así poder encontrar un camino para una humanidad que ha destrozado su propio planeta.

 

Una novela excelente, con un ritmo que engancha y con unas relaciones entre personajes muy sólidas. No me extraña que se llevara el V Premio Ripley, la verdad.

 

6. Por no mencionar al perro (Connie Willis, 2023)

Ned Henry es historiador en una época en la que los historiadores viajan en el tiempo. El problema es que una millonaria estadounidense está poniendo mucho dinero para reconstruir la catedral de Coventry (que fue arrasada durante el Blitz) y para eso quiere recuperar un horroroso objeto de arte victoriano: el tocón del pájaro del obispo. 
Pero el tocón no aparece y Ned sufre un caso avanzado de vértigo transtemporal. Así que su jefe decide mandarle a que se recupere a la Inglaterra victoriana: hará allí una misión simple y directa y luego se pasará dos semanas de relax. Por desgracia, el propio vértigo hace que se olvide de su misión.

 

Relectura. Temía que esta vez me gustara menos (tenía a este libro un poco mitificado), pero no ha sido así. Qué maravilla. Una comedia de viajes en el tiempo que también es un whodunnit sostenida con pulso firme durante 700 páginas. Limpiaplumas, mayordomos, bombardeos, Agatha Christie, arte victoriano, rastrillos, amor verdadero, discusiones académicas, La piedra lunar, gatos... Lo tiene todo, de verdad. Y, por supuesto, tan bien llevado que da un poco de rabia saber que no voy a ser nunca capaz de escribir algo así.

 

7. Diccionario de fantasía (Laurielle y Sergio Sánchez Morán, 2023)

El Diccionario de Fantasía es un webcómic que recopila todas las cosas fantásticas, desde mitos a géneros literarios. Ahora se ha publicado una edición en papel.


Un muy divertido recopilatorio (aunque con bastante material nuevo) del Diccionario de Fantasía. Todos queremos a José Esmaug.

 

8. Acércate (Sara Gran, 2023)

Amanda vive una vida de película: buen trabajo, buen marido, buena casa… Pero un día empieza a experimentar fenómenos extraños que, por lo que parece, salen de ella misma.

 

Desasosegante historia sobre una mujer que se va deslizando por una pendiente: pasa de sueños raros y oír ruidos a cometer delitos y hacer daño a las personas. Su vida de clase media profesional con una carrera exitosa se ve muy pronto afectada. Y ella, que no sabe lo que le ocurre, va cada vez dando un paso más, un pasito más...

La sensación de perder el control de la propia vida es vívida y perturbadora. Y me identifico mucho con todos los intentos que hace de negar el problema o de buscarle soluciones que obviamente no funcionarán: es una fase, tengo que ir al médico, necesito terapia...

 

9. Tres plumas negras (Rocío Brea Contreras, 2021)

El comandante de la Guardia de la ciudad de Dohen persigue sin éxito a un misterioso encapuchado que se dedica a exponer y humillar a los nobles de la ciudad. Un joven pelirrojo se despierta sin recuerdos en medio del bosque. Un chaval bromista y tocanarices se ha atrevido a ofender al jefe criminal de la ciudad, que ahora va a por él. Las vidas de estos tres personajes se cruzarán cuando el encapuchado empiece a matar gente.

 

Este libro nos presenta una investigación policíaca bastante conseguida. El misterio tiene sentido, se resuelve de forma racional, se dan pistas donde tienen que darse, las deducciones son correctas, etc. Abusa un poco de las coincidencias, pero eso es común en el género. De hecho, las partes de la investigación policial son de lejos las que más me gustaron. Tiene también un mundo con algunas notas interesantes, en especial lo relativo a la magia.

Mi pega son los personajes. Son muchos en poco espacio, y están poco definidos. Les falta identidad. Los buenos son demasiado buenos y, al final, el único conflicto real que hay es el asunto del encapuchado, porque todos los protagonistas se dan entre sí unas muestras de confianza y de perdón que, la verdad, no tienen demasiado sentido, ya que son desconocidos entre sí. Y eso tiene el efecto secundario de que acaba por no importarte lo que les pase.

Además, hay un tema menor, que sé que es una manía mía pero que me sacaba de la lectura constantemente: no entiendo por qué es todo tan inglés si la autora no lo es. Que si Jim, que si Duncan, que si Lord Nosequé, que si una taberna tiene incluso el nombre sin traducir... Supongo que hay a quien le suena más a fantasía, pero a mí me resultó impostado.

 

10. Contrapaso: Los hijos de los otros (Teresa Valero, 2021)

Madrid, 1956. En la gris y plomiza capital de la dictadura, el falangista desencantado Emilio Sanz trabaja como periodista de sucesos. Es un hombre viejo y atrabiliario, que se obsesiona con sus casos. Un día el director contrata a otro periodista: Léon Lenoir, hijo de un rojo muerto en la guerra. Justo en ese momento una mujer es encontrada muerta en el Manzanares. Ya en los primeros compases de la investigación queda claro que la historia es impublicable porque trata de cosas que no ocurren en la España de Franco, pero aun así Sanz y Lenoir deciden tirar del hilo.

 

Una brutal historia policíaca ambientada en el Madrid de los años '50, entre luchas estudiantiles, desfiles de Falange, chabolas de Vallecas y mansiones propiedad de quienes ganaron la guerra. La investigación está llevada con pulso y ritmo, los personajes son carismáticos y bien definidos... Menuda delicia.

El dibujo merece su propio comentario. Es soberbio. Destaca en especial la recreación minuciosa del Madrid de la época, en viñetas llenas de detalles. Se nota que hay una investigación ardua detrás, en asuntos como el vestido, los planos de los edificios, los nombres de las estaciones de Metro, las marcas que se anuncian...

Un gustazo de lectura.

 

11. Semana de permiso (Darkor_LF, 2023)

Un fallo en los motores de la Islandia obliga a la nave a quedarse varada en una estación espacial, para desgracia de Ping (a quien le cae encima la poco gratificante tarea de ayudar a la capitana con el papeleo) y para esperanza de Yuan (que decide aprovechar este tiempo para declararse a una tripulante).

 

Nueva y divertida historia de la Islandia. Tiene humor, cabras (mencionadas) y un poquito de trasfondo político.

 

12. Monje y robot (Becky Chambers, 2023)

El mundo casi fue destruido, pero logró recuperarse. Ahora la mitad del planeta es un jardín formado por pequeñas comunidades bien cuidadas y la otra mitad es puro bosque salvaje donde no hay humanos. Hace generaciones que los robots decidieron irse a la parte salvaje y no se ha vuelto a saber de ellos. Ahora, Dex, une monje del té a quien no le satisface su vida, ha decidido adentrarse en la parte salvaje. Allí conoce a Onfalina, un robot que tiene una misión: averiguar qué desean los humanos.

 

Estamos ante un libro lento y tranquilito, de dos colegas que viajan en un carro y charlan. El mundo que crea Chambers es impresionante, un lugar de comunidades pequeñas, ausencia de dinero, casas biodegradables, té y necesidades satisfechas. También es bonita la relación entre Dex y Onfalina.

Sin embargo, todo el libro tiene algo que no me acaba de encajar. No es solo que me falte un poco de acción, que también. Es que la parte filosófica, todo ese diálogo sobre el propósito y la identidad que se supone que es un poco el punto fuerte del libro, me ha resbalado mucho. Otra reseña dice que le recuerda a un libro de autoayuda, y es exactamente eso. A ratos me parecía a estar leyendo a una señora yanqui que nunca ha salido de su suburbio (salvo, quizás, para ir a la India a constatar qué felices son allí con tan poco) y que dice unas cosas súper genéricas sobre la necesidad de autoaceptación y lo importante que es soltar.

 

 

 

Y este ha sido mi #LeoAutorasOct de 2023. Espero que encontréis recomendaciones interesantes de lecturas que hacer.

 

 

 

 

(1) En los primeros años usaba la fecha de la edición original, pero en un momento dado cambié de criterio sin darme cuenta y ahora me da pereza modificar artículos antiguos para unificarlo.

 

domingo, 25 de diciembre de 2022

Separar obra de autor

El tema de los eufemismos en política siempre me ha llamado la atención. Se usan mucho, sobre todo por parte de las derechas, para enmascarar lo que se quiere hacer bajo una capa retórica. En los últimos tiempos, que tanto se habla de la posverdad, se ha puesto de moda una clase especial de eufemismos: los dog whistles (silbatos para perros). 

Seguro que habéis oído el término. Se trata de un eufemismo que tapa políticas especialmente preocupantes (racistas, machistas, etc.) y que tiene una virtud doble: transmite a los fieles las propias intenciones a la vez que niega a los oponentes un motivo razonable para enfadarse, puesto que lo que dice es, a veces, justo lo contrario de lo que quiere decir. El ejemplo más claro es Make America great again, el lema de Trump. Bajo esta bandera aparecen toda clase de políticas racistas, machistas y clasistas, desde los muros en la frontera hasta la prohibición del aborto, pasando por la persecución de personas trans o el establecimiento de trabas para que ciertos colectivos puedan votar. Cosas que nos llevan hacia el fascismo.

Cuando Trump pronuncia esta frase, sus seguidores entienden que sus objetivos son esos y no otros. Y sus oponentes también. Pero estos no pueden quejarse porque quedarían de paranoicos: ¿quién podría oponerse a recuperar la grandeza de EE.UU.? ¿Quién vincularía tan noble objetivo con semejantes políticas de segregación? Para desmontar la frase ya hay que hacer un análisis serio del discurso y las prácticas de estos políticos, y desde el otro lado lo tienen muy fácil para contraatacar con simplezas como «anda, anda, imaginaciones tuyas, yo solo digo que hay que volver a hacer grande EE.UU.».

La frase «hay que separar la obra del autor» es un dog whistle similar. La oímos cuando el autor de una obra tiene opiniones políticas, digamos, cuestionables. Se usó, por ejemplo, cuando se criticó al Celsius por invitar a Orson Scott Card, y se emplea con cierta frecuencia cuando se pide a la gente que no compre productos de Harry Potter porque J.K. Rowling financia movimientos tránsfobos vinculados con la extrema derecha. La respuesta siempre es la misma: pero hombre, ¿cómo dices eso? Vale, el autor será lo que sea, pero lo que nos interesa es su obra. ¡Hay que separar obra de autor!

Hay aquí varias cosas interesantes. La primera es esta apelación a la obra de una persona como algo intangible, que solo puede ser criticada en el plano artístico (es decir, por sus valores literarios, cinematográficos, pictóricos…) y no en el político. Lo cual es mentira, claro. La obra de un autor expresa sus ideales políticos, incluso en lo más básico. Por ejemplo, en la obra de J.K. Rowling no hay transfobia explícita (1), pero en Harry Potter hay castas, estereotipos raciales y una división binaria del mundo en buenos y malos, elementos todos ellos políticos. En otras palabras: la obra de un autor es parte de él, de sus ideas, de lo que piensa. Nunca se puede hacer una separación firme entre obra y autor.

Pero es que, además, la frase es una mentira total, y por eso la categorizo como dog whistle. Quiere decir una cosa muy distinta al significado literal de las palabras que emplea. Cuando se nos pide que separemos obra de autor, lo que en realidad se nos está pidiendo es que seamos tolerantes con el autor, no con la obra. Lo que se nos dice no es realmente «separad obra de autor», sino «perdonad las barbaridades del autor porque su obra es buena». 

Voy a poner un ejemplo con, de nuevo, Harry Potter. A mí me gusta esa saga de libros. Como todo buen millennial, crecí con ella. Supone una experiencia compartida con la gente de mi edad y un vínculo que tengo con personas que me importan. A pesar de que ha quedado ampliamente superada, marcó un hito en la literatura juvenil de los últimos ’90 y primeros ’00 (2) y el tamiz de la nostalgia hace el resto: sí, sigue gustándome Harry Potter (tanto las novelas como muchos de los productos derivados) y, probablemente, siga gustándome durante muchos años. Por esa razón, periódicamente vuelvo a los libros y a las películas que ya tengo.

Pero la autora me parece una miserable. Es una señora que ha decidido situarse voluntariamente en unas posiciones políticas de extrema derecha, enfocadas hacia el odio contra uno de los colectivos más vulnerables de la sociedad: las personas trans. Por mucho que haya escrito uno de los libros que definieron mi infancia y mi primera adolescencia, yo preferiría que no tuviera el dinero y el altavoz que tiene. Así que colaboro, desde mi humilde posición, para restárselo: no consumo los nuevos productos que salen bajo la licencia, no hablo de ella en público e intento convencer a los demás de que hagan lo mismo.

A mi parecer, esto es separar obra de autor: tratarlos con dos criterios distintos, pues los valoro de forma diferente. La obra me gusta, pero, como el autor no, voy a evitar darle dinero y visibilidad. Disfrutaré en mi intimidad de la obra que ya tengo comprada, piratearé la que salga nueva o compraré productos derivados hechos por fans de los que él no verá un duro, pero ya está. Por volver de nuevo al caso de Orson Scott Card, que tú releas tus viejos tomos de Ender me da igual; que le invites a hablar a un festival me da menos igual.

Cuando se nos pide que separemos obra de autor, sin embargo, no se espera que hagamos esto sino justo su contrario: que, como nos gusta la obra, ignoremos que el autor es un desgraciado y sigamos dándole recursos y posición. ¿Y si no nos gusta la obra? Pues da lo mismo, porque, como ya hemos dicho, esta clase de posiciones no admiten la crítica política hacia una obra artística, así que el asunto se convierte en un mero problema de gusto personal, un «si a ti no te gusta no la leas / veas / juegues, pero yo quiero seguir leyéndola / viéndola / jugándola».

Esta clase de confusión es la que ha llevado, por cierto, a mucha gente de izquierdas y LGTB a renegar en público de Harry Potter, decir que es basura, que está mal escrita, etc. Entiendo de dónde viene, pero es una posición que me parece impostada, hecha para responder a estas objeciones que lo sitúan todo en el gusto personal. Por supuesto, según van pasando los años le vemos más las costuras y los defectos literarios a Harry Potter. También las virtudes, que las tiene. Pero es que eso da igual, porque el problema nunca fue la calidad de la obra, sino las actitudes de su autora. Y pongo ahora otro ejemplo: Disco Elysium, un juego que todo el mundo admite que es excelente, pero que hay gente negándose a jugar porque la empresa que lo explota parece haber vulnerado la propiedad intelectual de las personas que lo crearon.

Por último, quiero hablar de la respuesta más habitual cuando alguien señala ciertos actos y opiniones de un autor como motivo para no consumir su obra: «es que, si razonamos así, nunca leeríamos / veríamos / jugaríamos a nada, porque no hay autor libre de culpa». La segunda parte es cierta. Ningún estudio de videojuegos y ninguna productora de películas está libre de prácticas cuestionables; ningún autor es ejemplo de virtud ni en lo que hace, ni en lo que dice, ni en lo que piensa. Pero el razonamiento que se deriva a partir de ahí es erróneo.

Cada cual decide dónde traza la línea y por qué la traza. A mí, por ejemplo, dos datos que me parece razonable tener en cuenta es si el autor está vivo y si sus opiniones políticas discriminatorias se traducen en actos que vayan a dañar a otros. Puedo leer con tranquilidad a Lovecraft porque, aunque era un racista, lleva casi un siglo muerto y muchas de sus obras están incluso en el dominio público. Aunque no lo estuvieran, da igual para mi criterio personal, que es que mi dinero no acabe en manos de grupos de extrema derecha. Si el autor ha fallecido o si, aunque esté vivo, no apoya a movimientos organizados de odio (por mucho que pueda tener opiniones políticas derechistas), no veo problema en comprarme sus obras (3).

Otro dato que le importa a mucha gente (a mí no tanto) es hasta qué punto las opiniones políticas del autor son explícitas en la obra. Esto suele ser relevante no solo para decidir si comprar o no la obra, sino incluso para saber si leerla. Puede que el libro me haya salido gratis, pero, a lo mejor, no me apetece dedicar mi escaso y muy valorado tiempo de ocio a empaparme de una apología del fascismo, por ejemplo. Y es una decisión de lo más válida.

Ni es un desdoro dejar de comprar un libro por razones políticas ni te vas a quedar sin nada para leer. Sea donde sea donde traces tu línea, las obras que queden dentro tenderán a infinito: ese es el milagro de la multiplicación de las editoriales y de los autoeditados. En cuanto a las obras maestras de cada género, y en el caso de que te interese leerlas (4), pasa lo mismo: hay tantas grandes obras que quizás te pierdas algunas, pero podrás leer muchas otras. Por supuesto, quien dice leer dice ver o jugar.

Espero haber explicado por qué me parece absurda (y, de hecho, peligrosa) la frasecita de marras. Qué pena no conocer a su autor, para contarle bien lo que opino de semejante obra.

 

 

 

 

 

(1) Salvo quizás en Troubled Blood, novela escrita ya durante su deriva tránsfoba.

(2) No fue, sin duda alguna, la primera historia sobre colegios de magia, pero sí la primera que pegó un bombazo tremendo, además manteniendo una personalidad muy reconocible.

(3) En la misma categoría cuento a Pérez-Reverte, por ejemplo, que está vivo y es un señor bastante apolillado, pero no financia partidos de ultraderecha. Aunque, después de leer cuatro libros seguidos de este señor para entender por qué es tan popular, lo que me pregunto es por qué querría nadie leer a Pérez-Reverte.

(4) Que tampoco es obligatorio, incluso si nos ponemos de acuerdo sobre cuáles son. 

 

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viernes, 4 de noviembre de 2022

#LeoAutorasOct - Mis lecturas de 2022

Otro año más, otro #LeoAutorasOct más. Lo que he leído este año ha sido: 

 

1. La voz de plata (Alba Quintas, 2020)

El joven Marco llega a la corte de Kublai Khan después de haber tenido un sueño profético que le ha dado una orden: nunca debe mentir al Khan. Y obedece. Así que el Khan le propone un trato: podrá quedarse en su imperio si le concede cinco noches, cinco noches cualesquiera en las que él le llamará y charlarán bajo el signo de la sinceridad absoluta.

 

Una bonita y emotiva historia corta sobre la relación que se establece entre Marco Polo y Kublai Khan. No hay más que lo que ve: las cinco noches que el Khan le pide al viajero, y los encuentros y desencuentros que se producen entre ellos durante las mismas.

El lenguaje es poético sin ser pesado. Se nota que la autora ha leído mucho a Jordi Sierra i Fabra, por el empleo de párrafos compuestos por una sola frase corta. Siempre es un recurso efectivo.

Se lee en un suspiro y lo deja a uno calentito por dentro (aunque creo que el final se alarga demasiado, pero esa es la única pega que le puedo sacar).

 

2. Matemos al tío (Rohan O’Grady, 2014)

El niño Barnaby Gaunt se va de vacaciones a una pequeña islita canadiense casi deshabitada. Buena comida, paseos y la compañía de su tío y tutor legal. Solo hay un pequeño problema: que Barnaby está seguro de que su tío lo quiere asesinar. Se lo cuenta a Christie, otra niña veraneante, que le da la solución: tienen que asesinar a su tío.

 

Estamos ante una novela perturbadora y a la vez divertida. Voy a decir que me esperaba otra cosa. Creía que el eje de la historia iba a ser la tensión entre las afirmaciones de Barnaby y la conducta del Tío. ¿Está Barnaby mintiendo o es de verdad el Tío un asesino? Sin embargo, en cuanto aparece el Tío en la historia y leemos un par de páginas desde su perspectiva nos queda claro: el Tío es un asesino y probablemente un pederasta y quiere matar tanto a Barnaby como, de propina a Christie. Entonces la angustia de la novela se desplaza a otro lado: a Barnaby intentando que los adultos le crean y topándose siempre con un muro de condescendencia. El asesinato es la única opción.

Vale, entonces ¿cuál es la parte divertida? Pues hay mucho humor (negro, claro) en el tono con el que se cuenta todo, en la estupidez honesta del agente Coulter, en la relación que se establece entre los niños y el puma Una Oreja (al que tratan como un peluche grande), en los desvaríos espiritistas de los Brooke o en el interés que tiene la señora Nielsen en que los niños coman bien. Una historia terrible se esconde en prosa ligera y entre las anécdotas cotidianas de un pueblo donde todo el mundo se conoce, y el resultado es, como he dicho, tan perturbador como divertido.

 

3. Palos y astillas (Elena Tejedor, 2021)

Relato humorístico breve que cuenta los amores (fructíferos, por desgracia) entre un licántropo y un hada.

Si está editado de forma independiente cuenta como lectura, creo. Son apenas 1.500 palabras, pero sale un olifante que muge y eso le añade calidad a cualquier historia.

 

4. Sucedió en una taberna 1: El camafeo (Celia Corral-Vázquez, 2020)

Todo puede suceder en la taberna El noble molinillo. Incluyendo que un misterioso tipo encapuchado coacciones al camarero nuevo (que es más tonto que una piedra) para robar cierto objeto…

Primer relato de la serie del Piratreon, de Celia Corral-Vázquez. Se trata de historias de piratas en un mundo steampunk, con mucho humor. Este relato es cortito pero ambienta bien el mundo, tiene un par de personajes interesantes y saca buenas carcajadas.

 

5. Trafalgar (Angélica Gorodischer, 2022)

Rosario, Argentina, años ’70. Trafalgar Medrano es un hombre de buena familia que se ha dedicado al comercio. Pero no comercia con la Tierra, sino que agarra una nave espacial a la que llama «el cacharro» y parte a comprar y vender en los planetas más absurdos. Luego, de vuelta a nuestro mundo, le cuenta sus aventuras a su amiga Angélica Gorodischer, que le escucha entre tazas de café. Aunque lo cierto es que no hay ninguna prueba de que Trafalgar haga esos viajes, por lo que también podría ser que fuera todo fabulación…

Ya reseñé esta obra en el #LeoAutorasOctde 2016 (¡el primerito que se hizo!), pero ahora he comprado el libro en físico y lo he releído o, más bien, redevorado. No le cambio una coma a lo que dije entonces. Qué bien escribía Gorodischer, leñe.

 

6. Verde (Anna Roldós, 2022)

Adam es una mecánica de naves espaciales a la cual un día le ordenan que se haga cargo de Jaf, un extraterrestre apasionado con la especie humana.

Una novelita corta de amor entre una humana y un extraterrestre. No suelo leer romántica, pero me ha gustado; tiene todo lo que uno esperaría de un libro de este género, es entretenido y funciona. El final me pareció un poco apresurado, pensado para enlaza con la segunda parte.

 

7. 999 pedazos (Isabel Pedrero, 2022)

Encerrar al Mal en un espejo y luego romper el espejo parecía mejor idea en teoría. Ahora el Mal anda disgregado en 999 pedazos y está buscando que alguien lo recomponga. Solo Medianoche, un hombre que claramente no es el adecuado para el trabajo, se está encargando de mantenerlos seguros.

Con este libro he tenido un problema de suspensión de la incredulidad. Hay demasiados fragmentos que aparecen en lugares donde realmente no tiene mucho sentido que estén (incluyendo sitios a donde solo pueden llegar tras un proceso industrial) y que solo se activan cuando conviene a la trama. Por otro lado, el uso de notas al pie de numeración aleatoria para contar un microrrelato cada vez que aparece la palabra «pedazo» es de las cosas más interesantes que he visto en mucho tiempo.

 

8. Anacronópete HispaCón 2022 (VV.AA., 2022)

Nanoantología repartida para las compras online de la HispaCón 2022. Consta de un relato original (en este caso uno de Emilia Pardo Bazán) y una serie de retellings. En este caso son tres retellings, uno en cada idioma cooficial y uno de cada género de los tres que promueve Pórtico.

Debo decir que esta nanoantología, al contrario que la del año pasado, no me ha gustado mucho. Quizás es que el relato original no da para demasiado (es muy corto), pero los retellings me parecen hechos con pocas ganas. Aun así, es maravilloso el impulso que le está dando Pórtico a las historias clásicas de fantasía, ciencia ficción y terror.

 

9. Las escritoras de Urras, año 2 (VV.AA., 2021)

Año 2 de la antología Las escritoras de Urras.

Las escritoras de Urras es un interesante proyecto transmedia que consiste en traer al lector/oyente español a toda clase de escritoras de fantasía, ciencia ficción y terror extranjeras, sea que necesiten traducción o sea que se las pueda publicar directamente en español. Funciona en forma de podcast y las escritoras participantes son remuneradas. Sacan con regularidad un crowdfunding para financiar el año siguiente, y la principal recompensa es el libro con los relatos del año anterior.

Las escritoras de Urras, año 2 es una antología de relatos de calidad en general muy alta. Mis favoritos son:

  • El Fenghuan: la relación de dos chicas en un pabellón de enfermedades raras (raras nivel «la protagonista a veces arde y resucita»).
  • Los últimos: en un contexto que recuerda a la era vikinga, la única agua que es posible beber es la que se contiene en icebergs inteligentes, que deben ser cazados y remolcados. El cazador de icebergs del pueblo ha muerto y solo quedan dos aprendices inexpertos.
  • Más que simple acero: en un futuro en que todos los adultos han muerto, un adolescente intenta sacar adelante una colectividad compuesta por niños.
  • Las alas de mi hermana son rojas: los Imago vinieron, declararon que los humanos nos hemos atascado en la evolución y la adelantaron por la fuerza. Ahora somos una especie de pseudo-abejas, pero los más viejos aún recuerdan el mundo que había antes. Olive, una pinche de cocina cuya hermana ha salido de la crisálida con las alas rojas que la marcan como futura reina, siente unos celos terribles…

 

10. Historia de Rodrigo (Almijara Barbero Carvajal, 2022)

Rodrigo Díaz de Vivar ha matado a Sancho y debe, por ello, ser desterrado. Pero después de que Urraca, emperatriz de las Españas, pronuncie la sentencia, el futuro Cid Campeador asciende a los cielos y desaparece. Cuando vuelve a bajar, y aunque para él apenas han transcurrido unas pocas horas, descubre que en la superficie han pasado ocho años. Ocho años en los que la situación se ha deteriorado muchísimo. Por suerte, el héroe vuelve a estar disponible…

 

Segundo libro de la saga de Rodrigo, tras Las mocedades de Rodrigo. Me resulta difícil reseñar esta historia, porque creo que es la mejor novela de género escrita en 2022, pero voy a intentarlo. La autora nos lleva de la mano por el siglo XI o, más bien, por una versión del siglo XI sólidamente asentada en hechos reales pero libremente modificada para que sea más divertida y más queer que la original. Estamos en un mundo donde Jimena no se enamora de Rodrigo sino de Urraca, donde los reinos de taifas han conseguido inventar el bazooka y donde las advocaciones de María son todas seres diferentes y con sus propios objetivos.

En Historia de Rodrigo resulta que Rodrigo es el personaje menos importante. Mientras él intenta asumir que ha perdido ocho años de su vida, la narradora se lanza a contarnos lo que ha ocurrido en ese tiempo: asedios, traiciones, alianzas y divisiones entre las taifas, mensajes secretos e intrigas dentro de intrigas. Vemos, como en una moviola, cómo evolucionan los personajes durante ocho años, cómo la emir de Sevilla pasa de ser una gobernante poderosa a un manojo de nervios comida por el insomnio y la culpa, y cómo Alfonso busca a Rodrigo de forma desesperada.

El libro está escrito en un lenguaje deliberadamente arcaizante, con frases largas, cultismos y un control absoluto del estilo. Este efecto contrasta con la presencia constante, sobre todo hacia el final de la obra, de chistes tontos, juegos de palabras e incluso memes, de una forma muy parecida a como lo hace Tamsyn Muir. Pero Tamsyn Muir, con toda mi admiración hacia ella, no podría haber escrito nunca la escena del juicio entre advocaciones marianas.

Y aún no ha hablado del tanque elefante ni de la Hueste del Hacha.

 

11. Las alas del mal (Rocío Galeote, 2022)

En Beaufort desaparecen niños. Son siempre desapariciones inexplicables, sin pistas ni testigos. Pero ahora es Payton, la hija de una de las inspectoras locales de policía, quien ha desaparecido, y lo ha hecho en una calle concurrida. Ahora es personal.

 

Me ha costado ponerle nota a este libro. Al principio no me estaba gustando demasiado: personajes planos, acciones que no tienen sentido, una protagonista más bien insoportable… Se nota muchísimo que es la primera obra larga de la autora.

Sin embargo, me ha merecido la pena leerlo. Lo que intenta hacer es muy original: una historia clásica de hadas que secuestran niños, pero ambientada en el mundo moderno, por lo que enseguida se convierte en un thriller. Y, como thriller, tiene todo lo que se le puede pedir: acción a raudales, puntos de vista múltiples, jerga policial, criminales inteligentes que tienen en jaque a todo un departamento, giritos finales y todo lo demás. Me mata un poco lo fácil que se recurre a la tortura en cuanto se llega a la conclusión de que las sospechosas no son humanas, pero supongo que es cosa del género.

 

12. Historias de Xuya (Aliette de Bodard, 2022)

Dos novelas cortas ambientadas en el universo de Xuya. En La maestra del té y la detective, una nave mental que se dedica a preparar infusiones para hacer más llevaderos los viajes espaciales es reclutada como ayudante de una extraña detective. En Siete de infinitos la preceptora de una joven erudita (una mujer con pasado criminal) descubre un cadáver en la casa que comparte con su alumna; una nave mental que tampoco tiene el pasado limpio le ayudará a descubrir el asesinato. 

Ya hablé de Aliette de Bodard en el #LeoAutorasOct de 2018. Entonces leí su antología El ciclo de Xuya y su novela corta En una estación roja, a la deriva, ambas editadas por la hoy desaparecida Fata Libelli. Entonces dije que la novela corta me había gustado más que el libro de relatos. Tras leer Historias de Xuya, me reafirmo: Aliette de Bodard me gusta mucho más en las distancias medias que en las cortas.

Xuya es un universo donde fue China, y no Castilla, quien llegó a América. Sin embargo, las historias están ambientadas siglos en el futuro, en una época de hábitats espaciales, naves mentales (mentes gestadas en vientres humanos que son capaces de controlar naves) y bots. Los dirigentes de la sociedad se denominan eruditos y acceden a sus puestos por medio de exámenes, como en la China imperial. Las naves mentales, que son sujetos de derecho igual que los seres humanos, se proyectan en los diferentes hábitats por medio de hologramas y de bots.

Pus bien, en este contexto, Aliette de Bodard hace una de las cosas que más le gusta: meter investigaciones de asesinato. Y, para rizar más el rizo, ambas son reinterpretaciones de historias policíacas clásicas. La maestra del té y la detective es una historia holmesiana. Nuestro Watson es un superviviente de guerra (como el de Doyle) que prepara infusiones para ayudar a sobrellevar el viaje estelar: nuestro Holmes la contacta porque quiere mantener intacta su capacidad analítica mientras viaja.

Siete de infinitos, por su parte, es una historia de ladrones y estafadores, tipo Arsene Lupin. La protagonista es ayudada por una nave mental que es la antigua jefa de un grupo de ladrones de guante blanco. Está retirada, pero se aburre, y la aparición de un cadáver en la casa de su amiga será la excusa perfecta para volver a las andadas.

Me gustó más la segunda que la primera. Puede ser que influyera el hecho de que la primera la leí más a salto de mata, sin poder centrarme en la lectura. Además, y hubo una cosa que me sacó bastante, no está en primera persona: nuestro Watson es solo personaje, no narrador. Aun así me pareció muy buena. Y la segunda, que es la más larga, es excelente tanto en forma como en fondo.

 

13. El verde de los zombis (Covadonga Ballestero, 2022)

Violeta es una youtuber mediocre y sin amigos, Carol es una chavala de barrio con la mecha muy corta, Marina es una k-poper con problemas de alimentación y Sara (que es amiga de Carol y hermana de Marina) es una gótica ambiciosa y depresiva. Cuando vienen los zombis, las cuatro se quedan encerradas en el estudio de una radio universitaria. Y eso no es lo peor: con ellas está un señoro de marca mayor.

Compré esta novela motivado por el discurso de venta que me echó la autora en la HispaCón: vale, fuera hay zombis, pero dentro hay un señoro, y no sabemos qué es peor. Lo que me encontré cuando la abrí fue una gamberrada de novela, donde cuatro chicas jóvenes y con pocas capacidades reales tienen que gestionar un brote de algo que se parece demasiado a una plaga zombi.

Me ha gustado mucho la construcción de los personajes protagonistas: Violeta, Carol, Marina y Sara son creíbles, con voces diferenciadas y sumamente desastrosas, como corresponde a cuatro chicas jóvenes. Se pillan de tíos gilipollas, tienen adicciones diversas, chocan entre sí, superan los choques, tienen movidas con sus padres y, a pesar de su juventud, todas ellas tienen varios problemas graves de solución más bien difícil.

En contraposición, el personaje de Eugenio (doble doctor, católico hasta la médula y señoro de manual) no me ha gustado demasiado. Está tan pensado para ser odiado que no tiene ninguna profundidad ni verosimilitud. Su personalidad se basa en un topicazo y sus intervenciones aburren y fastidian más que indignan. Lo cual, sospecho, no ha sido la intención de la autora.

A pesar de ser una cosa tan macarra, se agradece el tono realista. Los zombis son en realidad víctimas de una droga (es decir, humanos vivos pero completamente enajenados), la gente no consigue armas con facilidad, recuperar el control no es tan complicado… Al final, el muerto viviente animado por un virus ya está bastante pasado, y hay que empezar a modificar el concepto. 

Por último, y en la parte negativa, se nota que es una primera novela. Las escenas grupales (sobre todo los diálogos) se embarullan demasiado, se salta de narrador con mucha frecuencia, el ritmo podría mejorarse (en el último tercio empiezan a aparecer personajes nuevos), a veces la autora se olvida de que está narrando en presente y cambia al pasado, etc. Pero el fondo compensa la forma.

 

14. No soy tu casa (Rocío Remesal, 2022)

Bea tiene que mudarse a la ciudad para estudiar, y su tía le hace una oferta irrechazable: le cederá para que viva el antiguo piso de sus abuelos, cuya reforma encima pagará. Bea acepta, por supuesto. Pero puede que el piso tenga otras ideas…

Excelente novela corta de terror, ganadora del Domingo Santos de novela de este año. Las partes de los obreros se hacen un poco repetitivas, pero lo compensa con el desarrollo de las relaciones de Bea con sus vecinos y, sobre todo, con el final de la historia. Porque, como en otras historias de terror, es probable que lo que mas miedo dé no sea precisamente el monstruo.

 

15. Las manzanas (Agatha Christie, 1969)

La escritora Ariadne Oliver asiste a una fiesta de Halloween con distintas diversiones: un cubo lleno de agua para recoger manzanas con la boca, espejos para que las chicas vean el rostro de su futuro marido, una ponchera en llamas en la que hay que meter la mano para sacar pasas y otros dulces… Durante la preparación, una joven con fama de mentirosa dice que ella una vez presenció un crimen, pero nadie la cree. Sin embargo, debe de ser verdad: apenas unas horas después, durante la fiesta, alguien la asesina sumergiéndole la cabeza en el cubo de las manzanas.

Novela de Agatha Christie protagonizada por Poirot, aunque Ariadne Oliver tiene un papel menor. La he leído porque parece ser que es la siguiente que va a elegir Kenneth Brannagh para adaptar (aunque va a sacar la acción de un tranquilo pueblo británico y se la va a llevar a Venecia), y no es la que más me ha gustado de la autora. 

La clave para resolver el misterio es muy buena, uno de estos casos de «estaba delante de tus narices todo este tiempo y no te diste cuenta», pero el libro en sí es un poco aburrido, con Poirot dándole vueltas y vueltas a las mismas pistas. Además, los motivos del criminal son poco creíbles, y el girito final no aporta nada. La traducción es horrorosa, como siempre en las historias de la autora. Sin embargo, a pesar de todas esas pegas, hay algo muy interesante en el tipo de misterio y en la forma de resolverlo.

 

16. La señora McGinty ha muerto (Agatha Christie, 1952)

Una limpiadora completamente inofensiva ha sido asesinada de manera brutal y todas las pruebas apuntan a su inquilino, que ha recibido una condena a muerte. Pero el policía que investigó el caso no cree que haya sido él, y acude a Poirot para que lo investigue.

Novela de Agatha Christie protagonizada por Poirot, aunque Ariadne Oliver tiene un papel menor. Es anterior a Las manzanas, en la cual hay referencias a esta. Me ha gustado también mucho más. La intriga es más sólida y la novela es más entretenida. Es de las novelas postbélicas y se aplica el mismo recurso dramático que la autora empleó en otras de la misma época (como Pleamares de la vida o Se anuncia un asesinato): en la guerra ha habido tanta movilidad y se han destruido tantos documentos que ya nadie conoce a sus vecinos y cualquiera puede inventarse una vida y un pasado.

 

 

 

 

Y hasta aquí mi #LeoAutorasOct de este año. Será por los entornos en los que me muevo, pero en 2022 (siete años después de la primera edición) he visto mucho menos movimiento en redes en torno a esta iniciativa. Creo que eso es bueno, porque significa que leemos a más mujeres en general.

 

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