lunes, 30 de noviembre de 2015

Monogamia de vacas y "praos"

Uno de los principales problemas que tiene el rechazar la monogamia es que, de repente, careces de referentes. En la ficción que consumes (libros, películas, canciones) todas las relaciones son monógamas, los cuernos son recursos de trama y siempre se sufre mucho porque no se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco. Y qué decir si hablamos de personas reales. Los famosos de la tele son monógamos, los políticos son monógamos, tus parientes son monógamos, tus amigos son monógamos… ¡todo el mundo es monógamo!

Con la posible excepción del papa.

Esta falta de referentes hace que, para la gente no monógama, sea habitual reunirse para hablar de relaciones. Encuentros mensuales como las Policañas, convenciones anuales como la Opencon y convocatorias más pequeñas. Yo ahora mismo estoy en un grupo de lectura donde estamos comentando Opening Up, por ejemplo. Y fue en ese grupo de lectura, al tratar del capítulo dedicado a las razones por las cuales la gente escoge la no monogamia, donde una compañera expuso el argumento siguiente.

La idea de que una pareja es alguien que tiene que llenarte, que complementarte, que cubrir todas tus carencias, es en realidad una idea bastante nueva. Antes las decisiones de casarse eran mucho más pragmáticas: “tu familia tiene vacas, la mía tiene praos, vamos a casarnos”. Por supuesto cada caso sería un mundo, pero el enfoque era diferente al que tenemos ahora: las personas tenían más en cuenta la trascendencia social de sus actos. Casarse no era algo que afectara sólo a los cónyuges, sino también a sus estirpes. Estaba en juego el patrimonio familiar.

[Evidentemente hablo de casos donde había patrimonio que transmitir, y esta precisión se hizo también en el debate: las parejas pobres tenían aquí más libertad que las ricas.]

Por supuesto, entender la monogamia como una institución para recibir, acrecentar y transmitir los bienes de la familia no es precisamente algo novedoso. Pero lo que aquí interesaba eran los efectos psicológicos de esta forma de ver las cosas. Si el matrimonio es una especie de sociedad para conservar y aumentar el patrimonio familiar, para conseguir más vacas y más praos, el enfoque que se le da es distinto. No se supone que tu cónyuge tenga que complementarte en todos los aspectos de su vida, y de hecho lo normal es que no lo haga (1). Vale que un cierto acuerdo entre cónyuges, algún nivel de entendimiento y de amor, es deseable y debe buscarse. Pero no es imprescindible, y desde luego no tiene por qué estar ahí desde el principio: al fin y al cabo el roce hace el cariño, ¿no?

Pero pasa el tiempo y la perspectiva cambia. Llegamos a mediados del siglo XX, aparece con fuerza la clase media y el tema de la transmisión del patrimonio pasa a un segundo plano. La monogamia deja de tener el sentido que había tenido tradicionalmente y es necesario buscarle otro. ¿Cuál? Pues, en tiempos de individualismo, la justificación de la monogamia debe ser individualista: que tu pareja cubre tus necesidades, te complementa, te completa. Te satisface. Vuestra unión no tiene más sentido que satisfaceros y, si no lo hace, si no llena todas las facetas de tu vida… es que algo no va del todo bien, ¿verdad?

La persona que desarrollaba este argumento terminó diciendo que casi estaba más de acuerdo con la monogamia “de vacas y praos” que con la versión individualista. Estoy de acuerdo con ella, y por las mismas razones: la justificación actual del sistema monógamo es demasiado egoísta, exige demasiado trabajo emocional y facilita los vínculos de dependencia. Me parece preferible un arreglo pactado por los padres de los cónyuges que un mundo donde se le exija a cualquier persona complementar a otra, con todo lo que ello significa.

No me malinterpretéis, no quiero volver a los matrimonios concertados. El tiempo avanza y es bueno que lo haga. Me parece genial que se considere que las uniones románticas existen para dar felicidad a las personas implicadas y no para servir a los intereses económicos de las estirpes de ambas. Simplemente cuestiono que, en este entorno, siga teniendo sentido un sistema social nacido para asegurar la transmisión del patrimonio familiar.

¿Emparejarse es sólo un medio para procurarnos felicidad? Correcto, lo acepto y lo creo. Pero entonces, ¿por qué no emparejarnos con todas las personas que nos hagan felices? Creo que ésa es la pregunta fundamental, y salvo que el sistema social monógamo encuentre una respuesta convincente, le auguro un futuro negro. Y no voy a ser yo el que lo lamente.







(1) Pienso en las novelas de Galdós, por ejemplo, donde los hombres y las mujeres tienen siempre aficiones separadas y no hay entretenimientos mixtos. Pero no hace falta irse tan lejos: que tu padre se vaya al bar y tu madre a la peluquería, ambos a socializar y a estar con sus colegas, es una herencia de lo mismo.

6 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con la idea que pienso intentas transmitir: que una persona no es complemento de nadie. Como mucho podría llegar a modificar algunas costumbres, hábitos o hasta tics si se apura, pero intentar cambiar de la noche a la mañana porque sí violaría su propia esencia,y lo más probable es que se resista a ello con todas sus fuerzas: "yo he cedido en todo esto, he cambiado por ti, y tú no has hecho lo mismo por mí, o lo has hecho pero no lo suficiente".

    Por eso creo que se deberían ser sinceros desde el principio: como Sherlock Holmes y Watson en su primer contacto, que buscaban un piso para compartir gastos, decirse los propios defectos para ver si son compatibles antes siquiera de intentar nada en común. Si se supera esa etapa, bueno, ya se vería cómo encajarían ambos en el vivir diario. Limando asperezas, mejorando cosas que por sí mismo no se mejorarían... De nuevo el ejemplo anterior: Sherlock es un heroinómano, pero Watson poco a poco le va quitando ese vicio. Ahí ya se entra en el terreno resbaladizo de la templanza, de saber ceder y hasta qué punto, de saber empujar o dejarlo a su suerte...

    En lo que veo mucha más dificultad es en saber complementarse con más de una persona. El grado de intimidad que se pueda adquirir puede percibirse como una especie de amenaza por parte de la otra u otras personas...

    Además, has caído en un error concéptico: emparejarse es hacer pareja, es decir, es cosa de dos. Agruparse, o unirse ya es más correcto.

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    1. Jajajaja, no es mala idea lo de hacer una declaración de defectos antes de empezar a convivir xD

      Bueno, la cosa es que no buscas "complementarte" con más de una persona: buscas iniciar algo con otra/s persona/s, algo bonito, que te aporte y que te haga crecer. Creo que hay que partir de la idea de que encontrar a alguien que te "complemente", a tu "media naranja", no sólo es imposible sino que es indeseable. Ya somos personas completas.

      Y lo mismo con lo del error conceptual: si se trata de un grupo poliamoroso será agruparse, pero si se trata de una persona con varias parejas será emparejarse (varias veces).

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  2. Mi bisabuela provenía de una familia que poseía tierras y la casaron a los 12 años con un hombre que le doblaba la edad. Ver la monogamia como transmisión de patrimonio es aceptable y más realista, sí, pero vamos, que antes no era oro todo lo que relucía. xD

    Igual con la poligamia. Sigo algunos blogs en inglés de personas que la practican y por lo que leo, aparte de las dificultades y malentendidos que pueden surgir en cualquier pareja, hay otras que son inherentes a esta práctica. Detestar a la otra persona con la que está tu pareja, no informar a ninguna de las personas con las que estás de que puedes haber contraído una enfermedad de transmisión sexual, meterte en la poligamia sólo por complacer a tu pareja aunque eso no sea para ti... cosas así. No estoy en contra de la poligamia, ojo, creo que puede funcionar bien siempre que las personas sean maduras, responsables, se comprometan a cumplir lo que hayan acordado o sepan renegociar los límites de su relación si no funciona para ellas. El problema es que eso no siempre sucede.

    Al contrario de lo que decías en el último párrafo, no creo que la monogamia vaya a desaparecer, sino que va a pasar a ser una opción más, y la sociedad tendrá que adaptarse a medida que estos otros tipos de relaciones vayan saliendo a la luz, aunque de momento están más a oscuras que una noche sin luna.

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    1. Pues eso. La casaron a los 12 años con un hombre que le doblaba la edad por razones económicas y/o políticas, no por amor ni nada que se le parezca xD

      Bueno, la mayoría de cosas que dices que son inherentes a la no-monogamia no lo son realmente:

      - Detestar a la otra persona con la que está tu pareja puede pasarte también en la monogamia (cuernos y eso).
      - Lo de las ETS también puede pasar e incluso es peor, porque directamente no puedes confesarle a tu pareja lo de tu infección sin antes hablar de sus cuernos.
      - Y lo de meterte en el poliamor sólo por complacer a tu pareja, anda que no habré escuchado yo historias de gente poly que intentó adecuarse a la norma por presiones sociales. Normalmente la cosa sale regular.

      Entonces, invierto el comentario: no estoy en contra de la monogamia, creo que puede funcionar bien siempre que las personas sean maduras, responsables, se comprometan a cumplir lo que hayan acordado o sepan renegociar los límites de su relación si no funciona para ellas. El problema es que eso no siempre sucede.

      Y sobre lo último, yo sí que creo que la monogamia tiene que desaparecer. No es que se te vaya a obligar a liarte con cinco personas (sólo faltaría): es que cada vez va a verse más raro que tu pareja tenga el derecho de vetarte las relaciones románticas y sexuales con terceras personas. Igual que hoy no se admite que tu pareja te prohíba ir al cine con tu colega, en el futuro no se admitirá (creo, espero) que te prohíba irte a follar.

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  3. Yo creo que si la monogamia no puede plantearse como modelo único, aun mucho menos la Cadena Perpetua para los divorciados.
    Es increíble la naturalidad con que algunos admiten la Cadena Perpetua en el divorcio.

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    1. No sé a qué te refieres, pero ¿sabes qué? Creo que no quiero saberlo.

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